
En este capítulo entenderás lo que representa el aceite de oliva en la Biblia.
Al igual que a la vid y al trigo (Génesis 9:20 / Génesis 27:27-29), al olivo también podemos encontrarlo al principio de la Biblia acompañando a las primeras civilizaciones (Génesis 8:11).
El árbol de olivo tenía un lugar destacado en épocas bíblicas porque con el aceite de su fruto, la oliva, se honraba al Dios Altísimo y se ungía tanto a reyes como a sacerdotes (Jueces 9:8-9). Es por ello que el pueblo de Israel, que sirve y honra al Todopoderoso, es comparado con tal árbol (Jeremías 11:16-17).
El árbol de olivo, y también su fruto, la oliva o aceituna de la que se extrae el aceite, se mencionan en la Biblia como una de las siete especies con las que Dios bendijo al pueblo de Israel:
“Tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel”. Deuteronomio 8:8
Las olivas o aceitunas, pertenecen a la temporada de cosecha. Maduraban al final del ciclo agrícola, antes de la estación lluviosa. Era al terminar el verano que su color se tornaba de verde a negro (hoy día hay diferentes variedades dependiendo de si son cultivadas para hacer con ellas aceite o para ser comidas directamente). El aceite de oliva era uno de los productos protagonistas de la Fiesta de Tabernáculos (otro era el vino).
En tiempos bíblicos el aceite de oliva era un producto de lo más apreciado porque en aquellos entonces eran muy variados los usos que se le daba. Los principales eran:
- Combustible para las lámparas
- Medicamento
- Jabón de aseo personal
- Elemento ceremonial
- Ingrediente en la elaboración de alimentos
Debido a tal nobleza, en el antiguo Israel se consideró al aceite de oliva como el símbolo por excelencia del Espíritu Santo. Para comprender por qué se le atribuyó tan elevado significado espiritual, a continuación profundizaré en la descripción de cada uno de tales usos.
El aceite de oliva como combustible

En todas las casas, desde la morada más humilde hasta el palacio, el aceite se empleaba como combustible de las lámparas que alumbraban la noche; y el Templo, la Casa del Dios de Israel (2 Crónicas 2:4-5), no era la excepción. Ahí las siete lámparas del candelabro debían arder con aceite de oliva de la mayor pureza:
“Manda a los hijos de Israel que te traigan para el alumbrado aceite puro de olivas machacadas, para hacer arder las lámparas continuamente”. Levítico 24:2
Significado espiritual de este uso: la Luz del Espíritu Santo
Los evangelios narran un suceso que está relacionado con el aceite de oliva y su modo de extracción. Esto fue horas antes de la crucifixión del Señor Jesucristo y sucedió en algún lugar del Monte de los Olivos (Mateo 26:30 / Lucas 22:39) llamado Getsemaní:
“Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro”. Marcos 14:32
La palabra hebrea getsemaní (Strong H-1068), que significa prensa o molino de aceite, se compone de los términos get (Strong H-1660), que se traduce como exprimir, prensar, moler, machacar; y shemen (Strong H-8081), que generalmente la encontramos traducida como aceite o ungüento.
Se dio tal nombre a ese lugar debido, seguramente, a que en esa época había una presencia importante de molinos por medio de los cuales se obtenía el aceite.

En aquellos días, las olivas o aceitunas eran exprimidas en un depósito circular hecho de piedra, machacándolas con una enorme rueda, también de piedra. De esa forma se les extraía el aceite, el cual salía por una abertura hacia un recipiente en el suelo.
No es casual que la escena a continuación haya ocurrido precisamente en el lugar donde se prensaban las aceitunas. De forma sutil (dando por sentada nuestra sensibilidad espiritual), los evangelios nos inducen a notar la afinidad que hay entre el aceite, que es la esencia de las olivas, y nuestro fluido esencial, la sangre. La sangre que salió de la frente del Señor Jesucristo, (y posteriormente la que derramó en la cruz), está simbolizada por el aceite que se obtiene de las olivas molidas:
“Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra”. Lucas 22:44
Es así como la Escritura quiere darnos a entender que tal como las aceitunas u olivas se prensaban con el molino de piedra para exprimir de estas el aceite, los pecados del mundo oprimían de tal forma al Señor, que hasta su sangre, es decir, su esencia, salía de Él:
“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”. Isaías 53:5

