El fenómeno ovni y las profecías de la Biblia

No solo el fenómeno ovni es serio y real, sino que, al decir de altos funcionarios del Pentágono en su comparecencia ante el Congreso de los Estados Unidos, incluso va en aumento.

Es tan grave el tema, que el Gobierno de los Estados Unidos ha asignado millones de dólares en recursos, a fin de investigar a fondo el asunto que ahora concierne a la seguridad nacional. La Inteligencia Militar de ese país sabe que el hecho de que la actividad ovni vaya en aumento solo puede significar una cosa, y ese es el motivo por el cual ha comenzado a liberar esa información que ya no es viable ocultar más.

 

Por su parte, los medios de comunicación de ese país han comenzado a dar cobertura formal al fenómeno, pero ya sin la sorna acostumbrada.

Lo que está sucediendo es el comienzo del cumplimiento final de una de las profecías más antiguas de la Biblia: el día del Señor.

No es un fenómeno reciente

Primero, es necesario tener claro que no es un evento que haya dado inicio en este tiempo moderno. Muchas civilizaciones avanzadas de la antigüedad afirmaron haber tenido contacto con seres provenientes de otros mundos, de quienes habrían recibido el impulso para desarrollarse, dejando testimonio de ello en todo tipo de materiales como tablillas de barro, estelas de piedra, rollos de papiro, pergaminos, e incluso inscripciones en edificaciones monumentales. Pero sobre todo, increíblemente es en la Biblia donde más información abunda sobre todo ello.

Los testimonios en la Escritura

El antiguo pueblo de Israel también dejó registrados en la Biblia una serie de testimonios a los que habría que prestarles más atención, como por ejemplo, aquel pasaje en el que se afirma que el profeta Elías fue abducido por un refulgente vehículo volador:

“Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino”. 2 Reyes 2:11

O este otro en el que se asegura que Enoc desapareció de la faz de la Tierra, simplemente porque Dios se lo llevó al cielo:

«Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios». Génesis 5:24

Todo lo anterior concordaría con la profecía del apóstol Pablo, en la que afirmó que, llegada la hora, todos los creyentes que en ese momento estén vivos serán abducidos simultáneamente y reunidos en las nubes:

“Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”. 1 Tesalonicenses 4:17

Es al leer acerca de tales sucesos en la Escritura, que encontramos varios detalles que tal vez sean lo suficientemente importantes para ya no seguir dejándolos pasar por alto. Por ejemplo, el libro de Hechos registra que habiendo sido resucitado y llevado al cielo, El Salvador de Israel fue recibido por algo a lo que se le identifica como una nube:

“Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos”. Hechos 1:9

¿Qué significa exactamente que le recibió una nube? ¿De qué clase de nube estaríamos hablando?

Por toda la Biblia hay peculiaridades —como esta que acabo de hacer notar— que parecieran haber sido dejadas escritas así a propósito, con la sola intención de atraer nuestra atención hacia un mensaje en la Escritura que tal vez hemos estado omitiendo.

Por ejemplo, en la Biblia se afirma que los viajes en el tiempo son posibles, o al menos eso puede deducirse del libro de Apocalipsis, ya que su autor narra escenas que corresponden al futuro.

Quizá estas le fueron presentadas a través de videograbaciones, lo que implicaría que fueron tomadas en el futuro y llevadas al pasado para ser mostradas a Juan, el apóstol de Jesucristo, quien según la tradición es el autor del libro.

El testigo afirma que fue llevado a un lugar en el cielo donde todo lo que está en su libro le fue mostrado. A Juan se le permitió contemplar al mundo estando este situado en un futuro muy distante para él, nuestro presente.

Los sucesos que se le mostraron estaban dos mil años adelante, por lo que seguramente mucho de lo que vio le resultó sumamente difícil de comprender y describir.

Pero, detengámonos otra vez, ahora para reflexionar sobre el contexto probable en el que las imágenes habrían sido expuestas ante el autor del Apocalipsis.

