Las siete fiestas de Israel: Día del Perdón

La Fiesta de Día del Perdón era la sexta del ciclo agrícola en el antiguo Israel y ocurría diez días después de la Fiesta de las Trompetas, o sea el día décimo del mes.

Al igual que la de Trompetas esta celebración pertenece a la época de la cosecha y ocurría por lo regular entre septiembre y octubre de nuestro calendario, los cuales a su vez corresponden al séptimo mes del calendario hebreo original.

Su nombre en hebreo es Yom Kippur (Strong H 3118 / H 3725) que significa Día del Perdón o Día de Expiación, puesto que el pueblo dando previas muestras de arrepentimiento ese día suplicaba perdón a Dios por los pecados cometidos durante ese año.

Cumplimiento del ritual de Día del Perdón

«A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida al Señor». Levítico 23:27

El día diez del mes séptimo mes el sumo sacerdote vertía en un tarro la sangre del macho cabrío recién sacrificado por los pecados del pueblo y pasando por el Lugar Santo se dirigía -con temor y temblor (Éxodo 28:33-35 / Levítico 16:13)- hacia el Lugar Santísimo, donde el arca de la Alianza -trono del Poderoso de Israel (Levítico 16:2)- se asentaba.

Una vez ahí dentro, conforme a las instrucciones de Moisés, el sumo sacerdote mojaba su dedo en la sangre del tarro y la rociaba siete veces sobre la tapa del arca (Levítico 16:14-19). Era así como -mediante la sangre del sacrificio- el santuario quedaba purificado.

«Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados; de la misma manera hará también al tabernáculo de reunión, EL CUAL RESIDE ENTRE ELLOS en medio de sus impurezas». Levítico 16:16

Entendimiento espiritual de la Fiesta de Día del Perdón: la purificación mediante la sangre

El tabernáculo de reunión es una figura de nuestro Señor Jesucristo (Juan 2:19-21), quien reside entre nosotros, mientras que la sangre del sacrificio es un símbolo de su Espíritu Santo, que nos limpia de todo pecado.

«…elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas». 1 Pedro 1:2

Como ya hemos explicado, (>>LIGA) nuestros ancestros entendieron a la sangre como el ser interior (Génesis 4:10 / Hebreos 12:24), la vida, invisible pero real, que habitaba dentro del ser físico (Génesis 9:4): el espíritu de todo ser vivo.

Así, la sangre derramada de nuestro Señor Jesucristo, QUE ES SU ESPÍRITU SANTO (Juan 6:53-56 / Juan 14:17 / Gálatas 4:6 / Filipenses 1:19 / 1 Pedro 1:11 / 2 Corintios 3:17 / Hebreos 10:29) purifica su santuario QUE ES LA IGLESIA (Hebreos 3:6 / 1 Pedro 2:5-7 / Efesios 2:20-22 / 1 Corintios 6:19 / 1 Corintios 3:16), pues ese santuario -como piedras vivas- lo constituimos todos nosotros, el cuerpo de Cristo (Romanos 12:5 / 1 Corintios 12:27 / Efesios 2:22 / Efesios 5:23 / Colosenses 1:24).

«Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta». Hebreos 13:12

«¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?» Hebreos 9:4

«pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado». 1 Juan 1:7

«…y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre Apocalipsis 1:5
Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan». 1 Juan 5:8

«Y por cuanto sois hijos, Dios ENVIÓ A VUESTROS CORAZONES EL ESPÍRITU DE SU HIJO, el cual clama: ¡Abba, Padre!» Gálatas 4:6

«¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?» 1 Corintios 3:16

La Sangre que permite el acceso al trono

«…pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, NO SIN SANGRE, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo…» Hebreos 9:7

El sacerdote solo podía presentarse delante de Dios con sangre de víctima inocente (Levítico 16:14-15). Era esa sangre la que le permitía el acceso delante del trono SIN MORIR (Levítico 16:1-3).

Para nosotros esta verdad significa que nadie puede presentarse delante del Padre y sobrevivir a su ira sin intermediación de sangre derramada de víctima perfecta e inocente (Levítico 22:19-25). Jesucristo -víctima perfecta e inocente ofrendada por nosotros (Apocalipsis 5:9)- se presentó delante del Padre con su propia sangre:

«… y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención». Hebreos 9:12

Al morir el espíritu del hombre vuelve a Dios

«…y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio». Eclesiastés 12:7

La Palabra nos muestra que al morir, mientras que el cuerpo físico del hombre vuelve a la tierra de donde fue formado (Génesis 2:7 / Génesis 3:19), el espíritu se separa y vuelve a Dios. Sin embargo, acorde a la LEY ETERNA, nadie puede presentarse ante el Trono sin sangre de víctima inocente y vivir. Así, todo aquel que se presente sin esa sangre morirá (Números 18:7 / Apocalipsis 5:10).

«Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá». Éxodo 33:20

La sangre preciosa de nuestro Señor Jesucristo -su Espíritu Santo- fue derramada para que nosotros, pueblo de Dios, no nos presentemos ante El Trono con las manos vacías, pues de otra forma -ya que solo la sangre de Jesucristo, perfecto en todo sentido, es acepta- quedaríamos expuestos a la pavorosa ira destructora del Poderoso de Israel.

¿A quién representa Azazel?

«Después tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de El Señor, a la puerta del tabernáculo de reunión. Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por El Señor, y otra suerte por Azazel». Levítico 16:7-8

Ese día se apartaban dos machos cabríos. Mientras que uno de ellos era acepto por El Poderoso de Israel para purificar con su sangre los pecados del pueblo, el otro era rechazado y enviado al destierro (Levítico 16: 9-22).

El otro macho cabrío, el rechazado y enviado al destierro (Mateo 8:12), representa al usurpador, al rey que no obstante se hará pasar como Mesías (Apocalipsis 13:2 / 16:10 / 17:10-11) será derrocado (2 Tesalonicenses 2:8) por el Verdadero Rey de Israel y echado fuera para siempre del reino (Apocalipsis 19:19-20).

Nos acompañará hasta el Trono

Nosotros los creyentes, pueblo escogido, nación santa, cuando por última vez cerremos los ojos con este cuerpo terrenal, nos presentaremos ante el Padre -no con la nuestra, pues como ya dijimos no es apta- sino con la Preciosa Sangre de Jesucristo -SU SANTO ESPÍRITU-. LA CUAL HA SIDO PROVISTA PARA NOSOTROS PRECISAMENTE PARA ESE DÍA, EL DÍA DEL PERDÓN.

«Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante del Señor». Levítico 16:30

Nombre en hebreo: Yom Kippur (Día del Perdón)

Época correspondiente: cosecha

Mes del calendario hebreo: séptimo

Mes de nuestro calendario: septiembre / octubre

Producto de temporada: uva y aceitunas (olivas), entre otros