Los dos cayados: Gracia y Ataduras

La Casa de Israel (los cristianos genuinos) por voluntad expresa del Padre, será devuelta a Él por medio de la Gracia. En este capítulo no solo explicaremos qué es la Gracia, sino también porqué las tribus de la Casa de Israel -en tanto el reino es restaurado- vivirán por ella, más no así las tribus de la Casa de Judá (los judíos), a las cuales se les ha encomendado también el cumplimiento literal de la Ley.

Los dos cayados: símbolos de Judá e Israel

«Apacenté, pues, las ovejas de la matanza, esto es, a los pobres del rebaño. Y tomé para mí dos cayados: al uno puse por nombre GRACIA, y al otro ATADURAS; y apacenté las ovejas». Zacarías 11:7

Los dos cayados simbolizan la Casa de Israel y la Casa de Judá; y sus nombres «Gracia» y «Ataduras» son tanto el cumplimiento espiritual como literal de la Ley.

Como ya expliqué en el capítulo anterior, las Casas de Judá e Israel DEBEN OBEDIENCIA AL PACTO MATRIMONIAL ENTRE DIOS Y SU PUEBLO (Oseas 2:19). Sin embargo, el cumplimiento -acorde a la voluntad del Padre expresada en su Palabra- debe ser diferente de parte de una y otra casa.

«El cual asimismo nos hizo ministros competentes de UN NUEVO PACTO, NO DE LA LETRA, SINO DEL ESPÍRITU, porque la letra mata, mas el Espíritu vivifica». 2 Corintios 3:6

De tal manera que, como miembros de las tribus que se perdieron, pero que ahora por medio de Cristo son reincorporados al Olivo (Romanos 11:17-26), LA CASA DE ISRAEL TAMBIÉN DEBE OBEDECER LA LEY, pero no en la misma forma literal y espiritual que sus hermanos, los de la Casa de Judá (judaísmo), sino ahora bajo el Nuevo Pacto no de la letra (cumplimiento literal) sino del Espíritu (cumplimiento espiritual), el cual, insistimos nuevamente, no es otra cosa sino LA GRACIA (Romanos 7:6).

Los dos cayados o ramas, simbolizan la forma en la que El Príncipe en medio de su pueblo (Ezequiel 34:22-24) -Jesucristo- nos atraerá a sí para llevarnos de regreso al Padre celestial. A Judá con el cayado llamado «Ataduras» y a Israel con el cayado llamado «Gracia». A continuación explicamos estos simbolismos.

1.- El cayado «Ataduras»: La Casa de Judá (judíos) y el cumplimiento de la Ley

Las ataduras del cayado o rama, representan los mandamientos de lo que ahora conocemos como religión judía en cuanto al cumplimiento de la Ley, cuya esencia (Deuteronomio 6:4-5) debía escribirse y tarse a la frente y en la mano (Éxodo 13:9). (La palabra religión viene del latín re-ligare que significa atar con fuerza).

«Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos…» Deuteronomio 6:8

Muy brevemente diremos que estas ataduras se refieren a los artículos llamados tefilín o filacterias (Mateo 23:5) artículos que en los tiempos de nuestro Señor, todo varón israelita -incluidos nuestro Señor y sus discípulos, por supuesto- debía llevar colocados diariamente (excepto en shabat). Estos tefilín o filacterias, hoy día son unas cajitas de cuero unidas a unas correas del mismo material. Las cajitas efectivamente tienen dentro estos pasajes: Deuteronomio 6:4-9 / Deuteromonio 11:13-21 / Éxodo 13:1-10 / Éxodo 13:11-16, y sus correas se atan -igual que en aquellos días- a la frente y en la mano.

