Las siete fiestas de Israel: Pascua

La Fiesta de Pascua era la primera del ciclo agrícola en el antiguo Israel. El producto segado durante esas fechas era principalmente la cebada, cereal con el que se hacían los panes sin levadura. La Ley mandaba que debía comenzar el día diez del mes primero y culminar el catorce de ese mismo mes (Éxodo 12:3-6).

Esta celebración pertenece a la época de la siega y ocurría entre marzo y abril de nuestro calendario, los cuales a su vez corresponden al primer mes del calendario hebreo original.

Con la Fiesta de Pascua daba inicio la primera de las tres peregrinaciones que todos los israelitas por Ley cada año debían hacer a Jerusalén.

Su nombre en hebreo es Pésaj (Strong H6453) que significa saltar, pasar por encima, pasar de largo o evitar ya que cuando El Señor dio muerte a los hijos de los egipcios pasó por encima de las casas de los hijos de Israel evitando a los hebreos (Éxodo 12:27).

Cumplimiento del ritual de Pascua

«Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él». Juan 5:46

Acorde al mandato en la Escritura, primero se elegía un cordero perfecto, sin mancha, defecto físico o deformación alguna que disminuyera su valor. Cuando llegaba el tiempo señalado se le ataba y se le degollaba dejando correr su sangre. Ya que estaba completamente desangrado y por tanto sin vida se lavaban con agua las entrañas (purificación interior) para luego desollarle y purificar todo asando tanto cuerpo como entrañas al fuego. La sangre de la víctima se aplicaba en todo el marco de la puerta de entrada de las casas. Al atardecer se llevaba a cabo una sencilla reunión familiar durante la cual se comía todo el cordero acompañado de panes sin levadura y hierbas amargas. Nadie debía salir de la casa hasta la mañana siguiente.

Entendimiento espiritual de la Fiesta de Pascua

«Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para El Señor durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis». Éxodo 12:13-15

Aquí debemos prestar mucha atención, porque cuando el texto nos dice que será un estatuto perpetuo no deberemos entender que se trata de un ritual del cual se espere llevar a cabo para siempre, sino que está llamando nuestra atención para que sepamos que tal rito o mandato contiene y preserva un significado espiritual y por tanto eterno.

Como ya hemos dicho en trabajos anteriores, el propósito de cada acto litúrgico o ritual de la Ley es preservar la valiosa información concerniente a la vida eterna.

Con el fin de continuar mi labor de explicar el significado espiritual de los ritos de la Ley, los cuales atañen a todo el pueblo de Dios, voy a proceder a explicarte, de la forma más concisa posible, el entendimiento espiritual de cada uno de los ritos que conforman el ceremonial de las siete fiestas, comenzando por el de la Pascua.

La santificación del cordero

«Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia». Éxodo 12:3

Cuatro días antes de la Pascua, el diez del primer mes del año, los israelitas santificaban, es decir elegían y apartaban un cordero o un cabrito.

La palabra hebrea kodesh (Strong H6944) que se traduce santo nos indica el acto de elegir, apartar, destinar o consagrar. Santificar algo o a alguien es apartarle para un objetivo elevado, consagrarle para un propósito Divino.

El cordero apartado para el sacrificio debía ser llevado al Templo a fin de que un sacerdote lo inspeccionara y de ser aprobado le ponía una señal que indicaba que el ejemplar elegido era apto.

Juan el bautista apartó a nuestro Señor Jesucristo de entre los demás hombres distinguiéndolo como el Cordero de Dios. El Padre Celestial lo examinó y de manera audible lo aprobó y le puso señal visible con su Espíritu Santo en forma de paloma ( Juan 1:29 / Lucas3:22 / Juan 6:27 / Lucas 4:18).

El cordero sin defecto

«El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras». Éxodo 12:5

El cordero elegido debía ser perfecto. No debía tener ni una sola mancha, ni malformación, ni atrofia. Para una celebración ordinaria, por ejemplo una boda, en la que el ingreso no permitiera otra cosa, no estaba de ninguna manera prohibido elegir un animal cuyo costo fuera menor debido a alguna irregularidad física, pero en el caso de la Pascua los animales sacrificados debían ser siempre los de mayor valor.

