La Biblia, el Mensaje de Dios a su pueblo elegido

Para todos aquellos que conformamos la nación de Israel, ya sea perteneciendo a la Casa de Judá o a la Casa de Israel, es necesario entender cuál es el propósito de los Escritos comúnmente conocidos como la Biblia.

Antes que cualquier cosa deberemos entender qué cosa es la Biblia. La Biblia es el Mensaje de Dios a su pueblo elegido, Israel. El propósito de tal Mensaje es el de guiar al pueblo de Israel a lo largo de su peregrinación por esta vida (1 Pedro 1:17) hacia la Tierra Prometida celestial (Hebreos 12:22) donde Él nos aguarda sentado en su trono (Apocalipsis 4:2).

Israel, el pueblo para quien está escrita la Biblia

Tal como acabo de mencionar, la Biblia está escrita para Israel, pueblo santo que actualmente permanece esparcido en todo el mundo. Pero como también ya he explicado, Israel no son solo los judíos sino que hay otras diez tribus perdidas y esparcidas entre las naciones a las cuales es urgente que llegue la noticia del Mensaje de redención que está en la Escritura.

Por ello es que la Biblia se presenta como un libro abierto a cualquiera que desee explorarlo. Sin embargo no debemos confundirnos, no está escrita para quienes ni pertenecen al pueblo elegido ni desean hacerlo ¿Has escuchado a alguien afirmar que la Biblia tiene contradicciones? ¿O que la Biblia es absurda, o tal o cual otra cosa? Todas esas expresiones son resultado de personas que han intentado tener acceso a un documento que no fue escrito para ellos (2 Corintios 4:4 / Efesios 4:18).

Pero la Biblia sí que está escrita para ti y para todos aquellos que como tú pertenecen al pueblo santo y por tanto buscan, aman y obedecen a Dios. Porque todo aquel que ame al Señor de Israel pertenece al pueblo elegido (Mateo 22:37). Así que la Biblia no es de ninguna manera excluyente en sí, sino que a cada persona le tocará decidir libremente incluirse en el pueblo elegido o excluirse de él, pero eso lo veremos en la sección correspondiente a la Casa de Israel.

El Mensaje de Dios a su pueblo

Sí tú leyeras un libro de Historia de cualquier país que no fuera aquel en el que naciste ¿Acaso no de inmediato sabrías que fue escrito solo para aquellos que nacieron en tal nación? Porque las hazañas patrióticas de esos héroes registradas en tales textos son primeramente del interés de quienes nacieron en ese lugar.

Bien, pues al igual que cualquier libro de Historia de esos que llevaste en los primeros años de tu educación básica la Biblia habla del pasado de un pueblo, de nuestro verdadero pueblo. Así es, si bien nacimos en diferentes naciones, nuestro verdadero linaje está en el pueblo retratado en la Biblia.

Antes de pasar a los siguientes puntos deberemos recordar que la raíz del término hebreo santo (kadósh, Strong H6918, H6942 ), alude a algo que ha sido apartado del resto, es decir, ha sido santificado. El pueblo de Israel es un pueblo santo porque fue elegido o apartado de entre las demás naciones para una sola cosa: le preservación o salvación eterna.

«Porque tú eres pueblo santo para El Señor tu Dios; El Señor tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra». Deuteronomio 4:6

«Israel será salvo en El Señor con salvación eterna; no os avergonzaréis ni os afrentaréis, por todos los siglos». Isaías 45:17 

«Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable» 1 Pedro 2:9

¿Quién es Israel?

Tal como ya he mencionado, Israel no solo son los judíos. A la consolidación del pueblo original Israel estaba compuesto por 12 tribus con su respectivo territorio más una sin territorio que atendía el sacerdocio, Leví.

Más adelante veremos que la nación original se partió en dos dando así origen a los dos linajes actuales, que según la propia Biblia anuncia (Jeremías 30:3 / Isaías 27:12-13 / Ezequiel 37:21-22) se preservarán hasta el Fin de los tiempos, cuando se efectúe la Resurrección: la Casa de Israel y la Casa de Judá. Quizá no lo sabías, pero acorde a la Escritura la razón por la cual tú amas, sirves y temes al Poderoso de Israel es porque perteneces a alguno de estos dos linajes. Por tanto necesitas estar al tanto de las cosas que se tratan aquí.

