PREFACIO
Al estudiar las fiestas de Israel es inevitable tener un encuentro personal con Jesucristo, pues en la medida que nos adentramos en el entendimiento espiritual de cada una de ellas, de forma asombrosa, El Señor va apareciendo ante nosotros.
La Palabra de Dios consuela, conforta y nos fortalece para afrontar los tiempos de prueba, pero en el caso de las fiestas de Israel, el efecto sobrenatural va todavía más allá, pues la comprensión de sus significados espirituales se transforma en un sorprendente poder que nos ayuda a atravesar aun las horas más difíciles.
En esta obra explicaré los cumplimientos proféticos que conciernen al Señor Jesucristo —tanto los que ya ha efectuado como los que restan— (Hebreos 9: 1-28) y cuáles son los cumplimientos espirituales que tocan a la iglesia hacer en tanto Él regrese.
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Casi todas las citas bíblicas anotadas en este trabajo corresponden a la versión Reina Valera, 1960. Cuando la cita pertenezca a otra traducción, estarán al final de la misma las iniciales de la versión correspondiente. Las anotaciones entre corchetes que aparecen entre algunas citas bíblicas son mías, hechas con la intención de aclarar o resaltar algo en el texto.
INTRODUCCIÓN
La misión de Jesucristo es encontrar a las ovejas perdidas de la Casa de Israel:
“Sí, así ha dicho Dios el Señor: Yo mismo voy a ir en busca de mis ovejas, y yo mismo las cuidaré, tal y como las cuida el pastor cuando se halla entre sus ovejas esparcidas. yo las rescataré de todos los lugares por los que fueron esparcidas aquel día nublado y oscuro”. Ezequiel 34:11-12 RVC
“Buscaré a las ovejas perdidas, y devolveré al redil a las que perdieron el camino; les vendaré las patas a las ovejas lastimadas, y fortaleceré a las ovejas débiles. Seré justo con mis ovejas, pero eliminaré a las ovejas engordadas y rechonchas”. Ezequiel 34:16 RVC
“Pero Caifás no dijo esto por su propia cuenta, sino que, como era sumo sacerdote aquel año, dijo proféticamente que Jesús iba a morir por la nación judía; y no solamente por esta nación, sino también para reunir a todos los hijos de Dios que estaban dispersos”. Juan 11:51-52 DHH
“Entonces mis ovejas sabrán que yo, su Señor y Dios, estoy con ellas, y que ellas son mi pueblo, el pueblo de Israel. Palabra de Dios el Señor. Ustedes son mis ovejas. Son las ovejas de mis pastos; ustedes son hombres, y yo soy su Dios. Palabra de Dios el Señor”. Ezequiel 34:30-31 RVC
“Él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Mateo 15:24
Nuestros ancestros pertenecieron a Israel, pero debido a su infidelidad, fueron desterrados y esparcidos entre los reinos en los que —extraviados y sin identidad— nacimos nosotros (Deuteronomio 4: 26-28 / Deuteronomio 29:24-28).
Jesucristo nos ha redimido de entre todo linaje, lengua, pueblo y nación para devolvernos a donde pertenecemos, Israel (Ezequiel 20:41 / Hebreos 2:16 / Apocalipsis 5:9), el pueblo santo, elegido y apartado por Dios de entre todas las naciones para salvación (Deuteronomio 7:6 / Deuteronomio 14:2 / Isaías 45:17 / Juan 11:51-52).
Al arrepentirnos, convertirnos y seguir a Jesucristo, respondimos al llamado que Dios hizo en nuestros corazones para comenzar el camino de regreso al lugar de donde nuestros ancestros fueron desterrados (Deuteronomio 4:29-31 / Deuteronomio 30:1-4 / 1 Reyes 17:21-23 / Ezequiel 34:30-31).
Por tanto, es nuestro privilegio conocer no solo nuestro pasado, sino también lo que nos pertenece, nuestro legado, nuestro futuro.
