Por qué los cristianos son las tribus perdidas

En las siguientes líneas comenzaremos a examinar la evidencia en la que la Biblia nos revela que aquellos que el mundo ha conocido como cristianos en realidad son los descendientes de esas diez tribus de Israel que en su momento fueron esparcidas por el mundo y hasta hoy han permanecido ajenos a su verdadera identidad: la Casa de Israel.

La profecía de Oseas

En este primer párrafo de la profecía del libro de Oseas El Señor anuncia a la Casa de Israel, habitantes del reino del norte, que ha decidido poner fin a las infidelidades de esa nación removiéndoles de su lugar. Ya no serán más su pueblo ni Él será más su Dios. Sin embrago, con la Casa de Judá tendrá misericordia.

“Concibió ella otra vez, y dio a luz una hija. Y le dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ruhama, porque no me compadeceré más de la casa de Israel, sino que los quitaré del todo. Mas de la casa de Judá tendré misericordia, y los salvaré por El Señor su Dios; y no los salvaré con arco, ni con espada, ni con batalla, ni con caballos ni jinetes. Después de haber destetado a Lo-ruhama, concibió y dio a luz un hijo. Y dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ammi, porque vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios”. Oseas 1: 6-9

Efectivamente, el reino del norte fue conquistado por los asirios y la mayoría de los habitantes fueron esparcidos hacia otras posesiones del imperio. Esa práctica, el cautiverio y el exilio, sistemáticamente la efectuaban los asirios con el fin de que la totalidad de los conquistados perdieran su identidad y con ello todo sentimiento nacionalista.

Pero es la siguiente parte de la profecía la que en adelante ocupará nuestra atención, pues habla a todas las generaciones posteriores, nosotros:

* Nota:‭ ‬En las citas que incluyo en mis trabajos ocasionalmente inserto corchetes con mis anotaciones para que se entienda mejor el sentido del pasaje. En esta obra también lo hago así.

“Después de haber destetado a Lo-ruhama, concibió y dio a luz un hijo. Y dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ammi, porque vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios. Con todo, será el número de los hijos de Israel como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y en el lugar en donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente. Y se congregarán los hijos de Judá y de Israel, y nombrarán UN SOLO JEFE [JESUCRISTO], y subirán de la tierra…”. Oseas 1: 10-11

La profecía de Oseas que acabo de poner ante ti le habla a todas las generaciones posteriores, descendientes de esa nación recién conquistada y esparcida, y les promete que aunque sus ancestros en su día dejaron de ser parte del pueblo de Dios para irse a perder entre las naciones -y ya que no es justo que los hijos paguen por el pecado de sus padres (Jeremías 31:29-30)- ellos, los descendientes, si se arrepienten y convierten de los malos caminos de los padres, serán regresados al lugar de privilegio que les fue negado. Y además, que en la Resurrección Judá e Israel volverán a ser un solo pueblo y tendrán un solo rey: Jesucristo.

Pablo y la profecía de Oseas

Ahora, pongamos atención, porque siglos después de lo anunciado por Oseas, Pablo muestra en su carta a los Romanos, que esa profecía se ha comenzado a cumplir:

“…a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de LOS GENTILES? Como también en Oseas dice: Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, y a la no amada, amada. Y en el lugar donde se les dijo: Vosotros no sois pueblo mío, allí serán llamados hijos del Dios viviente…” Romanos 9:24-27

Notemos cómo el apóstol Pablo cita la profecía que se refiere al regreso de las ovejas perdidas de la Casa de Israel esparcidas y ocultas entre las naciones y la aplica precisamente a aquellos gentiles que han seguido a Jesucristo.