El registro del pueblo de Israel originalmente fue escrito en hebreo y griego (aunque algunas partes probablemente también fueron escritas en arameo) y es lo que comúnmente se conoce como Antiguo y Nuevo Testamento.

Ahora bien, estarás de acuerdo que la Historia de Israel no es la de un pueblo común, ya que de principio a fin es sobrenatural. Además deberás tener siempre en cuenta que es el único pueblo cuya Historia escrita incluye eventos que aún están por cumplirse, es decir eventos futuros.

Para su mejor comprensión y estudio, dividiremos el registro bíblico en cinco etapas:

1.- FORMACIÓN DE LAS TRIBUS DE ISRAEL
2.- CONSOLIDACIÓN DEL REINO
3.- DIVISIÓN DEL REINO
4.- DISPERSIÓN DE LAS TRIBUS
5.- REDENCIÓN DE LAS TRIBUS

Aunque cada una de estas cinco etapas ameritaría un estudio profundo y vasto por separado, aquí solo hablaremos muy brevemente sobre cada una de ellas.

1. FORMACIÓN DE LAS TRIBUS DE ISRAEL

«Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu simiente». Génesis 26:4

Aquí se muestra los inicios de nuestro pueblo. Esta sección abarca desde el Génesis hasta la salida de Egipto y podemos dividirla en dos partes:

a).- Antecedentes
b).- La formación de las tribus

A continuación hablamos de estas dos divisiones en las que el principal hilo conductor del libro nos enumera una serie de linajes hasta la elección de Abraham, el nacimiento de su descendiente Isaac y el establecimiento del linaje de Jacob al que posteriormente se le dio el nombre de Israel.

a).- Antecedentes

En la primera parte del libro de Génesis (que en hebreo significa En el Principio) se nos informa Quién creó a los seres humanos, bajo qué circunstancias y con qué propósitos lo hizo. Abarca desde los inicios de la humanidad hasta Abraham.

b).- La formación de las tribus

En la segunda parte del Génesis, el registro nos lleva desde Abraham hasta el cautiverio en Egipto.

La formación de las tribus comienza con la promesa que se le hace a Abraham en la que su vasto linaje será diseminado hasta los confines de la Tierra; y las naciones se verán bendecidas con ello, puesto que los descendientes del patriarca esparcidos por el mundo serán redimidos por la simiente de Abraham (Gálatas 3:16).

Sin embargo, no todos los descendientes de Abraham serán hijos de la promesa, sino solo aquellos provenientes de la rama de Isaac. Como lo podemos comprobar en lo Escrito acerca de Isaac e Ismael (Génesis 16: 1-16 / Génesis 21:1-21), ambos hijos de Abraham (Gálatas 4:21-31). Lo mismo podemos decir de Jacob, quien prevaleció por sobre su hermano mayor Esaú.

Siguiendo con ese mismo hilo conductor, posteriormente los 12 hijos de Jacob, hijo de Isaac, conforman las tribus que más adelante consolidarán la nación de Israel.

2.- CONSOLIDACIÓN DE LAS TRIBUS

«El Señor vuestro Dios os ha multiplicado, y he aquí hoy vosotros sois como las estrellas del cielo en multitud». Deuteronomio 1:10

Ya en el libro de Éxodo, a la salida de Egipto Israel toma posesión de su territorio y una vez establecido comienza a consolidarse como nación. Esta etapa también la dividiremos en dos partes:

a).- Israel es gobernado por jueces
b).- Israel es gobernado por un rey

A continuación puntualizamos cada una de ellas.

a).- Israel es gobernado por jueces

La consolidación de las tribus inicia con la salida de Egipto y luego de 40 años en el desierto retornan a la Tierra Prometida (Libros de Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué y Jueces).

b).- Israel es gobernado por un rey

Una vez consolidada la nación en su propio territorio, se elige un rey a fin de mantener la unidad. (Libros de Samuel, Reyes y Crónicas).