Pero haber iniciado el camino de retorno al Padre (Jeremías 3:11-13 / Jeremías 31:20-21) de ninguna manera implica que se deba regresar a efectuar los ritos del Primer Pacto, porque ha sido establecido que el pueblo de Dios que regrese de la dispersión lo haga mediante el cumplimiento de un Nuevo Pacto:
“Vienen días en que haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. —Palabra del Señor”. Jeremías 31:31 RVC
“Pero nuestro Sumo Sacerdote ha recibido un ministerio mucho mejor, pues es mediador de un pacto mejor [el Nuevo Pacto], establecido sobre mejores promesas. Si el primer pacto hubiera sido perfecto, no habría sido necesario un segundo pacto”. Hebreos 8:6-7 RVC
“Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos, para perdón de los pecados”. Mateo 26:28
“El cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra [liturgia; ritos; religión], sino del espíritu [espiritualidad]; porque la letra [obligaciones de la religión] mata, mas el espíritu [entendimiento espiritual] vivifica”. 2 Corintios 3:6
Es así que la legendaria Casa de Israel —linaje que el mundo llama cristianismo (Hechos 11:26)— por voluntad expresa del Padre Celestial, una vez iniciado su proceso de restauración, deberá vivir bajo la Gracia o Nuevo Pacto, que es el cumplimiento espiritual de los ritos, mandamientos y preceptos del Primer Pacto:
“Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia. Estoy lleno, y he recibido de Epafrodito lo que ustedes me enviaron: sacrificio aceptable, de olor fragante y agradable a Dios”. Filipenses 4:18 RVC
“Todo lo cual tiene un alcance simbólico [significado espiritual] referido a nuestro tiempo. En efecto, las ofrendas y sacrificios presentados allí eran incapaces de perfeccionar interiormente [espiritualmente] a quien los presentaba”. Hebreos 9:9 BLPH (Biblia La Palabra Hispanoamérica)
En otras palabras, vivir bajo la Gracia, que, como he dicho, es el cumplimiento del Nuevo Pacto, significa que ya no se debe efectuar ritual alguno del Primero, sino solo llevar a cabo su debido cumplimiento espiritual:
“Se han apartado de Cristo si esperan justificarse guardando la ley [Primer Pacto]. ¡Han caído de la gracia de Dios [Nuevo Pacto]!” Gálatas 5:4 NBV
“Y ustedes también, como piedras vivas, sean edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales [Nuevo Pacto] que Dios acepte por medio de Jesucristo”. 1 Pedro 2:5 RVC
“Por eso Cristo es mediador de un nuevo pacto, para que los llamados reciban la herencia eterna prometida, ahora que él ha muerto para liberarlos de los pecados cometidos bajo el primer pacto”. Hebreos 9:15 NVI
Propósito de los ritos y su cumplimiento espiritual
Al igual que el cuerpo físico, que protege y aloja al ser interior, los ritos fungen como una cápsula cuyo propósito es proteger un determinado significado interior o espiritual.
Por tanto, el sentido de todo rito, precepto o mandato de la ley de Moisés (Primer Pacto) siempre ha sido el preservar el significado espiritual del Mensaje de Dios a su pueblo.
Pongamos por analogía un huevo o un maní; tal como en esos casos, en los que el cascarón contiene y protege al nutriente, de la misma forma el rito preserva un significado interior, esencial o espiritual que, curiosamente, también es alimento que nutre al ser interno de quien lo consume, alimento espiritual.
El pueblo de Dios que vive bajo la Gracia, figuradamente debe abrir el cascarón de los ritos y conocer el significado interior, alimentándose con ese nutriente esencial o espiritual que fortalece sobrenaturalmente.
Así, caminando hacia la espiritualidad, se alejará de la religiosidad (Isaías 1:11 / Isaías 1:13-14 / Isaías 1:16-19 / Miqueas 6:6-8 / Juan 4:23-24 / Juan 8:32).
Es en tal sentido que ha sido preparada esta obra, por medio de la cual explicaré en qué consisten tanto los cumplimientos proféticos como los espirituales de cada fiesta. Aclarando que es nuestro Señor Jesucristo quien da cumplimiento profético a las fiestas; pero en tanto que Él regresa, será su iglesia quien se encargará de efectuar los respectivos cumplimientos espirituales.
Dicho lo anterior, antes de entrar ya en materia, es necesario que también hablemos un poco acerca del contexto en el que se desarrollaban los festivales.
El ciclo agrícola en el Israel de la Biblia
El ciclo agrícola en el antiguo Israel estaba comprendido por dos estaciones: la lluviosa y la seca.
La estación lluviosa iba de noviembre a febrero y estaba dividida en lluvias tempranas, torrenciales y tardías; era tiempo de recogimiento (más que nada durante las lluvias torrenciales, pues durante las tempranas se aprovechaba para revolver la tierra humedecida y sembrar; Proverbios 20:4).
Por su parte, durante la estación seca ocurría toda la vida y la actividad cotidiana, y por supuesto, las siete fiestas. A su vez, la estación seca estaba dividida en dos temporadas: la siega y la cosecha.
Durante la siega se cortaban los cereales como la cebada, el trigo, el centeno y la avena. En la cosecha, de los árboles y arbustos, se recogían frutos como aceitunas, uvas, manzanas, granados, dátiles e higos, entre otros. En el medio de ambas temporadas ocurría un verano breve pero muy caluroso.
La siega ocurría entre nuestros meses de marzo y junio. En los meses de julio o agosto sucedía el verano; y por último, llegaba el turno de la cosecha, por lo general alrededor de septiembre y octubre.