Esto en sí es un vasto simbolismo del judaísmo, por ello la Casa de Judá es el cayado con ATADURAS, pues -por voluntad Divina- debe vivir tanto bajo los preceptos RITUALES COMO ESPIRITUALES de la Ley; mientras que la Casa de Israel (Gálatas 3:29 / Romanos 24-26 / Oseas 1:10- 11), es el cayado LIBRE DE LAS ATADURAS RITUALES Y LITERALES, la Gracia (Oseas 14:4-5), pues los cristianos -a diferencia de los judíos- son regresados a Dios únicamente bajo los preceptos espirituales de la Ley, mas no los rituales, llamados también OBRAS DE LA LEY (Romanos 3:20 / Romanos 3:27-28 / Gálatas 2:16 / Gálatas 3:2-5 / Gálatas 3:10). 

Así, al pueblo judío -Casa de Judá- le fue encomendado cumplir con los dos aspectos de la Ley, el literal y el espiritual. A continuación los explicamos muy brevemente:

A).- Cumplimiento literal

Por razones de necesaria simplicidad este cumplimiento a su vez lo dividiremos en ritual y social. El cumplimiento ritual rige la relación con Dios y el social con los hombres. El cumplimiento literal es el cumplimiento AL PIE DE LA LETRA de la Ley. A este cumplimiento es al que Pablo alude cuando dice «la letra mata más el Espíritu vivifica» (2 Corintios 3:6 / Romanos 7:6) refiriéndose a que el solo cumplimiento literal de la Ley no lleva a la vida eterna.

B).- Cumplimiento espiritual

Al hablar del cumplimiento espiritual de la Ley (1 Samuel 15:21-23 / Proverbios 21:3 / Isaías 1:10-17 / Isaías 58:5-7 / Jeremías 6:19-20 / Amós 5:21-24, etc.) nos referimos al entendimiento y obediencia del significado, que es la esencia eterna -invisible pero real- contenida en aquellos ritos, mandamientos y preceptos de la Escritura, que son la justicia, la misericordia, la humildad y la fe:

«Sacrificio y ofrenda no te agrada; Has abierto mis oídos; Holocausto y expiación no has demandado». Salmos 40:6

«Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios». Salmos 51:16-17

«Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos». Oseas 6:6

«¿Con qué me presentaré ante El Señor, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará El Señor de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide El Señor de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios». Miqueas 6:6-8

La Ley fue dada A TODO el pueblo de Israel congregado en el desierto (Éxodo 34: 27-28). Como acabamos de explicarlo, a ellos les fue encomendado no solamente su cumplimiento tanto literal -en los casos de la liturgia y las normas sociales-, sino también su cumplimiento espiritual -que es el entendimiento espiritual o esencial contenido en tales mandamientos-.

Pero a la división del reino (1 Reyes 12:25-33) y la posterior apostasía y dispersión de la nación de Israel, tal responsabilidad -guardar tanto el cumplimiento literal como el espiritual de la Ley- recayó únicamente en Judá.

Por ello es que el Señor Jesucristo les dice a aquellos JUDÍOS del partido fariseo:

«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. ESTO ERA NECESARIO HACER, SIN DEJAR DE HACER AQUELLO». Mateo 23:23

Con esto les recuerda que a su nación, Judá, no solo le fue encomendado el cumplimiento literal (social y ritual) de la Ley -que es el que los fariseos guardaban con celo-, sino también el verdadero y espiritual, que por ser el esencial y eterno es el más importante (y tristemente el más olvidado por todas las tribus).

En el caso del rito aludido en este pasaje, el diezmo -al igual que todos los de la Ley-, nuestro Señor Jesucristo nos enseña -tal como lo hicieron antes los profetas- que su esencia o significado espiritual es precisamente, repito, la justicia, la misericordia, la humildad y la fe.

