El aceite de oliva en la Biblia y su significado espiritual

En este capítulo entenderás lo que representa el aceite de oliva en la Biblia.

Al igual que a la vid y al trigo (Génesis 9:20 / Génesis 27:27-29), al olivo también podemos encontrarlo al principio de la Biblia acompañando a las primeras civilizaciones (Génesis 8:11).

El árbol de olivo tenía un lugar destacado en épocas bíblicas porque con el aceite de su fruto, la oliva, se honraba al Dios Altísimo y se ungía tanto a reyes como a sacerdotes (Jueces 9:8-9). Es por ello que el pueblo de Israel, que sirve y honra al Todopoderoso, es comparado con tal árbol (Jeremías 11:16-17).

El árbol de olivo, y también su fruto, la oliva o aceituna de la que se extrae el aceite, se mencionan en la Biblia como una de las siete especies con las que Dios bendijo al pueblo de Israel:

Las olivas o aceitunas, pertenecen a la temporada de cosecha. Maduraban al final del ciclo agrícola, antes de la estación lluviosa. Era al terminar el verano que su color se tornaba de verde a negro (hoy día hay diferentes variedades dependiendo de si son cultivadas para hacer con ellas aceite o para ser comidas directamente). El aceite de oliva era uno de los productos protagonistas de la Fiesta de Tabernáculos (otro era el vino).

En tiempos bíblicos el aceite de oliva era un producto de lo más apreciado porque en aquellos entonces eran muy variados los usos que se le daba. Los principales eran:

  • Combustible para las lámparas
  • Medicamento
  • Jabón de aseo personal
  • Elemento ceremonial
  • Ingrediente en la elaboración de alimentos

Debido a tal nobleza, en el antiguo Israel se consideró al aceite de oliva como el símbolo por excelencia del Espíritu Santo. Para comprender por qué se le atribuyó tan elevado significado espiritual, a continuación profundizaré en la descripción de cada uno de tales usos.

El aceite de oliva como combustible

En todas las casas, desde la morada más humilde hasta el palacio, el aceite se empleaba como combustible de las lámparas que alumbraban la noche; y el Templo, la Casa del Dios de Israel (2 Crónicas 2:4-5), no era la excepción. Ahí las siete lámparas del candelabro debían arder con aceite de oliva de la mayor pureza:

Significado espiritual de este uso: la Luz del Espíritu Santo

Los evangelios narran un suceso que está relacionado con el aceite de oliva y su modo de extracción. Esto fue horas antes de la crucifixión del Señor Jesucristo y sucedió en algún lugar del Monte de los Olivos (Mateo 26:30 / Lucas 22:39) llamado Getsemaní:

La palabra hebrea getsemaní (Strong H-1068), que significa prensa o molino de aceite, se compone de los términos get (Strong H-1660), que se traduce como exprimir, prensar, moler, machacar; y shemen (Strong H-8081), que generalmente la encontramos traducida como aceite o ungüento.

Se dio tal nombre a ese lugar debido, seguramente, a que en esa época había una presencia importante de molinos por medio de los cuales se obtenía el aceite.

En aquellos días, las olivas o aceitunas eran exprimidas en un depósito circular hecho de piedra, machacándolas con una enorme rueda, también de piedra. De esa forma se les extraía el aceite, el cual salía por una abertura hacia un recipiente en el suelo.

No es casual que la escena a continuación haya ocurrido precisamente en el lugar donde se prensaban las aceitunas. De forma sutil (dando por sentada nuestra sensibilidad espiritual), los evangelios nos inducen a notar la afinidad que hay entre el aceite, que es la esencia de las olivas, y nuestro fluido esencial, la sangre. La sangre que salió de la frente del Señor Jesucristo, (y posteriormente la que derramó en la cruz), está simbolizada por el aceite que se obtiene de las olivas molidas:

Es así como la Escritura quiere darnos a entender que tal como las aceitunas u olivas se prensaban con el molino de piedra para exprimir de estas el aceite, los pecados del mundo oprimían de tal forma al Señor, que hasta su sangre, es decir, su esencia, salía de Él:

Jesucristo es la luz del mundo, y tal como el candelabro del templo se alimentaba con aceite puro, así también el Espíritu Santo, la Sangre preciosa del Señor (Juan 6:54-55 / Gálatas 4:6 / 1 Pedro 1:11), es la esencia que hace de su iglesia esa misma luz del mundo. Ambos, iglesia y Señor, son el candelabro que alumbra a la humanidad:

El candelabro de siete brazos del templo en Jerusalén representa a toda la iglesia de Jesucristo. Cada uno de sus siete candeleros, es decir, los recipientes donde se vertía el aceite, representa a una parte de esa iglesia:

El libro de Hechos nos muestra que el candelabro celestial de siete brazos, la iglesia de Jesucristo, fue encendido en Pentecostés mediante el aceite del Espíritu Santo (la Sangre derramada del Señor), por ello nos refiere que sobre cada uno de sus miembros se asentaron lenguas como de fuego:

Por ello también, Pablo se refiere al Espíritu Santo como una llama que debe mantenerse siempre encendida:

En el mismo sentido, El Señor Jesucristo comparó a su iglesia con jóvenes vírgenes de las cuales, cinco de ellas, que eran insensatas, portaban sus lámparas, pero no aceite para hacerlas alumbrar (Mateo 25: 1-13). Ello porque aunque la Palabra de Dios es la lámpara que alumbrará durante todo nuestro camino por este mundo (Salmo 119:105), sin el Espíritu Santo será imposible entenderla correctamente. La enseñanza de las diez vírgenes nos muestra que pretender entender la Escritura sin el Espíritu Santo es igual de inútil e insensato que llevar en la noche una lámpara sin aceite.

El aceite de oliva como medicamento

Debido a su utilidad en el alivio de las inflamaciones (Isaías 1:6), los antiguos también usaban el aceite de oliva como ingrediente medicinal. Aplicado en hinchazones, dolores musculares o heridas era un elemento infaltable en los bálsamos de la época:

Significado espiritual de este uso: la sanidad del Espíritu Santo

El Espíritu Santo no solamente nos guía en el entendimiento de la Palabra de Dios, sino que también es un bálsamo sobrenatural el cual, al tiempo que nos consuela (por su efecto analgésico), también trae sanidad a nuestro ser interior:

El bálsamo del Espíritu Santo, la Presencia Eterna del Señor Jesucristo, nos da vida eterna, salvándonos de la enfermedad mortal del pecado:

El aceite de oliva como jabón de aseo personal

Tal como hoy día la grasa del jabón actúa como lubricante que hace resbalar de nosotros la impureza, en tiempos bíblicos, era la grasa del aceite la que mayormente se empleaba en la limpieza corporal (Deuteronomio 28:40).

Al ducharnos, nos enjabonamos y tallamos para enseguida retirar la suciedad con el agua. Pero en la antigüedad, puesto que no se había inventado el agua entubada se desconocía el concepto del baño bajo la regadera.

Se sabe que otras culturas mediterráneas, como los griegos, los etruscos y posteriormente los romanos, para asearse (cuando no había un río o laguna cerca) se embadurnaban aceite en el cuerpo y la impureza se retiraba raspando suavemente la piel con un instrumento de metal llamado estrígil [*] (una especie de navaja, pero sin filo). El evangelio de Juan dice que María, al ungir con una esencia de nardo los pies de Jesús, no se sirvió de algún instrumento parecido para secar el aceite, sino su propia cabellera:

(Las imágenes de los jarrones corresponden a la cultura griega de unos cinco siglos antes de Cristo.)

[*] El estrígil fue inventado por los etruscos probablemente alrededor del siglo VI a. C. Adoptado por los griegos y posteriormente por los romanos, durante mil años fue el utensilio imprescindible para la higiene del cuerpo. Lo usaban tanto hombres como mujeres de todas las clases sociales, desde emperadores hasta esclavos.

Excavaciones arqueológicas en Israel, particularmente en la Magdala bíblica, han descubierto este tipo de objetos, pertenecientes a la época de la ocupación romana (Studium Biblicum Franciscanum: Terra Sancta Museum). A partir del siglo IV a. C. la cultura helénica, impulsada por las conquistas de Alejandro Magno, se expandió incluso más allá del Mediterráneo. Los juegos y los deportes gimnásticos de los griegos se fueron introduciendo en todo Medio Oriente. En Jerusalén incluso se construyó un gimnasio y posteriormente, ya bajo influencia romana, un teatro. Fueron los atletas griegos y posteriormente los gladiadores romanos, quienes principalmente expandieron el uso del estrígil.

Con la caída de Roma y la llegada de la Edad Media, los hábitos de higiene y el cuidado personal cambiaron radicalmente, volviendo obsoleto tal instrumento.

