Por qué los cristianos son las tribus perdidas

En las siguientes líneas comenzaremos a examinar la evidencia en la que la Biblia nos revela que aquellos que el mundo ha conocido como cristianos en realidad son los descendientes de esas diez tribus de Israel que en su momento fueron esparcidas por el mundo y hasta hoy han permanecido ajenos a su verdadera identidad: la Casa de Israel.

La profecía de Oseas

En este primer párrafo de la profecía del libro de Oseas El Señor anuncia a la Casa de Israel, habitantes del reino del norte, que ha decidido poner fin a las infidelidades de esa nación removiéndoles de su lugar. Ya no serán más su pueblo ni Él será más su Dios. Sin embrago, con la Casa de Judá tendrá misericordia.

“Concibió ella otra vez, y dio a luz una hija. Y le dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ruhama, porque no me compadeceré más de la casa de Israel, sino que los quitaré del todo. Mas de la casa de Judá tendré misericordia, y los salvaré por El Señor su Dios; y no los salvaré con arco, ni con espada, ni con batalla, ni con caballos ni jinetes. Después de haber destetado a Lo-ruhama, concibió y dio a luz un hijo. Y dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ammi, porque vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios”. Oseas 1: 6-9

Efectivamente, el reino del norte fue conquistado por los asirios y la mayoría de los habitantes fueron esparcidos hacia otras posesiones del imperio Esa práctica, el cautiverio y el exilio, sistemáticamente la efectuaban los asirios con el fin de que la totalidad de los conquistados perdieran su identidad y con ello todo sentimiento nacionalista.

Pero es la siguiente parte de la profecía la que en adelante ocupará nuestra atención, pues habla a todas las generaciones posteriores, nosotros:

“Después de haber destetado a Lo-ruhama, concibió y dio a luz un hijo. Y dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ammi, porque vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios. Con todo, será el número de los hijos de Israel como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y en el lugar en donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente. Y se congregarán los hijos de Judá y de Israel, y nombrarán UN SOLO JEFE, y subirán de la tierra…”. Oseas 1: 10-11

La profecía de Oseas que acabo de poner ante ti le habla a todas las generaciones posteriores, descendientes de esa nación recién conquistada y esparcida, y les promete que aunque sus ancestros en su día dejaron de ser parte del pueblo de Dios para irse a perder entre las naciones -y ya que no es justo que los hijos paguen por el pecado de sus padres (Jeremías 31:29-30)- ellos, los descendientes, si se arrepienten y convierten de los malos caminos de los padres, serán regresados al lugar de privilegio que les fue negado. Y además, que en la Resurrección Judá e Israel volverán a ser un solo pueblo y tendrán un solo rey: Jesucristo.

Pablo y la profecía de Oseas

Ahora, pongamos atención, porque siglos después de lo anunciado por Oseas, Pablo muestra en su carta a los Romanos, que esa profecía se ha comenzado a cumplir:

“…a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de LOS GENTILES? Como también en Oseas dice: Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, y a la no amada, amada. Y en el lugar donde se les dijo: Vosotros no sois pueblo mío, allí serán llamados hijos del Dios viviente…” Romanos 9:24-27

Notemos cómo el apóstol Pablo cita la profecía que se refiere al regreso de las ovejas perdidas de la Casa de Israel esparcidas y ocultas entre las naciones y la aplica precisamente a aquellos gentiles que han seguido a Jesucristo.

En el párrafo Pablo afirma que los seguidores de Jesucristo son el remanente de aquellas tribus dispersas por el mundo de las cuales se había prometido volverían al Dios de Israel. Tal como también lo anuncia el profeta Jeremías (entre otros):

“Y yo mismo recogeré el remanente de mis ovejas de todas las tierras adonde las eché, y las haré volver a sus moradas; y crecerán y se multiplicarán”. Jeremías 23:3