«…porque nuestra Pascua que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros». 1 Corintios 5:7

El cordero perfecto y sin mancha simboliza al Señor Jesucristo quien siendo irreprensible en su cumplimiento de la Ley fue sacrificado para, con su Sangre (Levítico 17:11), dar vida a su pueblo.

Es pues Jesucristo el Cordero perfecto y sin mancha (1 Pedro 1:19 / Apocalipsis 5:6-14) no solo en su observancia de la Ley en su forma exterior o literal, sino también en la interior, que es el cumplimiento espiritual de la letra: amar a Dios y al prójimo (Mateo 22:34-40 / Romanos 13:8).

La perfección del cordero de Pascua le daba mayor valor por sobre los demás ejemplares. El simbolismo de esto también podemos verlo claramente en la persona de nuestro Señor Jesucristo, pues además de ser perfecto en su relación tanto con Dios como con los hombres (Efesios 4:13), acudía a Jerusalén en tiempo y forma como el rey profetizado encargado de unificar a Israel.

La víctima del sacrificio debía ser macho de un año porque por definición el cordero es la cría de la oveja que no pasa de un año, ya que al macho mayor de un año se le llama carnero. El simbolismo de un ejemplar no mayor de un año es la inocencia, la dulzura, la mansedumbre y la pureza; todos ellos también atributos de nuestro Señor Jesucristo en su primera estancia.

El sacrificio del cordero

«Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes». Éxodo 12:6

El cumplimiento profético del significado espiritual del sacrificio del cordero de Pascua por parte de nuestro Señor fue su muerte.

El día hebreo estaba dividido en dos partes, la parte nocturna, con la que iniciaba el día propiamente dicho, y la parte diurna con la que concluía el lapso de tiempo.

Cada parte estaba dividida en 12 horas aproximadamente. En lo que respecta a la parte diurna se dividía en dos partes también. El amanecer significaba la primera hora. La mitad correspondía a la hora sexta, que serían las doce del día. Entre la hora sexta y la decimosegunda encontramos la mitad de las dos tardes a que se refiere el texto, que corresponde a las tres de la tarde.

Justo a la hora en la que se debía ofrecer el cordero El Señor Jesucristo era crucificado. Por la forma en que se medía el tiempo, misma que acabamos de explicar, sabemos que entre las dos tardes significa la hora novena del día, es decir, las tres de la tarde (Mateo 27:45-50).

En cuanto al mandato de que toda la congregación debía inmolar al cordero significa que espiritualmente hablando todos participamos en su muerte y por tanto somos culpables del derramamiento de su Sangre (Isaías 53:5-6).

La sangre del cordero

«Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer». Éxodo 12:7

La Escritura nos muestra que la sangre es el espíritu que da vida al ser (Génesis 9:4 / Génesis 4:10 / Hebreos 12:24). El Señor Jesucristo nos enseña que solo comiendo su carne -que es su Palabra (Mateo 26:26 / Juan 6:51)- y bebiendo su sangre -que es su Espíritu (Gálatas 4:6)- tendremos vida eterna (Juan 6:53-57).

La sangre derramada de nuestro Señor Jesucristo es su Ser Interior, su Espíritu Santo (2 Corintios 3:17 / Gálatas 4:6 / Filipenses 1:19 / 1 Pedro 1:11 / Juan 14:18-20 / Juan 14:23 ), la Presencia Santísima que nos lleva a toda verdad cuando abrimos su Palabra para tener comunión con Ella (Juan 16:13 / Apocalipsis 3:20).

Desde siempre y en todas las culturas el concepto de templo se entiende como el lugar donde habita el Dios al que se sirve. Por ello, los postes y el dintel son la entrada de la CASA ESPIRITUAL -la congregación- en la cual servimos (1 Pedro 2:5-7), misma de la que no debemos salir (Éxodo 12:22) pues sus muros nos protegen (Mateo 7: 24-25 / 1 Corintios 3:9-16).