Las tres peregrinaciones a Jerusalén, entre las que transcurrían las fiestas, sucedían en la estación seca. Las cuatro primeras fiestas se efectuaban en la siega y las tres restantes en la cosecha.
Las tres peregrinaciones
De tal forma que tres ocasiones en el año, desde todos los puntos del país, los israelitas emprendían el viaje que los reunía en Jerusalén, lugar donde las tribus celebraban las fiestas del Señor:
“Tres veces en el año me celebraréis fiesta”. Éxodo 23:14
“Yo me alegro cuando me dicen: Vamos a la casa del Señor. ¡Jerusalén, ya nuestros pies se han plantado ante tus portones! ¡Jerusalén, ciudad edificada para que en ella todos se congreguen! A ella suben las tribus, las tribus del Señor, para alabar su nombre conforme a la ordenanza que recibió Israel”. Salmo 122:1- 4 NVI
Durante la primera peregrinación, se efectuaban Pascua, Panes sin levadura y Primicias; en la segunda, Pentecostés; y finalmente, en el transcurso de la tercera, ocurrían Trompetas, Día del perdón y Tabernáculos.
La Escritura compara a esos auténticos torrentes de gente con el aceite especial de la santa unción que se derramaba sobre el sacerdote; y también con el rocío que desciende sobre el monte Hermón, y se transforma en agua viva que bendice con su afluente limpio a los montes en torno a Sion:
“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras; como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; Porque allí envía El Señor bendición, y vida eterna”. Salmo 133 :1-3
Esas largas caravanas a la ciudad santa (Lucas 2:41-44), simbolizan nuestra propia marcha de regreso al Padre (Jeremías 3:12), cuyo santuario eterno está en el cielo (Apocalipsis 11:19):
“Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero”. Apocalipsis 7:9-10
Estructura de los libros del Nuevo Pacto acorde a las fiestas
Es por todo lo anterior que las fiestas de Israel todavía están presentes, se tenga conciencia de ello o no, en la vida espiritual del pueblo de Dios, y así será hasta el fin de los tiempos, cuando culmine nuestra peregrinación por este mundo.
Los libros del Nuevo Pacto (o Nuevo Testamento, como se les conoce de forma común) están ordenados siguiendo la estructura de las dos temporadas del ciclo agrícola en el Israel bíblico, las tres peregrinaciones a Jerusalén, y por supuesto, las siete fiestas.

Los evangelios corresponderían a las tres primeras fiestas, en las que la cebada —que, como más adelante explicaré, simboliza al Señor Jesucristo— es el cultivo con el que inicia la temporada.
Hechos y las cartas de los apóstoles a Pentecostés, pues el trigo, como también explicaré, simboliza a la iglesia, ya que con este finaliza la siega.
Apocalipsis representaría a las tres últimas fiestas, pues en esa profecía destacan elementos de las Fiestas de Trompetas, Día del Perdón y Tabernáculos que, como he dicho, transcurrían en la temporada de cosecha.
El libro de Apocalipsis trata precisamente —hablando en forma profética— sobre el fin de la siega y el inicio, desarrollo y culminación de la cosecha.
Un ejemplo de lo anterior dicho, lo veremos en los siguientes pasajes, en los que, primeramente, usando la figura de la recolección del trigo (correspondiente a la temporada de la siega), se describe el recogimiento del pueblo de Dios. Después, empleando la figura del pisado de las uvas (correspondiente a la temporada de la cosecha), se ilustra el momento en el que, al regreso del Señor Jesucristo, su ejército pasará por encima de los de la bestia.
Profecía concerniente al fin de la temporada de siega, o recogimiento del pueblo de Dios:
“Miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del Hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz aguda. Y del templo salió otro ángel, clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar ha llegado, pues la mies [espigas de trigo] de la tierra está madura. Y el que estaba sentado sobre la nube metió su hoz en la tierra, y la tierra fue segada”. Apocalipsis 14: 14-16
Profecía concerniente al fin de la temporada de cosecha, o victoria sobre los ejércitos del anticristo:
“Salió otro ángel del templo que está en el cielo, teniendo también una hoz aguda. Y salió del altar otro ángel, que tenía poder sobre el fuego, y llamó a gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra, porque sus uvas están maduras. Y el ángel arrojó su hoz en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó las uvas [los ejércitos que se oponen a Jesucristo] en el gran lagar [el campo de batalla] de la ira de Dios. Y fue pisado el lagar fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre [en alusión al mosto de las uvas pisoteadas] hasta los frenos de los caballos, por mil seiscientos estadios. Apocalipsis 14:17-20
Con todo lo mencionado se podrá apreciar la importancia y premura de entender y enseñar el significado de las fiestas, pues sus cumplimientos estarán presentes hasta el fin de los días. Comencemos, pues.
Estos son los cumplimientos proféticos y espirituales de las fiestas de Israel.
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