Jesucristo es la luz del mundo, y tal como el candelabro del templo se alimentaba con aceite puro, así también el Espíritu Santo, la Sangre preciosa del Señor (Juan 6:54-55 / Gálatas 4:6 / 1 Pedro 1:11), es la esencia que hace de su iglesia esa misma luz del mundo. Ambos, iglesia y Señor, son el candelabro que alumbra a la humanidad:
“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Juan 8:12
“Ustedes [también] son la luz del mundo, como una ciudad en lo alto de una colina que no puede esconderse. Nadie enciende una lámpara y luego la pone debajo de una canasta. En cambio, la coloca en un lugar alto donde ilumina a todos los que están en la casa”. Mateo 5:14-15 NTV

El candelabro de siete brazos del templo en Jerusalén representa a toda la iglesia de Jesucristo. Cada uno de sus siete candeleros, es decir, los recipientes donde se vertía el aceite, representa a una parte de esa iglesia:

“El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros [el soporte de cada una de las lámparas] de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto [describiendo los siete brazos del candelabro], son las siete iglesias”. Apocalipsis 1:20

El libro de Hechos nos muestra que el candelabro celestial de siete brazos, la iglesia de Jesucristo, fue encendido en Pentecostés mediante el aceite del Espíritu Santo (la Sangre derramada del Señor), por ello nos refiere que sobre cada uno de sus miembros se asentaron lenguas como de fuego:
“Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos”. Hechos 2:3
Por ello también, Pablo se refiere al Espíritu Santo como una llama que debe mantenerse siempre encendida:
“No apaguéis al Espíritu”. 1 Tesalonicenses 5:19
En el mismo sentido, El Señor Jesucristo comparó a su iglesia con jóvenes vírgenes de las cuales, cinco de ellas, que eran insensatas, portaban sus lámparas, pero no aceite para hacerlas alumbrar (Mateo 25: 1-13). Ello porque aunque la Palabra de Dios es la lámpara que alumbrará durante todo nuestro camino por este mundo (Salmo 119:105), sin el Espíritu Santo será imposible entenderla correctamente. La enseñanza de las diez vírgenes nos muestra que pretender entender la Escritura sin el Espíritu Santo es igual de inútil e insensato que llevar en la noche una lámpara sin aceite.
El aceite de oliva como medicamento

Debido a su utilidad en el alivio de las inflamaciones (Isaías 1:6), los antiguos también usaban el aceite de oliva como ingrediente medicinal. Aplicado en hinchazones, dolores musculares o heridas era un elemento infaltable en los bálsamos de la época:
“Y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él”. Lucas 10:34
“¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor”. Santiago 5:14
Significado espiritual de este uso: la sanidad del Espíritu Santo
El Espíritu Santo no solamente nos guía en el entendimiento de la Palabra de Dios, sino que también es un bálsamo sobrenatural el cual, al tiempo que nos consuela (por su efecto analgésico), también trae sanidad a nuestro ser interior:
“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”. Juan 14:26
“Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón; Porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo”. Proverbios 4:20-22
“Y la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol siete veces mayor, como la luz de siete días, el día que vendare El Señor la herida de su pueblo, y curare la llaga que él causó”. Isaías 30:26
El bálsamo del Espíritu Santo, la Presencia Eterna del Señor Jesucristo, nos da vida eterna, salvándonos de la enfermedad mortal del pecado:
“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”. Juan 6:54
“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” 1 Corintios 15:55
“He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad”. Jeremías 33:6
El aceite de oliva como jabón de aseo personal