«Porque El Señor pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará El Señor aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir». Éxodo 12:23

Si bien la Escritura nos muestra que la congregación es la Casa del Señor (Efesios 2:20-22). asimismo también nos enseña que cada uno de nuestros cuerpos son igualmente templo del Espíritu (1 Corintios 6:19). Así que la puerta a la que alude el ritual simboliza nuestro intelecto y emociones y la sangre untada (1 Juan 5:8) por supuesto es el Espíritu del Señor que nos libra de la muerte (1 Corintios 15:55-56 / Josué 2:18-19 / Josué 6: 20-25 / Ezequiel 9:1-6).

«Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo El Señor. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto». Éxodo 12:12-13

Purificación interior y exterior del cordero por agua y por fuego

«Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas». Éxodo 12:9

El libro de Levítico nos dice que las entrañas del cordero, antes de ser ingeridas (incluso también en el caso de los holocaustos en que se consumía en el fuego toda la ofrenda) debían antes ser purificadas por agua (Levítico 1:13), esto es, lavadas, lo cual es símbolo del rito de la purificación por agua al que nuestro Señor acudió (Lucas 3:21). Rito que hoy conocemos como bautismo y que en los tiempos de Jesús se le conocía como el rito de inmersión en la mikvé, término hebreo éste que alude a una acumulación de agua pura de lluvia (Levítico 11:36), ya fuere una poza, un lago o un río.

Con la ceremonia ritual de inmersión (bautismo) se accede no a la purificación del cuerpo (1 Pedro 3:21) sino a la purificación interior o espiritual (Ezequiel 36:25-27 / Ezequiel 43:26 / Hebreos 10:22 / Efesios 5:26) ya que la inmersión en agua pura simboliza la limpieza del ser interior que efectúa el Espíritu Santo.

Las entrañas del cordero de Pascua simbolizan el Ser Interior de nuestro Señor Jesucristo el cual fue purificado por el lavamiento interior por agua en el Jordán (Marcos 1:9). No porque necesitara purificarse, sino como un testimonio a los hombre y un ejemplo para los que le seguimos.

Solo si el cordero era ritualmente purificado por agua y por fuego, esto es, interior y exteriormente, era apto para la ingesta.

En cuanto a la purificación por fuego de nuestro Señor Jesucristo esta consistió en los suplicios que padeció y su muerte de cruz (Marcos 9:49).

Tanto la purificación en agua que es interior como la purificación por fuego, son pasos que nosotros quienes le seguimos debemos estar dispuestos a dar tras de Él (Mateo 16:24 / Marcos 10:39).

«…respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará [purificará] en Espíritu Santo y fuego». Lucas 3:16

Ambos fueron testimonios públicos. Luego del bautismo o purificación por agua, el Dios Examinador (Hebreos 4:12) hizo pública su aprobación de que El Señor Jesucristo cumplía con la requerida limpieza interior o espiritual (1 Pedro 3:21). Por su parte, los suplicios y el martirio o purificación por fuego, fueron la prueba de que siempre dijo la verdad, y ante la posibilidad de retractarse para evitar padecer (Mateo 10:33 / Mateo 26:69-70), prefirió morir (Mateo 10:27-28).

Los que seguimos a Jesucristo debemos estar bien dispuestos a participar gozosos con Él (1 Pedro 4:12-13 / Juan 12:25-26) en ambas purificaciones testimoniales -agua y fuego- , porque si en esta vida participamos en sus sufrimientos en la siguiente participaremos en su gozo (1 Pedro 4:13).