2.- El cayado sin ataduras, «Gracia»: La Casa de Israel (cristianos) y el cumplimiento de la Ley

«Porque todos los que dependen de las OBRAS DE LA LEY están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas». Gálatas 3:10

«Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar TODA LA LEY. De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; DE LA GRACIA HABÉIS CAÍDO». Gálatas 5:3-4

«Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley… Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis…» Hechos 15:24-29

Recapitulando

Recapitulando lo dicho hasta aquí entendemos que el mandato de Dios es que los cristianos -Casa de Israel- TAMBIÉN CUMPLAN LA LEY QUE ES EL NUEVO PACTO, pero a diferencia del pueblo judío -Casa de Judá-, NUNCA EN SU FORMA RITUAL O LITERAL (2 Corintios 3:6) SINO SOLO EN SU FORMA ESPIRITUAL, que se resume en:

«Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, de toda tu alma y con todas tus fuerzas; y a tu prójimo como a ti mismo». Mateo 22: 34-40 / Lucas 10: 25-28 / Romanos 13:8-10 / Gálatas 5:14 / Santiago 2:8 / Deuteronomio 6:5 / Levítico 19:17-18

Los apóstoles -quienes cumplían tanto la Ley ritual como la espiritual, al igual que el Señor- enseñan a los gentiles quienes han creído en Jesucristo, a cumplir de la Ley solo su parte espiritual, la cual, por voluntad Divina corresponde cumplir a los creyentes NO JUDÍOS. Por esta razón es que ellos, los apóstoles -al igual que los profetas en la antigüedad-, enseñan el discernimiento entre la ley ritual y la espiritual:

«Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por LA LEY DE LA LIBERTAD [cumplimiento espiritual]«. Santiago 2:12

«¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿POR CUÁL LEY? ¿POR LA DE LAS OBRAS [ritos y preceptos]? No, sino POR LA LEY DE LA FE [cumplimiento espiritual]«. Romanos 3:27

«Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley [cumplimiento ritual o al pie de la letra], sino bajo la gracia [cumplimiento espiritual]«. Romanos 6:14

La Ley existe, pues, en dos partes, la esencial, invisible y eterna; y la literal, la letra en la cual está contenida y expresada la parte espiritual. La parte espiritual es en esencia la fe, mientras que la literal nos enseña la acción consecuencia de tal fe.

«¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión, o también para los de la incircuncisión? Porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia. ¿Cómo, pues, le fue contada? ¿Estando en la circuncisión, o en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión. Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia; y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado. Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe. Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa. Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión. Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros». Romanos 4:9-16

Luego entonces, para poder iniciar con la segunda parte de este trabajo -en la que hablaremos de la Gracia- deberá quedar perfectamente claro que la Escritura enseña que el cumplimiento espiritual de la Ley es la justicia, la misericordia y la fe; y que haciendo esto, la Casa de Israel cumple espiritualmente la Ley y hereda la vida eterna. Vivir bajo la Gracia Divina significa ya no tener la obligación de cumplir con la parte ritual y literal de la Ley, sino solo con la parte espiritual de ésta, porque:

«El justo por la fe vivirá». Romanos 1:17 / Gálatas 3:11 / Hebreos 10:38

«Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio». Santiago 2:13

Conclusión de la Primera Parte

Para concluir esta primera parte quiero detenerme solo un poco a reflexionar contigo acerca de la existencia de cada uno de nosotros y del lugar que ocupamos. Quizá alguna vez te hayas planteado las siguientes preguntas:

¿Por qué estamos aquí? ¿Cuál es el propósito de mi vida? ¿Existe un destino?

Desde siempre la Humanidad se ha hecho preguntas tales como ¿De dónde venimos antes de nacer? ¿A dónde vamos después de morir?

Todo está en la Escritura. Es ahí donde hallaremos las respuestas que buscamos acerca de nuestra procedencia antes de nacer y nuestra trascendencia después de morir, pues fue para eso que la Palabra ha sido fijada por escrito: para que quienes perteneciendo al pueblo elegido y vamos arribando -entendiblemente confundidos y desorientados- a este mundo obtengamos la información necesaria hacia dónde continuar nuestro rumbo.