En el párrafo Pablo afirma que los seguidores de Jesucristo son el remanente de aquellas tribus dispersas por el mundo de las cuales se había prometido volverían al Dios de Israel. Tal como también lo anuncia el profeta Jeremías (entre otros):

“Y yo mismo recogeré el remanente de mis ovejas de todas las tierras adonde las eché, y las haré volver a sus moradas; y crecerán y se multiplicarán”. Jeremías 23:3

El misterio de Dios revelado a sus apóstoles y profetas

Pablo fue designado por El Señor como apóstol y maestro de la Casa de Israel (1 Timoteo 2:7 / Gálatas 2:7) para enseñarle a esa parte del pueblo de Dios a dar cumplimiento de la Ley en su forma espiritual. Para tal fin le fue revelado el misterio del plan de Dios (1 Corintios 15:7-8 / Gálatas 1:11-17) con respecto a los gentiles rescatados que conforme a la profecía de Moisés (Deuteronomio 30:1-6) se arrepientan y conviertan:

«Por esta razón yo, Pablo, prisionero de Cristo Jesús por el bien de ustedes los gentiles, me arrodillo en oración. Sin duda se han enterado DEL PLAN DE LA GRACIA DE DIOS QUE ÉL ME ENCOMENDÓ PARA USTEDES, es decir, EL MISTERIO QUE ME DIO A CONOCER POR REVELACIÓN, como ya les escribí brevemente. Al leer esto, podrán darse cuenta de que COMPRENDO EL MISTERIO DE CRISTO«. Efesios 3:1-4 NVI

El misterio revelado al que alude Pablo es el que nos da solución a la paradoja por la cual ciertos gentiles, QUE POR SER GENTILES NO SON PUEBLO DE DIOS (Deuteronomio 14:2), se agregan al pueblo elegido recibiendo con ello el Espíritu de Dios (Hechos 10:45 / Gálatas 3:2). Espíritu que por definición está reservado EXCLUSIVAMENTE para el pueblo santo, ya que será SOLO mediante su Poder que Israel podrá cumplir en verdad con los estatutos y preceptos de la Ley Divina (Ezequiel 36:27 / Proverbios 1:23 / Hechos 15:10 / Deuteronomio 30:6).

“Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”. Ezequiel 36:27

Pero a este respecto en el pasaje anterior Pablo afirma que no ha sido solo a él a quien se le ha revelado la solución de tal misterio, sino a todos aquellos apóstoles y profetas que están al servicio del Dios Altísimo.

“Ese misterio, que en otras generaciones no se les dio a conocer a los seres humanos, AHORA SE LES HA REVELADO POR EL ESPÍRITU A LOS SANTOS APÓSTOLES Y PROFETAS DE DIOS; es decir, QUE LOS GENTILES SON, JUNTO CON [la parte visible que quedó de] ISRAEL, beneficiarios de la misma herencia [las Promesas de Salvación hechas al pueblo elegido], MIEMBROS DE UN MISMO CUERPO y participantes igualmente de la promesa en Cristo Jesús mediante el evangelio”. Efesios 3:5-6 NVI

De tal forma que no solo el apóstol Pablo recibe la revelación de que la Promesa del libro de Oseas dada a la Casa de Israel se cumple en los gentiles que creen en Jesucristo como Salvador, sino que también el apóstol Pedro les informa a los nuevos creyentes que con ellos es que comienza la consumación de todas las profecías hechas respecto a la Restauración de Israel (Hechos 3:21).

Notemos cómo Pedro, sin mencionar al profeta puesto que sus oyentes, desarraigados de sus raíces hebreas, probablemente nunca habían oído de él, cita también a Oseas:

“…vosotros que en otro tiempo NO ERAIS PUEBLO, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia”. 1 Pedro 2:10

Pedro también está al tanto de que los nuevos seguidores de Jesucristo, no obstante proceder de entre los gentiles, ya son parte del pueblo elegido, Israel, puesto que han recibido al Espíritu Santo. Y esto solo puede ser porque son los descendientes (linaje) de aquellas tribus dispersadas siglos atrás por el imperio asirio:

“Mas vosotros sois LINAJE ESCOGIDO [pueblo elegido], real sacerdocio [que Sirve al Dios de Israel], nación santa [apartada, elegida para salvación], pueblo adquirido por Dios [Israel], para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable…” 1 Pedro 2:9

Y por su parte Santiago, en su carta escrita a todos los seguidores del Señor en el mundo, la comienza enviando este deslumbrante saludo:

“Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, A LAS DOCE TRIBUS QUE ESTÁN EN LA DISPERSIÓN: Salud”. Santiago 1:1

Esta evidencia nos muestra que los apóstoles manejaban con fluidez información clave con la que a primera vista pareciera que hemos perdido contacto. Pero lo cierto es que cualquiera que haga un análisis cuidadoso se dará cuenta de que prácticamente en todo lo que conocemos como Nuevo Testamento (o Nuevo Pacto, mejor dicho) se anuncia que los gentiles rescatados son ese linaje de Israel que había estado perdido.