Así como la carne cruda -por contener impurezas capaces de causar la muerte- debe ser asada, la Palabra que predicamos ha de ser purificada por el fuego de los sufrimientos (Romanos 8:17 / Hechos 14:22). La cabeza, simboliza los pensamientos; los pies las acciones y las entrañas las intenciones y las emociones. Partes del ser que deben estar completamente limpias al anunciar el santo evangelio (Filipenses 2:3 / 2 Corintios 2:17), pues El Señor no solo juzgará nuestras obras, sino también la verdadera intención con las que las efectuamos (Apocalipsis 2:23 / Mateo 7:21-23).

No elegir lo que se come del cordero y comerlo apresuradamente

«Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego». Éxodo 12:10

El pueblo no debía seleccionar lo que comía o no del cordero. De la misma forma, nosotros, también pueblo de Dios, no debemos seleccionar lo que queramos obedecer o no de la Palabra (1 Corintios 15:2 / Efesios 5:5-7 / Romanos 16:17-18). Así como lo que dejaran debía ser quemado por fuego al otro día, todo lo que dejemos de obedecer quedará expuesto al castigo eterno en la otra vida.

«Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de El Señor». Éxodo 12:11

Debían comerlo con la ropa con la que iban a salir de viaje. Esto simboliza que debemos vivir comiendo el Alimento espiritual, que es la Palabra de Dios, siempre listos para nuestra partida de este mundo hacia la siguiente vida -que será en cualquier momento-. Comer apresuradamente significa no acomodarnos en esta estancia por la que solo estamos de paso (Romanos 12:2 / Filipenses 3:20 / 1 Pedro 2:11).

La Ley también ordena que ningún hueso del cordero debía ser quebrado (Éxodo 12:43-46) esto tuvo su cumplimiento profético cuando Jesucristo fue crucificado.

«Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas». Juan 19:33

El compartir la comida

«Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero». Éxodo 12:4

En las culturas del antiguo oriente, tomar los alimentos no solo era algo íntimo, sagrado y solemne, sino que era también un acto lleno de misticismo. Una de las muchas cosas que se evitaba durante la comida -a causa de este misticismo- era ingerir los alimentos en compañía de algún extraño, o alguien de quien se tuviera la certeza de su mala reputación (Mateo 9:11).

Para el pensamiento oriental de tiempos bíblicos, comer con alguien, es decir tener comunión con él, creaba un vínculo sagrado, íntimo e indisoluble (Génesis 43:32 / Éxodo 12:43 / 1 Corintios 5:11).

En el caso de la Pascua, ya el solo hecho de obedecer el mandato compartiendo la comida con el vecino más próximo (prójimo) [1] significaba un vínculo solemne con éste ante Dios, pero no era una comida común la que se compartía, sino el animal sacrificado para salvación mutua. Esto añadía a ese vínculo espiritual -ya lo dijimos, eterno e indisoluble- un elemento más: la confraternidad, pues los vecinos, que al compartir los alimentos de la salvación se convertían para siempre en hermanos del alma, esa noche la pasaban juntos y a salvo, bajo la protección de la sangre del cordero, mientras que puertas afuera el heridor mataba sin misericordia a los primogénitos de los egipcios.

[1] En el español medieval la letra x se pronunciaba como j. Un ejemplo lo tenemos en la palabra México, la cual se sigue pronunciando Méjico (También están Texas, Oaxaca o Xerez). Así, la palabra que actualmente está traducida como prójimo alude al vecino más próximo, al que por Ley Divina siempre hay que ayudar.

Es el mismo vínculo de confraternidad que la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, SU SANTO ESPÍRITU (1 Juan 5:8), crea entre los que nos congregamos en torno a Él para tener COMUNIÓN en su Palabra -la carne del cordero (Juan 6:53)- y obedecerla. Por ello, entre nosotros, los seguidores de Jesucristo, nos llamamos hermanos, pues compartimos la misma carne y sangre ingerida espiritualmente (Juan 6:54).

Por ello también, las dos familias reunidas para comer se convierten en una sola, simbolizando a la congregación del Cordero (Lucas 8:21), quienes fraternalmente nos reunimos para compartir el Cordero inmolado (Apocalipsis 5:8-9), la Palabra de Dios, que es nuestro Señor Jesucristo (Juan 1:1-3 / Juan 6).

Los panes sin levadura y las hierbas amargas

«Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán». Éxodo 12:8

La levadura simboliza la maldad. Los panes sin levadura no solo simbolizan a Jesús, que es el Alimento espiritual de su pueblo (Juan 6:32-58) sino también simbolizan al pueblo de Dios que por la sangre del cordero ha sido limpiado de sus pecados o maldades.

Las hierbas amargas representan la amargura que es vivir en el sufrimiento de este mundo y del cual debemos estar deseosos de salir (Éxodo 2:11).

«y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor». Éxodo 1:14

Solo los circuncidados podían participar de la Pascua

«Mas si algún extranjero morare contigo, y quisiere celebrar la pascua para El Señor, séale circuncidado todo varón, y entonces la celebrará, y será como uno de vuestra nación; pero ningún incircunciso comerá de ella». Éxodo 12:48

La circuncisión es la señal del pacto celebrado entre Dios, Abraham y todos los descendientes de éste último (Génesis 17:10-14). Por tanto todos los israelitas varones debían estar circuncidados.

Mas aquel que siendo hombre extranjero quisiere formar parte del pueblo elegido podía hacerlo circuncidándose [2]. Al circuncidarse mediante el rito indicado se comenzaba a cumplir la Ley y por tanto la persona se volvía parte del pueblo elegido con todos los privilegios y obligaciones que implicaban servir al Dios de Israel. Se daba por entendido que mediante el rito de circuncisión se renunciaba a servir a otros dioses para servir únicamente al Dios de Israel.

[2] Tal como lo muestra el libro de Rut, para las mujeres extranjeras no era requerido un ritual de conversión. El matrimonio con algún israelita era suficiente para ser consideradas como parte del pueblo de Israel.

Como ya sabemos bien, a la Casa de Israel ya no le es requerido efectuar rito alguno de la Ley de Moisés, y la circuncisión física no es la excepción, sin embargo sí que lo es la circuncisión espiritual, la interior:

«Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios». Romanos 2:28-29

La circuncisión física representa la fidelidad al Dios de Israel. Es extraer de nuestros corazones los deseos de aquello de este mundo que otros dioses nos ofrecen a cambio de servirles también a ellos (Mateo 4:8-10 / Mateo 6:24). La propia ley de Moisés así lo explica:

«Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz». Deuteronomio 10:16

Explicar a los hijos el porqué del ritual

«Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre. Y cuando entréis en la tierra que El Señor os dará, como prometió, guardaréis este rito. Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro?, vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de El Señor, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas. Entonces el pueblo se inclinó y adoró». Éxodo 12:24-27

Justamente la parte culminante de la ceremonia consiste en explicar el significado del rito. Si el significado de todo el ritual no se explica a las generaciones siguientes la información que contiene se perderá y el rito quedará hueco y sin sentido, por tanto su propósito se habrá perdido.

La Santa Cena y la Fiesta de Pascua

«…porque nuestra PASCUA, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros». 1 Corintios 5:7

Los elementos del ritual instituido por los apóstoles (1 Corintios 11: 17-22 / 27- 34) y conocido entre la hermandad como Santa Cena, el pan sin levadura y el vino, provienen a su vez de los rituales de Pascua y Panes sin Levadura (1 Corintios 11: 23-26). Siendo el pan sin levadura el símbolo del cuerpo del Señor y el vino su sangre:

«Y tomó EL PAN y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: ESTO ES MI CUERPO, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: ESTA COPA es el nuevo pacto en MI SANGRE, que por vosotros se derrama». Lucas 22:19-20

«Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí». Juan 6: 53-57

 

Nombre en hebreo: Pésaj (Salto)

Época correspondiente: Siega

Mes del calendario hebreo: primer mes; día catorce

Mes de nuestro calendario: a fines de marzo o principios de abril

Producto de temporada: cebada, principalmente

Fiesta del ciclo agrícola: primera