Acerca de mí

Samuel Barruecos - La Casa de Israel

Samuel Barruecos

No hay mucho qué decir acerca de mí: soy un simple y feliz padre de familia.

No tengo religión, pero sirvo y temo al Poderoso de Israel y espero con ansia el regreso del Señor Jesucristo. Muy joven recibí el llamado del Padre celestial para servirle. En estos últimos años me he dedicado a impartir mis enseñanzas en pequeños grupos en casa y más recientemente, a través de internet, me he ocupado en difundir los hallazgos a los que se me ha permitido acceder en la Palabra de Dios.

Propósito

Mi propósito en esta vida es ayudar a nuestro Señor en la búsqueda y restauración de sus ovejas perdidas pertenecientes a la legendaria Casa de Israel, a la cual, dado que en estos asuntos las casualidades no existen, si has llegado hasta aquí —ya sea que guíes al pueblo o seas oveja— muy probablemente tú también perteneces.

Las ovejas perdidas entre las naciones se restauran a través del poder del Espíritu y el conocimiento de la Palabra. Como quien es encontrado vagando y es necesario hacer que recupere la memoria, así exactamente se encuentra la nación santa llamada Casa de Israel, un pueblo que durante miles de años ha vagado por el mundo sin memoria y en el olvido.

Conocimiento: el Alimento Espiritual

Mediante el conocimiento que imparto pretendo ayudar a otros en su restauración llevándoles alimento espiritual sano que permita un fuerte y rápido crecimiento interior.

La actualización del mensaje bíblico que suministro ayuda a que las personas conozcan acerca de lo que siempre han sido pero les habían hecho olvidar: QUE SIEMPRE HAN FORMADO PARTE DEL PUEBLO ELEGIDO DE DIOS.

Asimismo intento generar material para que aquellos a quienes El Señor les ha confiado la responsabilidad de cuidar y alimentar a sus ovejas tomen de aquí para llevar alimento espiritual de la mayor calidad posible a sus propias comunidades.

Acerca de lo que enseño

Mis enseñanzas no tienen la intención de estimular la religiosidad, sino todo lo contrario.

La religiosidad está diametralmente opuesta a la espiritualidad porque mientras que la persona religiosa se limita a guardar los ritos sin preguntarse siquiera lo que significarán, la que es espiritual va más allá e indaga en el significado de tales ritos para extraerlo y darle el debido cumplimiento espiritual. En eso precisamente consiste la búsqueda de la espiritualidad que me dedico a enseñar a través de la Palabra.

La persona religiosa verá en las Escrituras una serie de ritos que deberán cumplirse a rajatabla y sin preguntar, en cambio los adoradores quienes están en busca de la espiritualidad encontrarán en esos ritos un significado que es necesario desentrañar para cumplir.

A lo largo de mis publicaciones imparto una formación espiritual —siempre propositiva y nunca impositiva— mediante el entendimiento de las Escrituras.

Así, mi cometido es enseñar a extraer de la Biblia todo el debido cumplimiento espiritual que hay en ella.

Confesión de fe

Como una atención para los visitantes de este lugar —quienes seguramente se preguntarán acerca de las creencias que hay detrás de mi trabajo—, aquí dejo anotado, a grandes rasgos, en lo que creo:

Creo que El Señor nuestro Dios, El Señor UNO Es (Deuteronomio 6:4 / Juan 10:30).

Creo que Jesucristo es la Palabra de Dios (Génesis 1:1 / Juan 1:1) y El Espíritu Santo (Gálatas 4:6 / Filipenses 1:19 / 1 Pedro 1:11 / Juan 14:18 / Juan 14:20 / Juan 14:23).

Creo que la iglesia es la Casa de la Palabra (1 Pedro 2:5 / Efesios 2:20-22 / 1 Corintios 6:19 / 1 Corintios 3:16).

Creo que los cristianos son las diez tribus perdidas de la Casa de Israel (Ezequiel 11:16-17) y que Jesucristo es el enviado prometido que había de rescatarlas recogiéndolas de entre las naciones (Ezequiel 34:22-24 / Lucas 19:10 / Juan10:16).

Creo que la Casa de Israel debe obedecer el Nuevo Pacto no de la misma manera que la Casa de Judá (literal-espiritual), sino que por voluntad del Padre (Efesios 2:13-15) la Casa de Israel solo debe cumplirlo en su forma espiritual (Jeremías 31:31-33) y que este cumplimiento es lo que conocemos como la Gracia (Romanos 6:14).

Creo con todas mis fuerzas que algún día El Señor cumplirá su Promesa y levantará a sus hijos de entre los muertos para convertirlos por fin en un solo, indivisible y poderoso pueblo. Un Dios, un Rey, un pueblo. Así sea.

«Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste». Juan 17:21