Tan solo por dar otro ejemplo, mencionaré algunas citas en los evangelios, los cuales están repletos de señales que apuntan a que puesto que Jesucristo es el Enviado prometido para salvar a su pueblo que durante siglos ha estado disperso entre las naciones, sus seguidores no pueden ser otros que las ovejas perdidas de la Casa de Israel. Examinemos estas profecías:

“Yo SALVARÉ a mis ovejas, y nunca más serán para rapiña; y juzgaré entre oveja y oveja. Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a MI SIERVO DAVID, él las apacentará, y él les será por pastor. Yo El Señor les seré por Dios, y MI SIERVO DAVID príncipe en medio de ellos. Yo El Señor he hablado”. Ezequiel 34:22-24

Ovejas perdidas fueron mi pueblo; sus pastores las hicieron errar, por los montes las descarriaron; anduvieron de monte en collado, y se olvidaron de sus rediles”. Jeremías 50:6

Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntase por ellas”. Ezequiel 34:6

Y ahora notemos cómo en el evangelio de Mateo se anuncia su cumplimiento:

“El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Mateo 15:24

O este otro pasaje en el que se alude a las diez tribus perdidas de Israel:

“¿O qué mujer que tiene DIEZ dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?” Lucas 15:8

La revelación paulatina del misterio de las tribus perdidas de Israel

Como bien sabemos, en la Escritura encontramos desafíos -algunos más escabrosos que otros- al momento de tratar de desentrañar con claridad su Mensaje. El caso de las ovejas perdidas de la Casa de Israel no es la excepción.

A continuación abordaremos dos muy válidas interrogantes que se nos presentan al hacer la lectura de las ovejas perdidas de Israel en los pasajes de Mateo 10: 5-6 y Mateo 15:21-28.

Primer caso:

«A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel». Mateo 10:5-6

Aquí la pregunta pertinente sería que si la Escritura muestra que las ovejas perdidas de la Casa de Israel precisamente estaban entre los gentiles y samaritanos (Deuteronomio 30:1-6 / 2 Reyes 17:6 / 2 Reyes 17:23-24) ¿por qué El Señor les prohibió ir a buscarlas precisamente entre ellos?

Primero que nada dejaré anotado que a su debido tiempo el Señor Jesucristo sí que envió a alguien para buscarlas entre los gentiles: el apóstol Pablo (Gálatas 2:7). Posteriormente, ya cuando estuvieron preparados, a los discípulos galileos también les envió no solo a Samaria sino a todas las naciones:

«…pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra». Hechos 1:8

Pero regresando al pasaje de Mateo, debemos tener en mente que los discípulos en ese preciso momento no imaginaban siquiera la odisea que les esperaba tan solo unos años después de esa primera misión. En esa ocasión, cuando Jesucristo les envió por primera vez a sanar enfermos y echar fuera demonios no sabían lo que nosotros dos mil años después conocemos: que las ovejas perdidas de la Casa de Israel estaban esparcidas por todas las naciones. El Señor Jesucristo por supuesto no se iba a poner a explicarles eso en aquel momento, pues nunca hubiera acabado.

«Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar». Juan 16:12

Entonces detectamos que en este asunto de las ovejas perdidas de Israel esparcidas entre las naciones, ha habido una revelación paulatina pero consistente desde esos tiempos hasta los nuestros.

