Linaje Escogido – capítulo muestra

PREFACIO | El misterio de Dios revelado a la humanidad, el evangelio original que predicaron los apóstoles y las tribus perdidas de Israel

Al revisar la multitud de expresiones registradas en los evangelios, el libro de Hechos y los demás Escritos del Nuevo Testamento (Nuevo Pacto), es fácil darse cuenta de que nuestra comprensión de la Escritura se ha desenfocado (a miles de años de distancia es más que comprensible), pues ya no concuerda con la de aquellos quienes predicaron y oyeron el evangelio original: ¡Los apóstoles y creyentes del primer siglo entendían las Escrituras de una forma diferente a la que nosotros lo hacemos!

1. El misterio de Dios revelado a la humanidad

En su enseñanza, los apóstoles manejaron una serie de conceptos que al no resultar del todo claros para los lectores modernos, estos han preferido erróneamente pasarlos por alto. Como consecuencia se dejó también de lado la clave para el correcto entendimiento de la Escritura, pues sin esa información la comprensión del Mensaje de la Biblia resulta incompleta.

Al entrar en contacto con los Escritos que conforman el Nuevo Pacto (Nuevo Testamento), lo primero que debería saltarnos a la vista es que el apóstol Pablo constantemente habla en sus cartas de un misterio que Dios ocultó durante siglos, el cual le fue revelado por el propio Señor (Romanos 16:25-27 / 1 Corintios 2:7 / Efesios 1:8-10 / Efesios 3:8-9 / Efesios 6:19-20 / Colosenses 1:24-29 / Colosenses 2:2 / Colosenses 4:3).

La revelación de tal misterio fue de importancia máxima no solo para Pablo, sino también para todos los apóstoles y profetas:

A juzgar por las evidencias (poco a poco las iré poniendo ante su vista) no se trató de un asunto menor. Gradualmente usted se irá dando cuenta de que en realidad aquello fue una bomba que, al detonar, revolucionó de forma tal las mentes y corazones de todos los hombres de Dios de aquella época, que (aunado a la resurrección del Señor) los impulsó a predicar las buenas nuevas por todo el mundo.

2. El evangelio original predicado por los apóstoles

El término evangelio, que viene del griego euanguélion (Strong G-2098) significa buenas noticias. Evangelizar es trasmitir o llevar buenas noticias. Las buenas noticias que anunciaban los apóstoles era el misterio de Dios revelado a la humanidad. El misterio revelado a apóstoles y profetas era el evangelio original.

Por ejemplo, y ya entrando en materia, el apóstol Pedro usa expresiones acuñadas para los creyentes, tales como linaje escogido, real sacerdocio o pueblo adquirido (1 Pedro 2:9). No son términos que hoy día se manejen con soltura, como al parecer en la iglesia de los primeros días (dotada con un sólido trasfondo cultural hebreo, por supuesto) sí ocurría.

Santiago, o más bien Jacobo [*], columna de la iglesia en Jerusalén (Gálatas 2:9), saluda a los creyentes de todas las naciones, refiriéndose a ellos como las doce tribus en la dispersión (Santiago 1:1).

[*] El nombre Santiago es una derivación de Jacobo, que de Santo Yacobo pasó a SantYaco y finalmente a Santiago.

El autor de la carta a los Hebreos afirma que Jesucristo vino específicamente a salvar a los descendientes de Abraham (Hebreos 2:16).

Jesucristo mismo, declara que su cometido es buscar a las ovejas perdidas de la Casa de Israel (Mateo 15:24 / Lucas 19:9-10).

La profecía de Apocalipsis revela que ciento cuarenta y cuatro mil miembros de las doce tribus de Israel recibirán una misión especial que se cumplirá en los días previos al regreso del Señor (Apocalipsis 7:1-8 / Apocalipsis 14:1-5).

Todo ello nos lleva a la siguiente interrogante: ¿cuál exactamente era ese misterio de Dios revelado a la humanidad a través de los apóstoles y cómo sabemos que en verdad era el evangelio original?

Usted encontrará la respuesta a lo largo de toda esta obra, pues ese es precisamente el propósito de este trabajo. Así que, sin más dilación, comenzaré a responder de inmediato.

3. Las tribus perdidas de Israel: el pueblo de Dios que vaga perdido

El misterio revelado, es decir, el evangelio original, gira en torno al regreso del pueblo de Dios que, desde hace miles de años, vaga perdido entre las naciones.

Imagine que usted todos los días ve a un hombre que vaga por las calles sin memoria y sin identidad. Desaseado y hambriento, vive de la limosna que otros le dan al pasar.

Ahora imagine también, que usted descubre que ese limosnero en realidad es el heredero único de una fabulosa fortuna y que vive así porque un terrible infortunio le ha hecho perder la memoria.

¿Acaso no correría de inmediato a hacer lo posible por remediar la situación? Pues debe usted saber que con el pueblo de Dios sucede exactamente ese mismo drama.

Durante generaciones, multitud de hijas e hijos de Dios han pasado por este mundo sin haberse enterado de que eran herederos de un esplendoroso reino que existió hace mucho tiempo y del cual hoy solo quedan unas cuantas piedras (Miqueas 1:6-7).

La revelación de las Escrituras y el poder espiritual que genera

Lo que quedará expuesto en las siguientes páginas, seguramente impactará de forma tal en el centro de sus pensamientos y emociones, que le hará experimentar el mismo gozo que seguramente vivieron los apóstoles en el primer siglo. Muy probablemente surgirá de usted un deseo profundo de sumarse a la búsqueda de lo que se ha perdido. Y lo que se ha perdido no es poca cosa, sino una gran parte del pueblo de Israel que ha venido a nacer sin memoria y sin identidad en todas las naciones. Es la historia de usted y la mía. Pero también la de muchas otras personas que no saben que pertenecen al linaje escogido de Israel, el pueblo elegido de Dios.

Porque lo que ese misterio oculto durante siglos revela, es que todos los seguidores de Jesucristo pertenecen a Israel.

La historia de Israel no es la de un pueblo común, pues de principio a fin es asombrosa y sobrenatural, no hace falta más que leer cualquier parte de la Biblia para constatarlo.

La Biblia es el registro de la historia del pueblo elegido, pero a diferencia de los demás libros de Historia, que relatan el pasado de los pueblos, la Palabra de Dios no solo nos muestra el pasado, sino también el presente e incluso el futuro de las doce tribus.

El nuestro es el único pueblo cuya historia escrita incluye eventos que ya se cumplieron, pero también algunos que están cumpliéndose e incluso otros más que van a cumplirse.

A través del recorrido que haremos por la Biblia viajaremos al pasado del pueblo elegido encontrando un enigmático hilo conductor por el que descubriremos que diez de las tribus de Israel de pronto desaparecieron perdiéndose entre las naciones.

Ya en la línea del presente, ese mismo hilo conductor nos mostrará que Jesucristo, ahora mismo, mientras usted lee estas líneas, está buscando incesantemente a esas ovejas extraviadas que ni siquiera sospechan que pertenecen a la Casa de Israel, pues no saben que sus ancestros formaron parte de aquellas diez tribus perdidas.

Esa secuencia de acontecimientos nos llevará al futuro, en el que la Escritura registra que, felizmente, las doce tribus serán reunidas en la Tierra Prometida para no volver a separarse nunca más.

Así que, a través de la Biblia, recorreremos el pasado, el presente y el futuro de nuestro pueblo en busca de los siguientes tres componentes:

1. El misterio de Dios revelado a la humanidad,

2. El evangelio original que predicaron los apóstoles

3. Las tribus perdidas de Israel

Y una vez habiéndolos reunido, lo primero que usted observará es que se acoplan a la perfección. Enseguida, ya ensamblados, todos juntos le mostrarán un panorama de las Escrituras distinto al que usted conocía: fluido, lógico, completo, correcto y muy excitante. Exactamente, el mismo que tuvieron los apóstoles.

Es el deseo de mi corazón que con esto, todos los descendientes del pueblo santo, el linaje escogido, sean puestos sobre aviso, a fin de que aguarden, con esperanza y en paz, el glorioso cumplimiento de la Promesa. Después de todo, como he dicho, eso es precisamente evangelizar, llevar las buenas noticias de gran gozo (Lucas 2:10). ¡Y he aquí grandes y excelentes noticias para todo el pueblo de Dios!

INTRODUCCIÓN | Se encomienda a Pablo revelar el misterio a los gentiles

Poco a poco los hombres de Dios se fueron dando cuenta de que el plan del Señor incluía a las naciones gentiles. Pero al principio, a ellos también les tomó por sorpresa:

Fue entonces que a Pablo se le encomendó la delicada tarea de ir a exponer la revelación del misterio ante los gentiles (Gálatas 2:6-8), aquellos que al no ser judíos carecían de un trasfondo cultural hebreo. El enigma que al apóstol se le mandó divulgar consistía en un plan secreto, oculto durante siglos, al cual se le había llegado la hora de ser dado a conocer al mundo:

Pablo comenzó a ser perseguido ferozmente por ciertos judíos porque el plan de Dios giraba en torno a la recuperación de las diez tribus de Israel que siglos atrás se habían perdido entre las naciones:

El problema de comunicar un evangelio hebreo a no judíos

Aquí nos encontramos con un asunto en el que valdría la pena detenernos: el trasfondo cultural de los que oyeron por primera vez el evangelio.

Antes de que Pablo fuera enviado a predicar las buenas nuevas entre las naciones, estas se predicaron ante oyentes completamente familiarizados con la primera parte de la Biblia: el Primer Pacto (conocido en la actualidad como Antiguo Testamento). Eran personas que provenían de alguna de las diferentes culturas hebraicas, tanto de Judea como de las expandidas por el mundo. Galileos y samaritanos, por ejemplo; así como también esenios y demás judíos de Jerusalén y en general de todas las naciones bajo el cielo (Hechos 2:5-11):

Está claro que todos esos primeros creyentes conocían los pormenores de las historias del antiguo Israel (Juan 4:5-26). Sabían, por ejemplo, que, al morir el rey Salomón, las luchas internas provocaron la división del reino en dos naciones y que, siglos más adelante, la del norte desapareció arrasada por los asirios. Y desde luego que estaban al tanto también de las numerosas profecías que anunciaban el regreso de los descendientes de todas las tribus a la Tierra Prometida:

Gracias a que nacieron dentro de alguna colectividad de raíz hebrea, entendieron de inmediato el significado del evangelio original, que básicamente consistía en la esperanza de la aparición de un rey sobrenatural que mediante el Poder de Dios reuniría en torno suyo a las doce tribus:

Por ejemplo, cuando María recibió la noticia de que daría a luz al futuro rey de Israel, ella sabía perfectamente que ese era el rey esperado (Mateo 11:3 / Mateo 2:1-6) que unificaría a las tribus dispersas por el mundo. Luego entonces, las buenas nuevas (evangelio) consistían en que el rey, por el que todos estaban a la expectativa, por fin había llegado:

[*] El nombre deJesús proviene del hebreo Yoshua (Strong H-3091) traducido comoJosué, que significa Salvador de Dioso Salvación de Dios. Dado que el Cristo o Mesías tiene como cometido rescatar a las tribus esparcidas por todas las naciones (Isaías 11:11-12), se le llama el Salvador del mundo(Juan 4:40-42 / Hechos 11:18).

La enseñanza de Pablo a los gentiles

Pero si bien felizmente para los creyentes del entorno hebreo no fue un problema entender el significado de las buenas nuevas, con toda seguridad no fue así para el grupo de gente al que a Pablo le fue encomendado evangelizar (ya lo he dicho, los no judíos o gentiles), debido a que ese sector de la población desconocía las Escrituras en forma total [**].

[**] Pablo, hombre políglota (Hechos 21:40 / Hechos 26:14) y conocedor de la cultura helena (Tito 1:12), se comunicaba con todos ellos, ya fuera en forma oral o escrita, en griego (todas sus cartas fueron escritas en esa lengua).

Aquí Pablo se encontró con un obstáculo grande (que no insalvable), pues, como usted se irá dando cuenta, es imposible explicar el Nuevo Pacto a una audiencia que desconoce el Primer Pacto. Lo que significa que, invariablemente, el apóstol, antes de explicar el pacto nuevo, debía enseñar a los creyentes gentiles todo lo concerniente acerca del primero.

El Nuevo Pacto es la clave central de la salvación eterna, pues es el único camino que el Padre celestial ha establecido para que sus tribus regresen a Él (Juan 14:6).

En verdad que no sabemos a ciencia cierta qué fue lo que causó que nos apartáramos de esa comprensión original del evangelio que circulaba en las primeras iglesias, pero en mi opinión, es muy probable que haya sido debido a que se abandonó la exitosa táctica de Pablo (adquirida ya desde su primera experiencia) de poner inmediatamente al tanto del trasfondo hebreo de las Escrituras a los gentiles que se sumaban a la iglesia:

Por las epístolas del apóstol, en las que constantemente explica la fe a través de los temas de la Escritura hebrea, sabemos con certeza que a todas las iglesias, a fin de que entendieran el mensaje en su totalidad, paciente y constantemente las ponía al día en cuanto a la parte hebrea de la Escritura.

En sus cartas, Pablo siempre procuraba recordar y reafirmar todo lo que el apóstol y sus discípulos previamente enseñaban en las iglesias que ellos fundaban (Hechos 20:7):

No hay en lo absoluto registro escrito de cómo era el programa de enseñanza impartido por Pablo y quienes le asistían, pero me gusta pensar que quizá se acercaba mucho a los que se desarrollan en nuestras escuelas dominicales (Hechos 19:9). Como fuese, seguramente que habrá sido una delicia indescriptible recibir ese saber impartido directamente por aquellos hombres llenos del poder, conocimiento y amor de Dios.

Basándonos en lo que he explicado hasta ahora, en este libro, usted y yo vamos a recuperar ese conocimiento básico y sencillo de la Escritura que Pablo compartía con las personas que, sin tener una cultura hebrea, escuchaban el evangelio por primera vez.

Quizá una de las claves más importantes para volver al enfoque del evangelio original (y ya comenzando a emular lo que hacía Pablo) sea conocer, primeramente, que mucho tiempo atrás, y retomando lo ya dicho, la mayor parte del pueblo de Israel se perdió entre las naciones. ¿Cómo se perdió? Ya lo he mencionado, sucedió de forma simple, pero terrible: luego de ser conquistado, fue desarraigado con violencia de su tierra.

La misteriosa historia de las tribus perdidas de Israel esparcidas por los asirios y su vínculo con los seguidores de Jesucristo

En el año 722 a. C. Sargón II, rey de Asiria, conquistó uno de los dos reinos en los que el Israel original se había dividido: el del norte. En esa nación habitaban diez de las doce tribus originales.

El ejército invasor arrasó la capital, Samaria, y la mayoría de los habitantes de ese territorio, incluyendo la clase dirigente, fueron esparcidos hacia otras tierras ocupadas por el imperio asirio.

La población de aquellas tribus fue absorbida por otras culturas y todo rastro de ellas se perdió. Es por eso que, hasta el día de hoy, se les conoce como las tribus perdidas de Israel.

Para evitar futuras sublevaciones, los asirios desarraigaban a los pueblos recién conquistados y los esparcían hacia otras naciones con el fin de que perdieran su identidad original.

Con el paso de los siglos, en efecto, los descendientes de aquellas diez tribus que originalmente ocuparon el país del norte, fueron asimilados por naciones extranjeras, adquiriendo otros idiomas y muy variadas y diferentes costumbres y formas de pensar, olvidando por completo al Dios de sus ancestros.

Cada nueva generación se dispersó hacia territorios más lejanos, hasta que al fin, un día cruzaron los océanos y terminaron de esparcir por todo el mundo el antiguo linaje de Israel.

Ninguna de las generaciones posteriores volvió, como nación, a la Tierra Prometida. Nunca sospecharon siquiera que sus raíces estaban en la tierra de Israel, ni que sus ancestros alguna vez formaron parte del pueblo elegido.

Pero, no obstante su lejanía, tanto en distancia como en tiempo (Efesios 2:12-17), a toda esa incontable multitud de gente le sigue perteneciendo una Promesa en la Biblia que está por cumplirse.

Tal Promesa dice que, aunque aquellas tribus originales fueron esparcidas por todo el mundo, y en efecto, se perdieron, El Señor no se olvidará de SUS DESCENDIENTES, puesto que para Él siguen perteneciendo a su nación santa. E incluso hará más, pues aunque los tales hubieran ido a parar a las tierras más lejanas, hasta allá, El Señor irá a buscarles, los encontrará y los restaurará COMO UN SOLO PUEBLO en el mismo lugar del que sus ancestros fueron echados:

Así que en eso consiste básicamente la revelación del misterio: que los gentiles que siguen al Señor son los descendientes de aquellas tribus esparcidas por el mundo. Quienes han aceptado el evangelio de Jesucristo son todas esas personas en las que se ha comenzado a cumplir la promesa de restauración (Hechos 26:7), es decir, los descendientes de las tribus perdidas de Israel que han iniciado el camino de regreso al Padre Celestial:

De tal forma que todos los que siguen, aman y obedecen a Jesucristo pertenecen a Israel, pues son linaje del pueblo escogido y, por tanto, el legado descrito en la Biblia les pertenece.

Todas aquellas personas que han nacido en la gentilidad, pertenecen al grupo que los profetas llamaron las ovejas perdidas de la Casa de Israel (Jeremías 50:6 / Ezequiel 34:6), el linaje extraviado que forma parte legítima de Israel y está próximo a ser restaurado, pues son coherederos (Romanos 8:17) de todas las Promesas hechas al pueblo elegido.

Así que, para el mejor entendimiento de este trabajo, es importante tener siempre en mente lo que la Biblia enseña respecto a que Israel está conformado no solo por los judíos, sino por doce tribus, de las cuales al momento diez están perdidas en todo el mundo. Y esa es precisamente la misión de Jesucristo (de la cual Pablo fue hecho partícipe, y con él, también todas y todos nosotros), la restauración definitiva de las doce tribus originales.

El Nuevo Pacto y el Camino de regreso al Padre

Todas las enseñanzas de Pablo apuntaban hacia la comprensión exhaustiva del Nuevo Pacto (la Gracia) y así lo retomaremos en esta obra. Ahora bien, como he dicho, no se puede explicar el Nuevo Pacto sin exponer antes el primero. Por ello es que en este trabajo empezaré por detallar en lo que consistió aquel Primer Pacto para explicar después lo que implica el cumplimiento del Nuevo Pacto, el maravilloso Camino nuevo (Hechos 24:14 / Hebreos 10:20) que hace posible nuestro regreso al Padre Celestial:

Los puntos que se resuelven en esta obra

Así las cosas, esta obra está estructurada de forma tal que al final usted tendrá claro los puntos que conformaban el trasfondo cultural de los apóstoles en el primer siglo y que siempre tuvieron que ver con la fe original en Jesucristo:

a. Los dos pactos con Israel, el primero y el nuevo

b. Las tribus perdidas de Israel

c. El regreso de las tribus perdidas por medio del Nuevo Pacto

d. La restauración definitiva de las doce tribus de Israel esparcidas por todas las naciones

Con asombro y regocijo, usted se dará cuenta de la facilidad con la que puede entenderse la Escritura

bajo la misma enseñanza lógica y comprensible con la que los apóstoles la explicaban.

No tengo duda alguna de que, al leer este trabajo, igual como me sucedió a mí, tendrá la sensación de estar oyendo el evangelio por primera vez.

Al alinearse en su mente el asombroso conocimiento de la voluntad Divina, se abrirá un canal por medio del cual usted recibirá de lo Alto el mismo poder espiritual, la fe y la paz que sobreabundó en aquellos primeros creyentes quienes oyeron estas mismas cosas.

Como si se tratase de una expedición arqueológica, que al excavar en el lugar correcto descubre una antigua y esplendorosa ciudad oculta bajo tierra, en este libro haremos una extraordinaria búsqueda por los textos de la Escritura a través de los cuales iremos recuperando la comprensión original que fluía en la época de los apóstoles. ¡Revelaremos la doctrina que enseñaban quienes tuvieron contacto físico con el Señor Jesucristo!

Comencemos, pues, con la revelación del misterio de Dios a la humanidad, que estuvo oculto durante siglos. ¡Vamos!

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