Tal como hoy día la grasa del jabón actúa como lubricante que hace resbalar de nosotros la impureza, en tiempos bíblicos, era la grasa del aceite la que mayormente se empleaba en la limpieza corporal (Deuteronomio 28:40).
Al ducharnos, nos enjabonamos y tallamos para enseguida retirar la suciedad con el agua. Pero en la antigüedad, puesto que no se había inventado el agua entubada se desconocía el concepto del baño bajo la regadera.
Se sabe que otras culturas mediterráneas, como los griegos, los etruscos y posteriormente los romanos, para asearse (cuando no había un río o laguna cerca) se embadurnaban aceite en el cuerpo y la impureza se retiraba raspando suavemente la piel con un instrumento de metal llamado estrígil [*] (una especie de navaja, pero sin filo). El evangelio de Juan dice que María, al ungir con una esencia de nardo los pies de Jesús, no se sirvió de algún instrumento parecido para secar el aceite, sino su propia cabellera:
“Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume”. Juan 12:3

(Las imágenes de los jarrones corresponden a la cultura griega de unos cinco siglos antes de Cristo.)
[*] El estrígil fue inventado por los etruscos probablemente alrededor del siglo VI a. C. Adoptado por los griegos y posteriormente por los romanos, durante mil años fue el utensilio imprescindible para la higiene del cuerpo. Lo usaban tanto hombres como mujeres de todas las clases sociales, desde emperadores hasta esclavos.
Excavaciones arqueológicas en Israel, particularmente en la Magdala bíblica, han descubierto este tipo de objetos, pertenecientes a la época de la ocupación romana (Studium Biblicum Franciscanum: Terra Sancta Museum). A partir del siglo IV a. C. la cultura helénica, impulsada por las conquistas de Alejandro Magno, se expandió incluso más allá del Mediterráneo. Los juegos y los deportes gimnásticos de los griegos se fueron introduciendo en todo Medio Oriente. En Jerusalén incluso se construyó un gimnasio y posteriormente, ya bajo influencia romana, un teatro. Fueron los atletas griegos y posteriormente los gladiadores romanos, quienes principalmente expandieron el uso del estrígil.
Con la caída de Roma y la llegada de la Edad Media, los hábitos de higiene y el cuidado personal cambiaron radicalmente, volviendo obsoleto tal instrumento.
Al igual que en la actualidad tanto al jabón como al champú se le añaden todo tipo de perfumes y fórmulas para la higiene, en aquellos tiempos también al aceite se le agregaban gran cantidad de recetas embellecedoras. Incorporando las diferentes esencias de la época al aceite de oliva se obtenía un ungüento perfumado con el que se aseaba tanto la cabeza como el resto del cuerpo:
“Y el vino que alegra el corazón del hombre, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida del hombre”. Salmo 104:15
“Pero estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza”. Marcos 14:3
“Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle”. Marcos 16:1
En tiempos bíblicos, comer delicias y ungirse con aceite perfumado se consideraba la mayor alegría. Cuando se ayunaba, para expresar tristeza o consternación, la gente se abstenía de hacer tales cosas:
“No comí manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino, ni me ungí con ungüento, hasta que se cumplieron las tres semanas”. Daniel 10:3
“Beben vino en tazones, y se ungen con los ungüentos más preciosos; y no se afligen [ayunan] por el quebrantamiento de José”. Amós 6:6
Significado espiritual de este uso: la limpieza del Espíritu Santo
Tal como en tiempos bíblicos, en los que la gente se alegraba al limpiarse con aceites u óleos aromáticos, el Espíritu Santo nos inunda de felicidad al limpiarnos interiormente de toda culpa. Así como bañarnos y sentirnos aseados nos da alegría, e incluso cantamos mientras estamos en la regadera, ser limpiados del pecado también nos llena de gozo:
“Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros”. Salmo 45:7
“Venid luego, dice El Señor, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”. Isaías 1:18
En forma similar a la palabra aceite, que se deriva de aceituna, el término óleo proviene de la palabra oliva. Así que cuando la Biblia menciona la palabra óleo no está hablando de otra cosa sino del aceite de oliva con el que se unge. El óleo de gozo alude al aceite perfumado que se untaba en el cuerpo causando alegría y quitando la tristeza, por tanto, es símbolo del gozo que nos trae la llenura del Espíritu:
“A ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío del Señor, para gloria suya”. Isaías 61:3
El aceite de oliva como elemento ceremonial