Ahora bien, en aquellos días las tribus perdidas de Israel no solo estaban entre los gentiles, sino también entre los galileos. Lo que el pasaje quiere darnos a entender es simplemente que cumpliendo la profecía de Isaías 9:1-2 El Señor comenzó su búsqueda mesiánica desde Galilea:

«Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea; y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí, para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, Camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles; El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a los asentados en región de sombra de muerte, Luz les resplandeció». Mateo 4:14-16

Situaciones geográficas en el evangelio de Mateo

El evangelio de Mateo es muy cuidadoso al situar las escenas que describe en su correspondiente contexto geográfico:

1.- Señala que el ministerio de Jesús se estableció en Galilea (Mateo 4:12-23)

2.- Que Juan bautizaba en Judea (Mateo 3:1-5)

3.- Que Jesús fue de Galilea hasta Judea al Jordán, donde Juan bautizaba (Mateo 3:13)

4.- Que Jesús en otra ocasión se alejó de Galilea para ir hacia las regiones que están del otro lado del Jordán en Judea (Mateo 19:1)

5.- Que Jesús fue a Jerusalén con sus discípulos (Mateo 20:17-18)

6.- Que Jesús y sus discípulos llegaron cerca de Jerusalén, al monte de los Olivos (Mateo 21:10)

7.- Que Jesús entró en Jerusalén (Mateo 21:10)

Hablando concretamente de los hechos descritos en el pasaje en cuestión, el evangelio de Mateo dice que antes de ello Jesús fue a Galilea:

«Entonces, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad». Mateo 9:1

Luego llamó a Mateo:

«Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió». Mateo 9:9

Seleccionó de entre los que le seguían EN GALILEA a doce discípulos:

«Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia». Mateo 10:1

Y es inmediatamente después de esto es que los envía.

De todo lo anterior inferimos que cuando Jesús da instrucciones de no ir por camino de gentiles ni ciudades samaritanas los discípulos entendieron que se les estaba instruyendo a no ir fuera de Galilea y eso incluía por supuesto no ir a Judea [*]; recordemos que el pasaje de Isaías nos dice que la región de Galilea no pertenece a la tribu de Judá (Isaías 9:1) sino a las de Zabulón y Neftalí ¡La Casa de Israel!

[*] Para los galileos de aquel tiempo ir a Jerusalén o a cualquier punto de Judea implicaba un gasto no poco importante, por lo que se acudía a esa región solo lo estrictamente necesario, o sea durante las tres peregrinaciones anuales.

Sabemos que a los galileos si bien no se les consideraba ni como samaritanos ni como gentiles, aunque tenían raíces en la Casa de Israel, tampoco se les tomaba como judíos (en su mayoría no pertenecían ni a Judá, ni a Leví ni a Benjamín, sino a las otras tribus) y en Judea se les despreciaba debido a su situación geográfica en medio precisamente de gentiles y samaritanos (Juan 7:52).

Ahora veamos el segundo caso:

«Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel». Mateo 15:21-28

Dejando de lado que en este episodio Jesucristo declara ser el Mesías, puesto que acorde a la Escritura la misión fundamental de tal Enviado es buscar y juntar a las ovejas perdidas de Israel (Ezequiel 34), abordaremos la aparente contradicción del pasaje.

Así que tenemos aquí el mismo curioso planteamiento del texto anterior. Analicémoslo:

La región en la que sucedió este hecho corresponde a la antigua cultura siro fenicia (Isaías 23:8). A pesar de no pertenecer a la cultura hebrea la mujer conocía toda la información concerniente al Mesías esperado por las doce tribus de Israel (Hechos 26:7) e incluso sorprendentemente fue hallada fe en ella.

Lo que este pasaje nos enseña es que la Bendición de Dios de ninguna manera es excluyente por lo que no se necesita tener un linaje a la vista de los ojos de los hombres en Israel para reconocer que Jesucristo es El Hijo de Dios y, tal como en otros casos, cualquiera con el solo hecho de manifestar esa voluntad puede ser parte del pueblo de la Biblia en forma gratuita (Levítico 19:34 / Josué 2:1-19 / Josué 8:33 / Rut 1:15-16 / Isaías 14:1 / Isaías 56:6).

La Escritura no se detiene a aclarar si aquella mujer tenía linaje en Israel o el centurión cuyo criado fue sanado (Mateo 8:5-13), o los muchos otros que después de ellos siendo gentiles creyeron en Jesús POR QUE ESO SOLO DIOS LO SABE y así es como debe permanecer.