El misterio de Dios revelado a sus apóstoles y profetas

Pablo fue designado por El Señor como apóstol y maestro de la Casa de Israel (1 Timoteo 2:7 / Gálatas 2:7) para enseñarle a esa parte del pueblo de Dios a dar cumplimiento de la Ley en su forma espiritual. Para tal fin le fue revelado el misterio del plan de Dios (1 Corintios 15:7-8 / Gálatas 1:11-17) con respecto a los gentiles rescatados que conforme a la profecía de Moisés (Deuteronomio 30:1-6) se arrepientan y conviertan:

«Por esta razón yo, Pablo, prisionero de Cristo Jesús por el bien de ustedes los gentiles, me arrodillo en oración. Sin duda se han enterado DEL PLAN DE LA GRACIA DE DIOS QUE ÉL ME ENCOMENDÓ PARA USTEDES, es decir, EL MISTERIO QUE ME DIO A CONOCER POR REVELACIÓN, como ya les escribí brevemente. Al leer esto, podrán darse cuenta de que COMPRENDO EL MISTERIO DE CRISTO«. Efesios 3:1-4 NVI

El misterio revelado al que alude Pablo es el que nos da solución a la paradoja por la cual ciertos gentiles, QUE POR SER GENTILES NO SON PUEBLO DE DIOS (Deuteronomio 14:2), se agregan al pueblo elegido recibiendo con ello el Espíritu de Dios (Hechos 10:45 / Gálatas 3:2). Espíritu que por definición está reservado EXCLUSIVAMENTE para el pueblo santo, ya que será SOLO mediante su Poder que Israel podrá cumplir en verdad con los estatutos y preceptos de la Ley Divina (Ezequiel 36:27 / Proverbios 1:23 / Hechos 15:10 / Deuteronomio 30:6).

“Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”. Ezequiel 36:27

Pero a este respecto en el pasaje anterior Pablo afirma que no ha sido solo a él a quien se le ha revelado la solución de tal misterio, sino a todos aquellos apóstoles y profetas que están al servicio del Dios Altísimo.

“Ese misterio, que en otras generaciones no se les dio a conocer a los seres humanos, AHORA SE LES HA REVELADO POR EL ESPÍRITU A LOS SANTOS APÓSTOLES Y PROFETAS DE DIOS; es decir, QUE LOS GENTILES SON, JUNTO CON [la parte visible que quedó de] ISRAEL, beneficiarios de la misma herencia [las Promesas de Salvación hechas al pueblo elegido], MIEMBROS DE UN MISMO CUERPO y participantes igualmente de la promesa en Cristo Jesús mediante el evangelio”. Efesios 3:5-6 NVI

De tal forma que no solo el apóstol Pablo recibe la revelación de que la Promesa del libro de Oseas dada a la Casa de Israel se cumple en los gentiles que creen en Jesucristo como Salvador, sino que también el apóstol Pedro les informa a los nuevos creyentes que con ellos es que comienza la consumación de todas las profecías hechas respecto a la Restauración de Israel (Hechos 3:21).

Notemos cómo Pedro, sin mencionar al profeta puesto que sus oyentes, desarraigados de sus raíces hebreas, probablemente nunca habían oído de él, cita también a Oseas:

“…vosotros que en otro tiempo NO ERAIS PUEBLO, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia”. 1 Pedro 2:10

Pedro también está al tanto de que los nuevos seguidores de Jesucristo, no obstante proceder de entre los gentiles, ya son parte del pueblo elegido, Israel, puesto que han recibido al Espíritu Santo. Y esto solo puede ser porque son los descendientes (linaje) de aquellas tribus dispersadas siglos atrás por el imperio asirio:

“Mas vosotros sois LINAJE ESCOGIDO [pueblo elegido], real sacerdocio [que Sirve al Dios de Israel], nación santa [apartada, elegida para salvación], pueblo adquirido por Dios [Israel], para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable…” 1 Pedro 2:9

Y por su parte Santiago, en su carta escrita a todos los seguidores del Señor en el mundo, la comienza enviando este deslumbrante saludo:

“Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, A LAS DOCE TRIBUS QUE ESTÁN EN LA DISPERSIÓN: Salud”. Santiago 1:1

Esta evidencia nos muestra que los apóstoles manejaban con fluidez información clave con la que a primera vista pareciera que hemos perdido contacto. Pero lo cierto es que cualquiera que haga un análisis cuidadoso se dará cuenta de que prácticamente en todo lo que conocemos como Nuevo Testamento (o Nuevo Pacto, mejor dicho) se anuncia que los gentiles rescatados son ese linaje de Israel que había estado perdido.