En tiempos bíblicos, el aceite puro de oliva tenía un importante uso ceremonial. Mediante su aplicación, el objeto o persona quedaba santificada (consagrada, apartada) para el servicio al Señor. Tanto reyes como sacerdotes y objetos del culto eran ungidos (limpiados para un uso no mundano) con el llamado aceite de la santa unción:
“Y harás de ello el aceite de la santa unción; superior ungüento, según el arte del perfumador, será el aceite de la unción santa”. Éxodo 30:25
“Y tomarás las vestiduras, y vestirás a Aarón la túnica, el manto del efod, el efod y el pectoral, y le ceñirás con el cinto del efod; y pondrás la mitra sobre su cabeza, y sobre la mitra pondrás la diadema santa. Luego tomarás el aceite de la unción, y lo derramarás sobre su cabeza, y le ungirás.”. Éxodo 29:5-7
Santificar significa apartar o escoger (kadosh, Strong H-6918). Ungir con aceite en un acto ceremonial significaba que la persona u objeto era apartada o escogida para el servicio exclusivo del Señor.
El aceite de la santa unción era preparado de forma especial y se le agregaban especias aromáticas de la mejor calidad (Éxodo 30:22-31). Estaba prohibido emplear ese aceite para un uso que no fuera el sacramental (Éxodo 30:32-33).
Ungir significa aplicar aceite u otra materia grasa, generalmente untándola. Por extensión, también se entiende como lavar, limpiar o consagrar para un propósito Divino. David fue ungido con aceite por el profeta Samuel para consagrarle como rey de Israel:
“Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu del Señor vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá”. 1 Samuel 16:13
El atributo de Cristo, que pertenece a nuestro Señor Jesús, proviene de la palabra griega jristós (Strong G-5547) la cual significa ungido, es decir, untado, consagrado, apartado o santificado. A su vez se deriva del hebreo mashíakj (Strong H-4899) o mesías (Daniel 9:24), término con el que se denominaba tanto al rey como al sumo sacerdote en turno.
Nuestro Rey y Sumo sacerdote perpetuo, Jesús El Cristo (Lucas 1:33 / Hebreos 4:14), es el Ungido entre los ungidos, el Santo entre los santos. El título Cristo o Mesías también se puede traducir como El Limpiado, El Elegido, El Santificado, El Consagrado, El Apartado para toda buena obra, etc. Al traducirse se escribe con mayúscula para distinguirle de entre los demás ungidos:
“Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido [Cristo, Mesías; Elegido] del Señor”. Lucas 2:26
En ese mismo sentido, se requería que se derramara aceite sobre la ofrenda de panes sin levadura que se llevaba al Templo:
“Si ofrecieres ofrenda de sartén, será de flor de harina sin levadura, amasada con aceite, la cual partirás en piezas, y echarás sobre ella aceite; es ofrenda”. Levítico 2:5-6
Significado espiritual de este uso: la Santificación del Espíritu
El aceite que se vertía sobre la ofrenda de panes sin levadura era el símbolo de la santificación del Espíritu Santo. Por su parte, los panes sin levadura representan a la Palabra de Dios (Juan 6:33), pero, por extensión, también a los seguidores de Jesucristo que, al igual que Él, ofrendan sus vidas al Señor:
“En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre”. Hebreos 10:10
“Para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo”. Romanos 15:16
“No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra Pascua que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad”. 1 Corintios 5:6-8
Nuestro Señor Jesucristo, fue ungido, no con aceite sacramental, sino con el Espíritu del Dios Altísimo:
“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos”. Lucas 4:18
Se consagraba al sacerdote derramando sobre su cabeza aceite, el cual descendía hasta el borde de sus vestiduras:
“Luego tomarás el aceite de la unción, y lo derramarás sobre su cabeza, y le ungirás”. Éxodo 29:7
“Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras”. Salmos 133:2
De la misma forma, también el Espíritu Santo primeramente descendió sobre la cabeza de la iglesia, el Rey y Sumo sacerdote que es Jesucristo (Mateo 3:16) y luego lo hizo sobre su cuerpo que es la iglesia (Hechos 2:4). Así, el aceite es símbolo del Espíritu de Dios que limpia interiormente; aparta del mundo, consagra y santifica también a todos los seguidores de Jesucristo, pues son su cuerpo:
“La unción que ustedes recibieron de él permanece en ustedes, y no tienen necesidad de que nadie les enseñe. Así como la unción misma les enseña todas las cosas [el Espíritu Santo], y es verdadera y no falsa [porque no es de este mundo], permanezcan en él, tal y como él les ha enseñado”. 1 Juan 2:27
“Y por ellos yo me santifico [limpio] a mí mismo, para que también ellos sean santificados [limpiados, ungidos] en la verdad”. Juan 17:19
“A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados [apartados, elegidos, consagrados] en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro”. 1 Corintios 1:2
“Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados [apartados], ya habéis sido justificados [purificados de todo pecado] en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”. 1 Corintios 6:11
“Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad”. 2 Tesalonicenses 2:13
“Elegidos [santificados] según la presciencia de Dios Padre en santificación [unción] del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo [su Espíritu]: Gracia y paz os sean multiplicadas”. 1 Pedro 1:2
“Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador”. Efesios 5:23
“¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados [santificados] de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?” Éxodo 33:16
El aceite de oliva como alimento