Porque en el tema de las tribus de Israel hay cosas secretas que pertenecen a Dios pero hay otras que serán reveladas a los hombres a fin de lograr su salvación:

«Las cosas secretas pertenecen a El Señor nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley».Deuteronomio 29:29

Y he aquí lo fascinante de esa situación: la revelación paulatina del misterio de las tribus perdidas de Israel continúa hasta nuestros días y así será hasta el día en el que El Señor regrese.

El misterio comienza a ser revelado a través del apóstol Pablo

«Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del MISTERIO que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos». Romanos 16:25

Como Pablo nos enseña, la redención de las ovejas perdidas de la Casa de Israel es un misterio que poco a poco está siendo revelado a la humanidad y veremos su gloria en plenitud el día en el que El Señor aparezca en los cielos.

Pero si bien esta revelación iba iniciando en los días en los que Jesucristo escogió en Galilea a sus doce discípulos, tampoco en las iglesias fundadas por el apóstol Pablo los nuevos creyentes tenían el pleno conocimiento del asunto.

Aunque el apóstol Pablo daba muestras de conocer a la perfección el tema (Oseas 1:6-9 / Romanos 9:24-27) al menos en sus cartas no profundizaba en él. Esto muy probablemente debido primeramente al persistente trabajo que los judaizantes ejercían entre las iglesias y segundo a la profunda ignorancia de la que venían la mayoría de quienes se convertían de entre la gentilidad.

En aquellos tiempos quienes se convertían venían de toda una vida de haber permanecido en el desconocimiento de la Escritura y muy difícilmente se les podía poner al día, pero nosotros somos privilegiados y tenemos a la mano no solo todo el conocimiento necesario sino también la guía del Espíritu Santo.

El cumplimiento de las profecías

Como ya he comenzado a hacerte notar, el propósito principal de los Escritos del Nuevo Testamento (Nuevo Pacto) es ANUNCIAR que ha comenzado el cumplimiento de todas las profecías que prometían ese Enviado el cual vendría a salvar a su pueblo en la dispersión dando así inicio a la Restauración de Israel.

Desde Mateo hasta Apocalipsis la Escritura no cesa de dar aviso sobre el cumplimiento de las Promesas hechas a esa porción del pueblo santo en el sentido de que Dios nunca se olvidó de ellos.

Por tanto es necesario que estés al tanto de que hay una conexión clara entre las profecías del Antiguo Testamento (Primer Pacto) y su cabal cumplimiento en el Nuevo Testamento (Nuevo Pacto). Simplemente -tal como en forma somera acabamos de hacer con el texto de Oseas- solo hay que hacer una lectura sistemática y completa efectuando un cruce de información entre ambas partes de la Biblia (Nuevo y Antiguo Testamento) a fin de encontrar todas las coincidencias.

“Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían”. Lucas 24:27

El contexto es la clave

Quizá una pregunta pertinente sería ¿Cómo fue que perdimos contacto con esta conexión tan importante entre las profecías del Primer Pacto y su cumplimiento en los Escritos del Nuevo Pacto?

Tal como acabo de mostrarte, la información clave que nos deja evidencia de todo ello siempre ha permanecido en la Escritura, pero esas conexiones se vuelven difíciles de ver cuando el contexto cultural del lector cambia. Y en efecto eso fue lo que sucedió: el contexto cultural de los creyentes cambió en los siglos posteriores a los apóstoles.

Los apóstoles pudieron darse cuenta de inmediato de estas cosas, primero porque El Señor tuvo a bien abrirles los ojos quitándoles el velo del corazón (2 Corintios 3:15) pero también gracias al contexto histórico y cultural en el que vivieron. En tal contexto no solo se oía y se comentaba insistentemente lo escrito por Moisés y los profetas, sino que año con año se celebraban las siete fiestas (Mateo 26:17). Todo ello fueron instrumentos didácticos imprescindibles que les permitieron estar siempre al tanto de la llegada del Ungido (Cristo; Mesías) y del cumplimiento que traía consigo de las demás Promesas.