Tan solo por dar otro ejemplo, mencionaré algunas citas en los evangelios, los cuales están repletos de señales que apuntan a que puesto que Jesucristo es el Enviado prometido para salvar a su pueblo que durante siglos ha estado disperso entre las naciones, sus seguidores no pueden ser otros que las ovejas perdidas de la Casa de Israel. Examinemos estas profecías:

“Yo SALVARÉ a mis ovejas, y nunca más serán para rapiña; y juzgaré entre oveja y oveja. Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a MI SIERVO DAVID, él las apacentará, y él les será por pastor. Yo El Señor les seré por Dios, y MI SIERVO DAVID príncipe en medio de ellos. Yo El Señor he hablado”. Ezequiel 34:22-24

Ovejas perdidas fueron mi pueblo; sus pastores las hicieron errar, por los montes las descarriaron; anduvieron de monte en collado, y se olvidaron de sus rediles”. Jeremías 50:6

Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntase por ellas”. Ezequiel 34:6

Y ahora notemos cómo en el evangelio de Mateo se anuncia su cumplimiento:

“El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Mateo 15:24

O este otro pasaje en el que se alude a las diez tribus perdidas de Israel:

“¿O qué mujer que tiene DIEZ dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?” Lucas 15:8

El cumplimiento de las profecías

Como ya he comenzado a hacerte notar, el propósito principal de los Escritos del Nuevo Testamento (Nuevo Pacto) es ANUNCIAR que ha comenzado el cumplimiento de todas las profecías que prometían ese Enviado el cual vendría a salvar a su pueblo en la dispersión dando así inicio a la Restauración de Israel.

Desde Mateo hasta Apocalipsis la Escritura no cesa de dar aviso sobre el cumplimiento de las Promesas hechas a esa porción del pueblo santo en el sentido de que Dios nunca se olvidó de ellos.

Por tanto es necesario que estés al tanto de que hay una conexión clara entre las profecías del Antiguo Testamento (Primer Pacto) y su cabal cumplimiento en el Nuevo Testamento (Nuevo Pacto). Simplemente -tal como en forma somera acabamos de hacer con el texto de Oseas- solo hay que hacer una lectura sistemática y completa efectuando un cruce de información entre ambas partes de la Biblia (Nuevo y Antiguo Testamento) a fin de encontrar todas las coincidencias.

“Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían”. Lucas 24:27

El contexto es la clave

Quizá una pregunta pertinente sería ¿Cómo fue que perdimos contacto con esta conexión tan importante entre las profecías del Primer Pacto y su cumplimiento en los Escritos del Nuevo Pacto?

Tal como acabo de mostrarte, la información clave que nos deja evidencia de todo ello siempre ha permanecido en la Escritura, pero esas conexiones se vuelven difíciles de ver cuando el contexto cultural del lector cambia. Y en efecto eso fue lo que sucedió: el contexto cultural de los creyentes cambió en los siglos posteriores a los apóstoles.

Los apóstoles pudieron darse cuenta de inmediato de estas cosas, primero porque El Señor tuvo a bien abrirles los ojos quitándoles el velo del corazón (2 Corintios 3:15) pero también gracias al contexto histórico y cultural en el que vivieron. En tal contexto no solo se oía y se comentaba insistentemente lo escrito por Moisés y los profetas, sino que año con año se celebraban las siete fiestas (Mateo 26:17). Todo ello fueron instrumentos didácticos imprescindibles que les permitieron estar siempre al tanto de la llegada del Ungido (Cristo; Mesías) y del cumplimiento que traía consigo de las demás Promesas.