3.- DIVISIÓN DEL REINO

«Cuando todo el pueblo vio que el rey no les había oído, le respondió estas palabras, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. ¡Israel, a tus tiendas! ¡Provee ahora en tu casa, David! Entonces Israel se fue a sus tiendas. Pero reinó Roboam sobre los hijos de Israel que moraban en las ciudades de Judá. Y el rey Roboam envió a Adoram, que estaba sobre los tributos; pero lo apedreó todo Israel, y murió. Entonces el rey Roboam se apresuró a subirse en un carro y huir a Jerusalén. Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy. Y aconteció que oyendo todo Israel que Jeroboam había vuelto, enviaron a llamarle a la congregación, y le hicieron rey sobre todo Israel, sin quedar tribu alguna que siguiese la casa de David, sino sólo la tribu de Judá». 1 Reyes 12:16-20

Los anales nos muestran que hubo un suceso dramático que marca para siempre la historia de nuestro pueblo porque el reino que había sido consolidado por Salomón se divide en dos: Israel al norte y Judá al sur. A partir de ello ambas naciones tuvieron cursos diferentes. Judá no obstante fue llevada al cautiverio en Babilonia, preservó su identidad y fue devuelta a su lugar de origen (2 Crónicas 36: 22.23). En cambio Israel fue esparcida a través de todo el imperio asirio perdiendo su memoria y su identidad.

Para culminar esta parte El Señor, por medio de sus profetas, comienza a anunciar un Ungido que será enviado con la misión de recolectar por todas las naciones a las ovejas perdidas del linaje de Israel: la Casa de Israel. El Ungido unirá a sus dos pueblos, Judá e Israel, y les guiará hacia la Tierra Prometida.

Todo esto está en los libros de Reyes, Crónicas y los Profetas.

4.- DISPERSIÓN DE LAS TRIBUS

«En el año nueve de Oseas, el rey de Asiria tomó Samaria, y llevó a Israel cautivo a Asiria, y los puso en Halah, en Habor junto al río Gozán, y en las ciudades de los medos». 2 Reyes 17:6

Esta etapa a su vez también podemos dividirla en dos:

a).- Dispersión de Israel
b).- Dispersión de Judá

A continuación describimos ambas.

a).- Dispersión de Israel

Acorde a lo profetizado (Deuteronomio 29:24-29), los asirios toman Israel y dispersan a las 10 tribus que habitaban en el reino del norte por el mundo. A los descendientes de esas tribus los profetas les llamarán las ovejas perdidas de la Casa de Israel (Mateo 15:24).

Aquí encontramos un acontecimiento que no obstante ser de especial importancia para quienes pertenecen a la Casa o linaje de Israel históricamente se ha dejado pasar de largo, y es la conquista del reino del norte, Israel, a manos de los asirios y su dispersión por todas las naciones (2 Reyes 17:6 / 17: 23-24). Hecho que, como ya lo dijimos, es de trascendencia tal que marcará el destino de toda la humanidad.

Puesto que es esencial para comprender no solo lo que ha ocurrido hasta el presente sino también los eventos que están por suceder, ninguno que pertenezca a Israel debe pasar por alto el acontecimiento clave en el que el rey de Asiria toma Samaria y esparce por todo el imperio a sus habitantes. A partir de ese momento histórico -y hasta nuestros días- comienza la dilatada dispersión a través de las naciones de las diez tribus del norte cuyos descendientes serían identificados en la Biblia como La Casa de Israel, los mismos que las naciones han dado en llamar cristianos.

A partir de la dispersión del reino del norte los profetas dan inicio a la proclama por medio de la cual se hace saber que algún día las dos naciones serán reunidas de nuevo en una sola, como al principio. Tanto los desterrados de la Casa de Judá como los esparcidos de la Casa de Israel (quienes viven entre las naciones gentiles sin sospechar siquiera que por linaje pertenecen al pueblo elegido) serán devueltos a su tierra original.

Es entonces que El Señor, por medio de sus profetas, comienza a anunciar a un Ungido (Mesías en hebreo; Cristo en griego) con la misión de recolectar uno a uno a quienes pertenecieran al pueblo escogido (Ezequiel 34:22-24 / Mateo 15:24). No es necesario decir que tal Ungido es El Señor Jesucristo.