Las generaciones posteriores de creyentes, incluidos sus guías, pertenecieron a un contexto diferente al de los escritores de la Biblia. Esto hizo que poco a poco se desenfocara el verdadero núcleo del Mensaje, que es el cumplimiento de lo profetizado. Las conexiones de los Escritos del Primer Pacto con las del Nuevo Pacto se fueron perdiendo con el tiempo.

Para entender lo mismo que los apóstoles y profetas comprendieron en su momento es necesario tratar de relacionarnos con el contexto en el que ellos vivieron. Cuanto más nos relacionemos con tal contexto mejor comprenderemos el verdadero sentido de las Escrituras.

El hilo conductor de la Biblia

Si bien tratar de relacionarnos con el contexto bíblico podría llevarnos toda una vida de investigación, podemos comenzar tal ejercicio echando un muy breve vistazo al hilo conductor por donde la Biblia nos lleva a través de la Historia del pueblo elegido, su concepción, consolidación, división, dispersión y final reunificación.

Si cada vez que estudias la Escritura tienes en cuenta este hilo conductor que te pongo a continuación, te será más fácil conectar las profecías del Primer Pacto (Antiguo Testamento) con sus cumplimientos en el Nuevo Pacto (Nuevo Testamento).

1.- Se hace la promesa a Abraham de que su descendencia será numerosa y todas las naciones de la Tierra serán bendecidas por ello (Génesis 15:5 / Génesis 18:17-19 / Génesis 22:18).

2.- La promesa pasa por Ïsaac y Jacob (Génesis 17:19 / Génesis 25:33).

3.- Jacob toma el nombre de Israel y tiene 12 hijos (Génesis 35:10 / Génesis 35:22).

4.- Las 12 tribus van a Egipto donde permanecen en esclavitud (Génesis 45:18 / Éxodo 1:1-13).

5.- Moisés saca al pueblo elegido de Egipto (Éxodo 12: 37-41).

6.- Israel entra en la Tierra Prometida y se establece (Josue 5: 11-12).

7.- El reino se consolida y se expande durante el reinado de Salomón (1 Reyes 4:21).

8.- La nación se divide en dos: al norte queda Israel y al sur Judá (1 Reyes 12:21).

9.- La nación del norte, conformada por 10 de las tribus es conquistada por los asirios en el 722 a. C. Sus habitantes son dispersados por todo el imperio (2 Reyes 17:6). A sus descendientes Dios por medio de los profetas les distingue de la Casa de Judá llamándoles Casa de Israel (Jeremías 5:11) y les promete que no los olvidará (Jeremías 33:14) y que no importa cuan lejos hayan sido arrojados, pues algún día Ungirá a un Elegido a quien designará la misión de ir a buscarles (Ezequiel 34:23-24) y que si se arrepienten y se convierten de sus malos caminos que aprendieron de las naciones en las que vivieron (Proverbios 1:23), El Señor los regresará a la Tierra que dio a sus padres (Jeremías 23:8). Ese día ya no serán dos naciones, sino una sola (Ezequiel 37:22).

10 .- El Ungido (Cristo en griego; Mesías en hebreo) de la profecía es Jesucristo, quien desde hace dos mil años ha estado rescatando a las ovejas perdidas de su pueblo, Israel (Mateo 1:21). A esas ovejas perdidas, rescatadas de entre las naciones gentiles donde habían sido esparcidas, el mundo les llamó cristianos (Hechos 11:26), pero en realidad SON LA CASA DE ISRAEL (Zacarías 8:13).

11.- Al final de los tiempos, la Casa de Israel (cristianos) y la Casa de Judá (judíos) serán un solo pueblo (Ezequiel 37:22).

Así que no está de más decirte que será muy útil para ti que en adelante, y no solo durante el recorrido de esta obra sino en tus propias investigaciones, tengas siempre presente este hilo conductor.

En el siguiente capítulo te hablaré acerca de la Sangre de Jesucristo y su íntima relación con el Espíritu Santo y cómo es que mediante ello las personas pueden ser reintegradas a Israel.