Las generaciones posteriores de creyentes, incluidos sus guías, pertenecieron a un contexto diferente al de los escritores de la Biblia. Esto hizo que poco a poco se desenfocara el verdadero núcleo del Mensaje, que es el cumplimiento de lo profetizado. Las conexiones de los Escritos del Primer Pacto con las del Nuevo Pacto se fueron perdiendo con el tiempo.

Para entender lo mismo que los apóstoles y profetas comprendieron en su momento es necesario tratar de relacionarnos con el contexto en el que ellos vivieron. Cuanto más nos relacionemos con tal contexto mejor comprenderemos el verdadero sentido de las Escrituras.

El hilo conductor de la Biblia

Si bien tratar de relacionarnos con el contexto bíblico podría llevarnos toda una vida de investigación, podemos comenzar tal ejercicio echando un muy breve vistazo al hilo conductor por donde la Biblia nos lleva a través de la Historia del pueblo elegido, su concepción, consolidación, división, dispersión y final reunificación.

Si cada vez que estudias la Escritura tienes en cuenta este hilo conductor que te pongo a continuación, te será más fácil conectar las profecías del Primer Pacto (Antiguo Testamento) con sus cumplimientos en el Nuevo Pacto (Nuevo Testamento).

1.- Se hace la promesa a Abraham de que su descendencia será numerosa y todas las naciones de la Tierra serán bendecidas por ello (Génesis 15:5 / Génesis 18:17-19 / Génesis 22:18).

2.- La promesa pasa por Ïsaac y Jacob (Génesis 17:19 / Génesis 25:33).

3.- Jacob toma el nombre de Israel y tiene 12 hijos (Génesis 35:10 / Génesis 35:22).

4.- Las 12 tribus van a Egipto donde permanecen en esclavitud (Génesis 45:18 / Éxodo 1:1-13).

5.- Moisés saca al pueblo elegido de Egipto (Éxodo 12: 37-41).

6.- Israel entra en la Tierra Prometida y se establece (Josue 5: 11-12).

7.- El reino se consolida y se expande durante el reinado de Salomón (1 Reyes 4:21).

8.- La nación se divide en dos: al norte queda Israel y al sur Judá (1 Reyes 12:21).

9.- La nación del norte, conformada por 10 de las tribus es conquistada por los asirios en el 722 a. C. Sus habitantes son dispersados por todo el imperio (2 Reyes 17:6). A sus descendientes Dios por medio de los profetas les distingue de la Casa de Judá llamándoles Casa de Israel (Jeremías 5:11) y les promete que no los olvidará (Jeremías 33:14) y que no importa cuan lejos hayan sido arrojados, pues algún día Ungirá a un Elegido a quien designará la misión de ir a buscarles (Ezequiel 34:23-24) y que si se arrepienten y se convierten de sus malos caminos que aprendieron de las naciones en las que vivieron (Proverbios 1:23), El Señor los regresará a la Tierra que dio a sus padres (Jeremías 23:8). Ese día ya no serán dos naciones, sino una sola (Ezequiel 37:22).

10 .- El Ungido (Cristo en griego; Mesías en hebreo) de la profecía es Jesucristo, quien desde hace dos mil años ha estado rescatando a las ovejas perdidas de su pueblo, Israel (Mateo 1:21). A esas ovejas perdidas, rescatadas de entre las naciones gentiles donde habían sido esparcidas, el mundo les llamó cristianos (Hechos 11:26), pero en realidad SON LA CASA DE ISRAEL (Zacarías 8:13).

11.- Al final de los tiempos, la Casa de Israel (cristianos) y la Casa de Judá (judíos) serán un solo pueblo (Ezequiel 37:22).

Así que no está de más decirte que será muy útil para ti que en adelante, y no solo durante el recorrido de esta obra sino en tus propias investigaciones, tengas siempre presente este hilo conductor.

En el siguiente capítulo te hablaré acerca de la Sangre de Jesucristo y su íntima relación con el Espíritu Santo y cómo es que mediante ello las personas pueden ser reintegradas a Israel.