«Antes que te formase en el vientre te conocí…» Jeremías 1:5

Antes de nacer ya estábamos en la mente de Dios (Efesios 1:4-5), por su voluntad fuimos formados en el vientre de nuestra madre. Al nacer cumplimos un propósito Divino el cual nos es necesario conocer a fin de tomar el camino correcto de regreso a nuestro Creador (Eclesiastés 12:7).

«Mis días son como sombra que se va, y me he secado como la hierba». Salmo 102:11

«Porque: Toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae». 1 Pedro 1:24

Nuestra permanencia en este mundo es necesariamente breve. Y ello se debe a que -al igual que las tribus en el desierto- solo estamos de paso al que será nuestro destino definitivo y eterno, el cual nosotros tendremos la oportunidad de decidir aquí, en esta estancia PROVISIONAL.

«El camino de la vida es hacia arriba al entendido, para apartarse del Seol abajo». Proverbios 15:24

El llamado de Dios a su pueblo por medio de su Mensaje

Tal como el salmón, el cual -oyendo el llamado de la naturaleza- tiene que sortear inmensas dificultades río arriba para llegar a su reposo y destino final, los hijos de Dios debemos pasar por las pruebas de este mundo -engaño, aflicción y tentación (Mateo 4:1-11)- antes de llegar ante el Padre, desde cuya morada nos hace su llamado para encontrarle ahí mismo, donde reposaremos PARA SIEMPRE de nuestro arduo trayecto (Hebreos 4:9-11 / Apocalipsis 14:13).

Pero igual que el salmón, los de cuya especie no todos llegan a su destino sino solo los mejores y los más aptos, no todos los que sean llamados llegarán al Cielo (1 Corintios 10:1-14).

«Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos». Mateo 20:16

«Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan». Mateo 7:13-14

«No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos». Mateo 7:21

La Palabra de Dios nos guía hacia nuestro destino en la vida eterna. Son las instrucciones precisas y directas que, desde su morada, Dios -en su infinita Misericordia- nos extiende para seguir el camino que nos llevará ante Él.

Al llegar a esta vida y comenzar a adquirir conciencia, intuimos que hay algo importante lo cual deberíamos conocer. Sin sosiego, muy comúnmente comenzamos a buscar en otros lugares la respuesta que desde hace miles de años está escrita en la Palabra aguardando por nosotros:

QUIÉNES SOMOS Y A DÓNDE PERTENECEMOS

Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas

«Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia». Génesis 15:5

La Palabra dice que somos los hijos de la Promesa dada a Abraham (Romanos 9:6-11 / Romanos 9:24-27 / Efesios 3:3-6 / Gálatas 3:29). SOMOS LOS DESCENDIENTES DE ABRAHAM, LAS TRIBUS DE ISRAEL.

«No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes. Porque la palabra de la promesa es esta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo. Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras [de la ley] sino por el que llama)». Romanos 9:6-11

El cumplimiento de la Promesa

Así, la Promesa dada a nuestro ancestro Abraham tendrá su cumplimiento pleno y glorioso al final de los tiempos, cuando las tribus sean reunidas en un solo pueblo. ¡En eso debemos fundamentar nuestra esperanza!

«…de cierto te bendeciré, y MULTIPLICARÉ TU DESCENDENCIA COMO LAS ESTRELLAS DEL CIELO Y COMO LA ARENA QUE ESTÁ A LA ORILLA DEL MAR; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos». Génesis 22:17

«Con todo, será el número de los hijos de Israel COMO LA ARENA DEL MAR, QUE NO SE PUEDE MEDIR NI CONTAR. Y en el lugar en donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente». Oseas 1:10-11

«Después de esto miré, y he aquí UNA GRAN MULTITUD, LA CUAL NADIE PODÍA CONTAR, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos…» Apocalipsis 7:9

«COMO NO PUEDE SER CONTADO EL EJÉRCITO DEL CIELO, NI LA ARENA DEL MAR SE PUEDE MEDIR, así multiplicaré la descendencia de David mi siervo, y los levitas que me sirven». Jeremías 33:22