Al igual que en la actualidad tanto al jabón como al champú se le añaden todo tipo de perfumes y fórmulas para la higiene, en aquellos tiempos también al aceite se le agregaban gran cantidad de recetas embellecedoras. Incorporando las diferentes esencias de la época al aceite de oliva se obtenía un ungüento perfumado con el que se aseaba tanto la cabeza como el resto del cuerpo:

En tiempos bíblicos, comer delicias y ungirse con aceite perfumado se consideraba la mayor alegría. Cuando se ayunaba, para expresar tristeza o consternación, la gente se abstenía de hacer tales cosas:

Significado espiritual de este uso: la limpieza del Espíritu Santo

Tal como en tiempos bíblicos, en los que la gente se alegraba al limpiarse con aceites u óleos aromáticos, el Espíritu Santo nos inunda de felicidad al limpiarnos interiormente de toda culpa. Así como bañarnos y sentirnos aseados nos da alegría, e incluso cantamos mientras estamos en la regadera, ser limpiados del pecado también nos llena de gozo:

En forma similar a la palabra aceite, que se deriva de aceituna, el término óleo proviene de la palabra oliva. Así que cuando la Biblia menciona la palabra óleo no está hablando de otra cosa sino del aceite de oliva con el que se unge. El óleo de gozo alude al aceite perfumado que se untaba en el cuerpo causando alegría y quitando la tristeza, por tanto, es símbolo del gozo que nos trae la llenura del Espíritu:

El aceite de oliva como elemento ceremonial

En tiempos bíblicos, el aceite puro de oliva tenía un importante uso ceremonial. Mediante su aplicación, el objeto o persona quedaba santificada (consagrada, apartada) para el servicio al Señor. Tanto reyes como sacerdotes y objetos del culto eran ungidos (limpiados para un uso no mundano) con el llamado aceite de la santa unción:

Santificar significa apartar o escoger (kadosh, Strong H-6918). Ungir con aceite en un acto ceremonial significaba que la persona u objeto era apartada o escogida para el servicio exclusivo del Señor.

El aceite de la santa unción era preparado de forma especial y se le agregaban especias aromáticas de la mejor calidad (Éxodo 30:22-31). Estaba prohibido emplear ese aceite para un uso que no fuera el sacramental (Éxodo 30:32-33).

Ungir significa aplicar aceite u otra materia grasa, generalmente untándola. Por extensión, también se entiende como lavar, limpiar o consagrar para un propósito Divino. David fue ungido con aceite por el profeta Samuel para consagrarle como rey de Israel:

El atributo de Cristo, que pertenece a nuestro Señor Jesús, proviene de la palabra griega jristós (Strong G-5547) la cual significa ungido, es decir, untado, consagrado, apartado o santificado. A su vez se deriva del hebreo mashíakj (Strong H-4899) o mesías (Daniel 9:24), término con el que se denominaba tanto al rey como al sumo sacerdote en turno.

Nuestro Rey y Sumo sacerdote perpetuo, Jesús El Cristo (Lucas 1:33 / Hebreos 4:14), es el Ungido entre los ungidos, el Santo entre los santos. El título Cristo o Mesías también se puede traducir como El Limpiado, El Elegido, El Santificado, El Consagrado, El Apartado para toda buena obra, etc. Al traducirse se escribe con mayúscula para distinguirle de entre los demás ungidos:

En ese mismo sentido, se requería que se derramara aceite sobre la ofrenda de panes sin levadura que se llevaba al Templo:

Significado espiritual de este uso: la Santificación del Espíritu

El aceite que se vertía sobre la ofrenda de panes sin levadura era el símbolo de la santificación del Espíritu Santo. Por su parte, los panes sin levadura representan a la Palabra de Dios (Juan 6:33), pero, por extensión, también a los seguidores de Jesucristo que, al igual que Él, ofrendan sus vidas al Señor:

Nuestro Señor Jesucristo, fue ungido, no con aceite sacramental, sino con el Espíritu del Dios Altísimo:

Se consagraba al sacerdote derramando sobre su cabeza aceite, el cual descendía hasta el borde de sus vestiduras:

De la misma forma, también el Espíritu Santo primeramente descendió sobre la cabeza de la iglesia, el Rey y Sumo sacerdote que es Jesucristo (Mateo 3:16) y luego lo hizo sobre su cuerpo que es la iglesia (Hechos 2:4). Así, el aceite es símbolo del Espíritu de Dios que limpia interiormente; aparta del mundo, consagra y santifica también a todos los seguidores de Jesucristo, pues son su cuerpo:

El aceite de oliva como alimento

Tal como acabo de mencionar, el aceite de oliva también era usado para amasar la harina con la que se hacía el pan:

También se usaba como ingrediente principal de un aderezo en el que se remojaba ese mismo pan:

Significado espiritual de este uso: el alimento espiritual

La Palabra de Dios es el pan de vida que nos nutre, fortalece y produce vida eterna. Por su parte, el Espíritu Santo, que nos hace entender la Escritura, está simbolizado por el aceite con el que se amasaba el pan. Todo ese simbolismo constituye un asombroso Mensaje para quien lo quiera entender… Jesucristo es la Palabra de Dios:

Él es esa Palabra que sale de la boca de Dios y nos da vida:

Por eso, Él es nuestro pan de vida, la Palabra de Dios:

Pero Jesucristo no solo es el pan, sino también el aceite, El Espíritu Santo:

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