Las siete fiestas de Israel: Día del Perdón

La Fiesta de Día del Perdón era la sexta del ciclo agrícola en el antiguo Israel y ocurría diez días después de la Fiesta de las Trompetas, es decir, el día décimo del mes.

Al igual que la de Trompetas esta celebración pertenece a la época de la cosecha y ocurría por lo regular entre septiembre y octubre de nuestro calendario, los cuales a su vez corresponden al séptimo mes del calendario hebreo original.

Su nombre en hebreo es Yom Kipur (Strong H-3118 / H-3725) que significa Día del Perdón o Día de Expiación, puesto que el pueblo, dando previas muestras de arrepentimiento ese día, suplicaba perdón a Dios por los pecados cometidos durante ese año.

Como he dicho en el capítulo anterior, el término hebreo Yom (Strong H-3118) significa día; por su parte, la palabra hebrea Kipur (Strong H-3725) se traduce como expiación.

La expiación se entiende como la acción de enmendar una culpa; de reparar un error. Es considerada como el medio a través del cual las personas pueden recibir el perdón de sus pecados y seguir conviviendo con Dios.

La palabra que se traduce como expiación a su vez proviene de otro término, kahfer (H-3722) que significa cubrir. Se empleó para describir la expiación porque en el día indicado, el sacerdote cubría el arca con la sangre de la víctima sacrificada:

“Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante del Señor”. Levítico 16:30

Ritual de Día del Perdón

Pascua y Día del Perdón establecen una conexión directa en cuanto al cumplimiento profético efectuado por El Señor Jesucristo. Mientras que el sacrificio de Pascua se consumó con su muerte en la cruz, la presentación de la sangre de la víctima dentro del Lugar Santísimo se cumplió cuando El Hijo de Dios acudió ante el trono del Padre en el cielo, llevando su propia sangre.

El ritual de este día era el más complejo de entre todos los de las fiestas; y, por tanto, pleno de significados espirituales y cumplimientos proféticos, por lo que, a fin de no saturar con información, algunos de ellos —en forma parecida a como lo hicimos en el capítulo de Pascua— los iremos desahogando de un modo conjunto con cada parte del rito.

Se marcaba con sangre el camino al trono de Dios

En una vasija llevaba la sangre del becerro y, sin traspasar el umbral, con el dedo la rociaba siete veces, desde el Lugar Santo hacia el Lugar Santísimo, marcando con esa sangre un camino nuevo en dirección al arca:

“Tomará también un poco de sangre del becerro, y con su dedo la rociará sobre la tapa, por el lado oriental [por la orientación del tabernáculo, el lado oriental es la parte delantera]. Luego rociará sangre con su dedo siete veces, por la parte delantera de la tapa,”. Levítico 16:14 RVC DHH

Cumplimiento profético

Así como el sumo sacerdote marcaba el camino al trono del Lugar Santísimo con la sangre de la víctima sacrificada, Jesucristo, con su sangre, hizo un camino nuevo al Padre Celestial. El camino que el sacerdote marcaba solo era válido ese día, pero el camino nuevo que El Señor hizo con su sangre, es eterno:

“Queriendo el Espíritu Santo dar a entender esto: que el camino al Lugar Santísimo aún no había sido revelado en tanto que el primer tabernáculo [símbolo del Primer Pacto] permaneciera en pie”. Hebreos 9:8 NBLA

“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote [sumo sacerdote] sobre la casa de Dios [que está en el cielo]”. Hebreos 10:19-21

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Juan 14:6

El sumo sacerdote entraba al Lugar Santísimo con la sangre de la víctima

Una vez marcado el camino al trono, el sumo sacerdote salía del tabernáculo para disponerse a entrar al Lugar Santísimo, esta vez con la sangre del macho cabrío.

Se degollaba entonces a la víctima y, luego de verter en un tarro esa sangre, volvía a entrar. Pasando por el Lugar Santo, se dirigía, con temor y temblor (Éxodo 28:33-35 / Levítico 16:13), hacia el Lugar Santísimo, donde el arca de la alianza —trono del Nombre del Poderoso de Israel (Levítico 16:2)— se asentaba.