Esta parte concluye con la promesa del Elegido que sería enviado a restablecer a todas las tribus dispersas por el mundo para conformar nuevamente una sola nación en aquella tierra que El Señor entregó a nuestros padres.

b).- Dispersión de Judá

Por su parte Judá, reino del sur, es llevado al cautiverio por los babilonios en el 587 a.C. La Casa de Judá, por Voluntad del Señor, preservará su identidad hasta el Fin de los Tiempos, cuando ambos linajes se unan en un solo pueblo: Israel.

5.- LA REDENCIÓN DE LAS TRIBUS

«Y tú, Belén, de la tierra de Judá,
No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá;
Porque de ti saldrá un guiador,
Que apacentará a mi pueblo Israel».
Mateo 2:6

Nuevamente podemos dividir esta etapa en dos partes:

a).- El nacimiento del Ungido (Mesías en hebreo; Cristo en griego)

b).- El regreso del Ungido (Mesías en hebreo; Cristo en griego)

A continuación hablamos de cada una de ellas.

a).- El nacimiento del Ungido (Mesías en hebreo; Cristo en griego)

Abarca desde el libro de Mateo hasta el de Judas. En esta parte tenemos el nacimiento, ministerio, muerte y resurrección de Jesucristo, el Ungido prometido. Una vez resucitado y ascendido al Cielo, a partir del Pentecostés (Hechos 2:1-4) Jesucristo mediante su Espíritu recorre cada rincón de la Tierra para juntar a sus ovejas perdidas. Conforme a lo anunciado por medio de sus profetas, El Señor ha Ungido a su Enviado, Jesucristo, quien no solo colecta a su pueblo de la Casa de Judá esparcido por el mundo, sino que también busca a sus ovejas perdidas de la Casa de Israel que aún permanecen sin memoria y sin identidad dispersas entre las naciones (Juan 10:16).

Esta primera parte concluye al iniciar los hechos que narra Apocalipsis.

b).- El regreso del Ungido (Mesías en hebreo; Cristo en griego)

Esta segunda parte está conformada en su totalidad por el libro de Apocalipsis, libro en el que encontramos básicamente toda la profecía bíblica puesto que ahí se colectan absolutamente todas la profecías para el Fin de los tiempos encontradas a partir del libro de Génesis.

Está Escrito que antes del regreso del Mesías el mundo sufrirá cambios dramáticos en todos los ámbitos: social, político, económico y religioso. Los sistemas humanos entrarán en crisis y en medio de todo ello un falso ungido o anticristo de la tribu de Judá emergerá engañando a las naciones y persiguiendo al verdadero pueblo elegido (Apocalipsis 13).

Al final de todo las doce tribus de Israel serán redimidas (Ezequiel 37:22-21 / Apocalipsis 7), transformadas y convertidas en una sola nación e incorporadas al Ejército de los cielos que aparecerá entre las nubes (Marcos 12:25 / Isaías 13:5 / Apocalipsis 19: 11/14) comandadas por el Ungido que regresa en poder y gran gloria (Apocalipsis 16:14-16 / Apocalipsis 19:11-14). Los ejércitos del usurpador se reunirán para la Batalla final y serán vencidos (Apocalipsis 16:13-14/16) y con ello el falso Mesías derrocado (Apocalipsis 19:20-21). El Reino de los cielos será establecido por toda la eternidad y las naciones que se opusieron al Ungido serán juzgadas con vara de hierro (Apocalipsis 19:15). La esperada y feliz restauración de todas las cosas (Hechos 1:6) habrá llegado por fin.

Aquí debo dejar algo anotado que considero importante: en mi muy particular forma de ver las cosas es a partir del 14 de mayo de 1948, fecha en que artificialmente se crea el moderno Estado de Israel, que se da el primer paso en el camino hacia la construcción del tercer Templo. Por lo que el 14 de mayo de 2018, cuando se cumplieron 70 años de esa fecha y los Estados Unidos reconocieron a Jerusalén como su capital, atestiguamos otro paso importante en ese mismo rumbo. Así que, si estoy en lo correcto, el tiempo nos ha alcanzado y al presente YA ESTAMOS VIVIENDO EN LO DESCRITO POR EL LIBRO DE APOCALIPISIS.