A continuación explicaré por qué la forma en la que detalla su experiencia me da pie a pensar que las secuencias descritas corresponden perfectamente al testimonio de alguien que ha visto eso mediante una videograbación, exhibida a través de las pantallas de televisión de una nave espacial.

Al principio de su testimonio, Juan voltea a ver lo que describe como una puerta abierta en el cielo:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo”. Apocalipsis 4:1a

¿Qué es una puerta abierta en el cielo? En mi opinión lo que trata de describir es la compuerta que se abre desde un vehículo espacial situado justo arriba de él:

“Y la primera voz que oí, como de trompeta…”. Apocalipsis 4:1b

¿No es factible que esa voz como de trompeta que oyó Juan fuese en realidad escuchada a la distancia a través de un amplificador de sonido? Ahora bien, antes de visualizar todo lo que conforma el testimonio de su libro, el autor asegura que esa voz le dijo “sube”:

“Hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”. Apocalipsis 4:1c

De nuevo, ¿subir adónde? Le suplico poner la mayor atención, pues al leer este testimonio estaríamos ante la posibilidad de que en realidad Juan haya sido llevado a un vehículo espacial.

Analicemos la apertura de los primeros cuatro sellos de ese libro, en que a cada uno de los seres vivientes presentes en el lugar le pide a Juan acudir a mirar lo que se le va a mostrar:

“Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente, que decía: Ven y mira”. Apocalipsis 6:3

Luego de que el testigo habría sido llevado a bordo del vehículo espacial, se le condujo a un recinto en el que estuvo ante al menos cuatro grandes pantallas de televisión, a través de las cuales le fueron mostradas todas las videograbaciones que componen su profecía.

Curiosamente, otro documento antiguo —el libro de Enoc— también describe lo que pareciera una experiencia similar.

El autor de ese libro afirma que al iniciarse el contacto recibió un llamado proveniente de las nubes, lo que podría querer describir que desde el vehículo espacial —igual que al autor de Apocalipsis— se le llamó por su nombre. Enseguida dice Enoc que voló y fue introducido en un lugar tan sorprendente que igualmente identificó como los cielos. ¿Qué otra cosa puede ser esto que una abducción directa al interior de un vehículo espacial?:

“Esto me fue revelado en la visión: He aquí que las nubes me llamaban, la neblina me gritaba y los relámpagos y truenos me apremiaban y me despedían y en la visión los vientos me hacían volar, me levantaban en lo alto, me llevaban y me entraban en los cielos”. Enoc 14:8

Por supuesto que Enoc trató de narrar la experiencia en sus propios términos. Por lo que se describe, en un primer momento habría sido subido al puerto de embarque del transporte. Quizá en ese puerto se procedió a su escaneo y desinfección. Lo que habrían sido las luces de aparato encargado de escanear su cuerpo en busca de bacterias y virus, lo describe como lenguas de fuego:

“Entré en ellos hasta que llegué al muro de un edificio construido con piedras de granizo, rodeado y cercado completamente con lenguas de fuego que comenzaron a asustarme. Entré por esas lenguas de fuego hasta que llegué a una casa grande construida con piedras de granizo cuyos muros eran como planchas de piedra; todas ellas eran de nieve y su suelo estaba hecho de nieve”. Enoc 14:8-10

Ya dentro, Enoc describe algo como un fuego ardiente en los muros —quizá tratando de describir lo que le parecía eran antorchas— que en realidad podrían haber sido las luces correspondientes a algún tipo de medidor o contenedor de energía, encargado de analizar sus signos vitales. Al testigo le sorprende que a pesar de tanto “fuego”, el interior estuviera frío y vacío:

“Un fuego ardiente rodeaba todos sus muros cercándolos por completo y las puertas eran de fuego ardiente. Entré en esta casa que era caliente como fuego y fría como nieve. No había en ella ninguno de los placeres de la vida. Me consumió el miedo y el temblor se apoderó de mí. Enoc 14:12-13

Una vez que Enoc habría sido perfectamente desinfectado, otra compuerta se abrió; conducía a una estancia de la nave más amplia a donde fue conducido:

“Tiritando y temblando caí sobre mi rostro y se me reveló una visión: He aquí que vi una puerta que se abría delante de mí y otra casa que era más grande que la anterior, construida toda con lenguas de fuego. Toda ella era superior a la otra en esplendor, gloria y majestad, tanto que no puedo describiros su esplendor y majestad. Su piso era de fuego y su parte superior de truenos y relámpagos y su techo de fuego ardiente”. Enoc 14:14-17

Si bien el libro de Enoc no forma parte del canon bíblico, sí que debemos considerarlo un documento importante, pues incluso el libro de Judas —que sí está dentro del grupo de escritos sagrados— lo cita abiertamente:

“De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él”. Judas 1:14-15 (citando a Enoc 1:9)

El libro de Enoc era conocido y apreciado entre una amplia comunidad de creyentes del primer siglo. Quizá ya a estas alturas lo más importante no sea indagar por qué si el documento era tan apreciado y reconocido no fue incluido en el canon bíblico. Creo que lo verdaderamente primordial es darnos cuenta de que las experiencias narradas por Enoc y Juan se trataron en realidad de contactos extraterrestres por medio de los cuales alguien se tomó el tiempo de darles un mensaje para las generaciones futuras… nosotros:

“Enoc, hombre justo a quien le fue revelada una visión del Santo y del cielo pronunció su oráculo y dijo: la visión del Santo de los cielos me fue revelada y oí todas las palabras de los Vigilantes y de los Santos y porque las escuché he aprendido todo de ellos y he comprendido que no hablaré para esta generación sino para una lejana que está por venir”. Enoc 1:2

La especie reptil y la humana en la Biblia

En el siguiente pasaje podemos leer la historia de cómo una serpiente convence a los seres humanos de desobedecer la orden que les fue dada:

“Pero la serpiente le dijo a la mujer: ¡No es cierto, no van a morir! Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal. La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, y también él comió. Génesis 3:4-6 NVI

¿De qué clase de serpiente estaríamos hablando? Es más que evidente que el pasaje no se está refiriendo a una serpiente real, sino que se está hablando de otra clase de ser:

“La serpiente era el animal más astuto de todos los que Dios el Señor había creado. Así que le dijo a la mujer: ¿Así que Dios les ha dicho a ustedes que no coman de ningún árbol del huerto?”. Génesis 3:1

Más bien, el Génesis está aludiendo a una especie relacionada con las serpientes, pero no nativa de este mundo, suficientemente más adelantada que la humana como para exponer a esta, argumentos engañosos. Al hablar de esa serpiente, la Biblia se refiere al dragón, poderoso gobernante de la facción reptil, también conocido por los humanos como diablo o Satanás:

“Arrojaron del cielo al gran dragón, que es la serpiente antigua, es decir, el diablo, llamado Satanás, que se dedica a engañar a todo el mundo. Él y sus ángeles fueron lanzados a la tierra”. Apocalipsis 12:9 TLA

Extrañas figurillas descubiertas en la tumba de Ur

En 1922 se descubrieron en las tumbas de las ruinas de la ciudad sumeria de Ur, algunos ídolos de terracota, los cuales representaban a seres humanoides con anormalidades evidentes.

Se trata de ídolos —en su mayoría de apariencia femenina— unos moldeados en barro y otros tallados en alabastro, con cabezas de serpiente o de lagarto. Algunas piezas parecieran portar un yelmo, otras, representan a hembras amamantando a una criatura también con cabeza de reptil.

¿Son a esos seres a los que la Biblia alude cuando se refiere a la serpiente, al dragón, y a sus ángeles?:

«Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él». Apocalipsis 12:9

 

El día del Señor