Tal como acabo de mencionar, el aceite de oliva también era usado para amasar la harina con la que se hacía el pan:
“Cuando ofrecieres ofrenda cocida en horno, será de tortas de flor de harina sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con aceite”. Levítico 2:4
“Y ella respondió: Vive El Señor tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir”. 1 Reyes 17:12
“Responderá El Señor, y dirá a su pueblo: He aquí yo os envío pan, mosto y aceite, y seréis saciados de ellos; y nunca más os pondré en oprobio entre las naciones”. Joel 2:19
“Si alguno llevare carne santificada en la falda de su ropa, y con el vuelo de ella tocare pan, o vianda, o vino, o aceite, o cualquier otra comida, ¿será santificada? Y respondieron los sacerdotes y dijeron: No”. Hageo 2:12
También se usaba como ingrediente principal de un aderezo en el que se remojaba ese mismo pan:
“Jesús le respondió: Voy a mojar pan en el plato. Después lo daré al que me va a traicionar. Lo tomó y se lo entregó a Judas Iscariote, el hijo de Simón”. Juan 13:26 PDT
“Y Booz le dijo a la hora de comer: Ven aquí, y come del pan, y moja tu bocado en el vinagre. Y ella se sentó junto a los segadores, y él le dio del potaje, y comió hasta que se sació, y le sobró”. Ruth 2:14
Significado espiritual de este uso: el alimento espiritual
La Palabra de Dios es el pan de vida que nos nutre, fortalece y produce vida eterna. Por su parte, el Espíritu Santo, que nos hace entender la Escritura, está simbolizado por el aceite con el que se amasaba el pan. Todo ese simbolismo constituye un asombroso Mensaje para quien lo quiera entender… Jesucristo es la Palabra de Dios:
“En el principio ya existía la Palabra; y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios”. Juan 1:1 DHH
Él es esa Palabra que sale de la boca de Dios y nos da vida:
“Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Mateo 4:4
“Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre”. Juan 16:28
Por eso, Él es nuestro pan de vida, la Palabra de Dios:
“Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”. Juan 6:35
“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo”. Mateo 26:26
Pero Jesucristo no solo es el pan, sino también el aceite, El Espíritu Santo:
“Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” Gálatas 4:6
“El que come mi carne [refiriéndose a su Palabra] y bebe mi sangre [refiriéndose a su esencia; su interior; su Espíritu], tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”. Juan 6:54
Lectura relacionada:
Enlaces externos:
Este contenido es parte de la serie:
Los alimentos en la Biblia y su significado espiritual
Lecturas recomendadas:





