La Parábola del sembrador y el corazón endurecido

Para‭ ‬quienes vivían en‭ ‬el antiguo Israel era vital conocer‭ ‬todo acerca de la tierra que cultivaban,‭ ‬ya que,‭ ‬por ejemplo,‭ ‬el usar una tierra cuyo rendimiento fuera pobre ‬podía resultar en hambrunas catastróficas.‭ ‬En cambio, si la tierra que‭ ‬se utilizaba para sembrar era buena y fértil, no solo había estabilidad en el núcleo familiar, sino en todo el‭ ‬reino.

Nuestro Señor Jesucristo hablaba a aquellas personas con parábolas acerca de semillas,‭ ‬tierras‭ ‬y malas hierbas, porque esos eran temas que‭ ‬conocían a la perfección.‭ Al hablar en tales términos, el fondo del Mensaje era susceptible de ser entendido correctamente sin necesidad de detenerse a explicar cosas elementales.

Pero nosotros, habitantes de la modernidad, ya no estamos apegados al campo como en aquellos tiempos, y es necesario que nos sean explicadas algunas cosas básicas‭ ‬del ciclo agrícola a fin de captar el significado del Mensaje bíblico.

Por ello,‭ ‬a fin de extraer‭ ‬correctamente los entendimientos ‬de estas particulares enseñanzas de la Biblia, antes necesariamente debemos‭ ‬saber‭ ‬lo básico acerca de los temas agrícolas,‭ ‬por lo que en este libro, de tanto en tanto, nos detendremos a detallar un poco de tales asuntos.

Mediante esta parábola, la Biblia explica que aunque el corazón del hombre se comporta de la misma manera que la tierra, hay diferentes calidades de la misma.

De la misma manera que nuestros ancestros, quienes sembraban en el antiguo Israel sabían que había diferentes tipos de tierra, también nosotros debemos entender que no todos los que oyen la Palabra de Dios la obedecen de igual forma.

En este capítulo revisaremos el significado de la buena tierra en la parábola del sembrador, la cual relaciona la calidad más alta de la tierra cultivable con el corazón sensible y obediente:

El corazón y los tipos de tierra

Esta enseñanza, que nos presenta como figuras a la tierra, la semilla, la siembra y el fruto y que conocemos como la parábola del sembrador, es una herramienta básica (Marcos 4:13) para comenzar a descifrar el significado de todas las demás parábolas.

Acorde a esta enseñanza del Señor Jesucristo, son cuatro los diferentes tipos de corazones los de aquellos quienes oyen la Palabra, pero solo uno da fruto. Estos son, a continuación, los tipos de tierra o corazones en los que la Palabra, que es la semilla (Lucas 8:11), es sembrada (Marcos 4:14):

1. Los que oyen la Palabra, pero enseguida la desechan, porque no la entienden

2. Los que oyen la Palabra y la reciben con gozo, pero son de corta duración

3. Los que oyen la Palabra, pero no dan fruto

4. Los que oyen la Palabra y enseguida la practican y dan fruto

A continuación explicaré brevemente cada uno de ellos:

Los que oyen la Palabra pero enseguida la desechan, porque no la entienden

El Señor nos explica el significado de esta primera figura:

El camino al que se refiere esta parábola es el surco que el sembrador hace en la tierra con el arado (1 Reyes 19:19) a fin de sembrar la semilla. Esta imagen nos habla de aquellas semillas que cayeron fuera de tal hendidura, la cual, simbólicamente, representa al buen camino o camino recto (1 Samuel 12:23).

Esas semillas que no cumplieron su propósito, y que fueron llevadas por las aves, nos hablan de que, si bien la semilla del evangelio deberá ser esparcida en todas las naciones (Marcos 16:15 / Mateo 24:14) es una realidad que habrá quienes aunque en primera instancia escuchen la Palabra de Dios terminen por desecharla debido a que, al estar sus vidas en el mal camino, otras cosas les distraen, y aquella palabra que escucharon, puesto que no la entienden o no la creen, es olvidada prontamente.

Los que oyen la Palabra y la reciben con gozo, pero son de corta duración

La explicación que nos da el Señor es la siguiente:

La tierra endurecida, que no es ablandada periódicamente por la lluvia, con el paso del tiempo finalmente termina por convertirse en piedra.

Estos son los creyentes que reciben el evangelio con gozo, pero al venir la tribulación (Marcos 4:17), la aflicción y la persecución inmediatamente se apartan (Mateo 13:20-21). Debido a diferentes factores, sus corazones se han endurecido como la piedra. Y así como ni el agua ni la semilla penetran en la piedra, tampoco ellos permiten que ni la Palabra de Dios ni el Espíritu penetre en sus corazones endurecidos.

Aquí está reflejado el creyente cuyo corazón por diferentes razones deja de ser tierra fértil. Quizá se acercaron a Dios en alguna necesidad y cuando su súplica fue contestada se pusieron felices, pero malentienden la verdad del reino (Hechos 14:22 / 2 Timoteo 3:12) y permanecen cerca de las cosas de Dios un tiempo, hasta que vienen las necesarias pruebas (1 Pedro 1:6 / 1 Pedro 4:12) y se alejan (2 Timoteo 1:15) porque no están dispuestos a sufrir por la Palabra (1 Pedro 3:14 / 1 Pedro 4:13).

Los que oyen la Palabra, pero no dan fruto

El Señor nos ofrece la siguiente explicación:

Cuando una semilla cae en tierra rodeada de espinos, al empezar a surgir de la tierra, estos detienen su desarrollo porque la abrazan. Los espinos son todas aquellas cosas de este mundo que distraen al creyente y le apartan de Dios. Los afanes, el anhelo de riquezas materiales, los placeres de la vida, y otras cosas más.

El creyente que describe esta categoría oye la Palabra de Dios, la recibe, pero no quiere desechar lo que este mundo le ofrece por lo que su desarrollo espiritual no es pleno. Es como aquel que tiene dos amos, con uno de los dos quedará mal (Mateo 6:24).

Los que oyen la Palabra y enseguida la practican y dan fruto

El Señor de nuevo nos explica:

El corazón que se describe aquí es como la buena tierra, porque recibe la Palabra y la retiene hasta que da fruto, que son las acciones de obediencia. Los creyentes que dan fruto son los que oyen la Palabra y a pesar de las dificultades que vienen con ello no cesan de ponerla en práctica (Lucas 8:21).

Únicamente la semilla que muere, es decir, la que es enterrada, es la que da fruto (Juan 12:24). Solo muriendo a nosotros mismos (Colosenses 3:5) es como vamos a abundar en el fruto sobrenatural (Colosenses 1:6-10 / Gálatas 5:22-24).

Así pues, estos últimos son los creyentes que han muerto a ellos mismos para seguir al Señor (Marcos 8: 34-35) y por ello dan mucho fruto.

¿Cuál tierra es nuestro corazón?

Lo primordial de esto es que examinemos nuestro corazón y determinemos sinceramente a cuál tierra se parece. Recordando primero que no importa cuan endurecida esté tierra alguna, el agua viva del Espíritu puede volver fértil al desierto más árido (Isaías 35:1). Pero por otra parte, recordemos también, que por muy buena que sea la tierra, sin agua no hay semilla que produzca en ella.

El corazón endurecido y la tierra seca

Hay una razón por la cual nuestros corazones se comportan de la misma manera que la tierra que se cultiva (Marcos 4:14-15) y es porque el hombre está hecho de esa misma tierra.

La ciencia no hace mucho descubrió que el Génesis tenía razón, pues el cuerpo humano está principalmente compuesto de calcio, fósforo, potasio, sodio, cloro, azufre, magnesio, manganeso, hierro, yodo, flúor, zinc, cobalto y selenio, elementos todos ellos, que también componen la tierra cultivable.

Ello nos da una idea de por qué el corazón del hombre es comparado en la Biblia con la tierra cultivable.

Y no solamente el corazón del hombre se comporta igual que la tierra, también en lo físico guardan relación. Por ejemplo, al igual que la tierra necesita descanso para ser más fructífera (Levítico 25:2-7), también el hombre necesita descansar adecuadamente para reanudar su trabajo con mayor entusiasmo (Éxodo 20:8).

Tal como la tierra, que por muy buena que sea, cuando se seca y se pone dura, ya nada puede penetrar en ella para hacerla dar fruto, pero al caerle la lluvia se ablanda y vuelve a ser fértil para ser sembrada con semilla; también el corazón del hombre, por muy bueno que sea, sucede que se seca y se pone duro, y es entonces que necesita el agua del Espíritu de Dios para ablandarse (Marcos 8:17) para que la semilla que es la Palabra de Dios (Lucas 8:11) germine y produzca fruto abundante.

Los corazones de los discípulos estaban endurecidos, como la tierra sin lluvia, porque todavía no recibían la lluvia del Espíritu Santo (Hechos 2:4). Lo que este pasaje nos enseña es que todavía no había venido el Espíritu de Dios a sus corazones, por lo cual no entendían, o mejor dicho, entendían mal, la Palabra de Dios, y cometían errores al interpretarla.

Así que, básicamente la Biblia nos enseña cuando habla de la tierra cultivable, se está refiriendo a los corazones humanos, y cuando estos están endurecidos, significa que no tienen al Espíritu Santo en ellos.

Es el Espíritu Santo el cual nos lleva a toda verdad, y quien nos permite comprender las verdades eternas de la Palabra preservándonos del error (1 Juan 2: 26-27 / 1 Juan 4: 6):

Este contenido es parte de la serie:

Parábolas y milagros de Jesucristo y su significado espiritual

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