Ya dentro, el sumo sacerdote mojaba su dedo en la sangre del tarro y la rociaba siete veces sobre la tapa del arca. Era así como —mediante la sangre del sacrificio— quedaban perdonados los pecados de Israel:

“A continuación, degollará el macho cabrío como expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre al interior, tras el velo, y esparcirá la sangre sobre el propiciatorio y delante de éste, como lo hizo con la sangre del becerro. Así purificará el santuario por causa de todas las impurezas, rebeliones y pecados de los hijos de Israel, y lo mismo hará con el tabernáculo de reunión, el cual se encuentra entre ellos y sus impurezas. Levítico 16:15-16 RVC

Enseguida, se procedía a purificar también el altar principal que estaba en el patio:

“Nadie debe estar en el tabernáculo de reunión mientras Aarón esté dentro del santuario para hacer la expiación y hasta que él salga. Una vez que haya hecho la expiación por sí mismo, por sus familiares y por toda la congregación de Israel, saldrá para hacer la expiación por el altar que está delante del Señor. Tomará un poco de la sangre del becerro y del macho cabrío, y la untará sobre los cuernos del altar y alrededor de éste; luego, con el dedo rociará sobre él la sangre siete veces. Así lo santificará y lo limpiará de las impurezas de los hijos de Israel”. Levítico 16:17-19 RVC

Cumplimiento profético

Jesucristo entró al Lugar Santísimo del cielo, donde está el trono de Dios, con su propia sangre:

“Pero Cristo ya vino, y ahora él es el Sumo sacerdote de los bienes definitivos. El santuario donde él actúa como sacerdote es mejor y más perfecto, y no ha sido hecho por los hombres; es decir, no es de esta creación. Cristo ha entrado en el santuario, ya no para ofrecer la sangre de chivos y becerros, sino su propia sangre; ha entrado una sola vez y para siempre, y ha obtenido para nosotros la liberación eterna. Es verdad que la sangre de los toros y chivos, y las cenizas de la becerra que se quema en el altar, las cuales son rociadas sobre los que están impuros, tienen poder para consagrarlos y purificarlos por fuera. Pero si esto es así, ¡cuánto más poder tendrá la sangre de Cristo! Pues por medio del Espíritu eterno, Cristo se ofreció a sí mismo a Dios como sacrificio sin mancha, y su sangre limpia nuestra conciencia [es decir, ya no por fuera, sino ahora interiormente, espiritualmente] de las obras que llevan a la muerte, para que podamos servir al Dios viviente.” Hebreos 9:11-14 DHH

El arca de la alianza era el trono de Dios en la tierra, así, mientras que otras versiones traducen propiciatorio (respaldo o parte del mueble en la que quien se sienta apoya la espalda), la versión al español de la Biblia del Jubileo (la mayoría de las traducciones al inglés así lo hacen) traduce directamente como asiento:

“Y harás el asiento de la reconciliación (asiento y respaldo del trono) de oro fino, cuya longitud será de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio”. Éxodo 25:16-18 JBS

La sangre rociada siete veces sobre ese trono apuntaba al momento en el que El Señor Jesucristo se sentaría sobre el eterno trono en el cielo:

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”. Apocalipsis 3:21

«Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán». Apocalipsis 22:3

“Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos.” Hebreos 8:1

“Mientras tenía yo esta visión durante la noche, vi que en las nubes del cielo venía alguien semejante a un hijo de hombre, el cual se acercó al Anciano entrado en años, y hasta se le pidió acercarse más a él. Y se le dio el dominio, la gloria y el reino, para que todos los pueblos y naciones y lenguas le sirvieran. Y su dominio es eterno y nunca tendrá fin, y su reino jamás será destruido”. Daniel 7:13-14 RVC

Nombre en hebreo: Yom Kippur (Día del Perdón)

Época correspondiente: cosecha

Mes del calendario hebreo: séptimo

Mes de nuestro calendario: septiembre / octubre

Producto de temporada: uva y aceitunas (olivas), entre otros

Cumplimiento profético: el regreso del Señor


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