Recuperando los pedazos que se llevó el viento

En la hora undécima de nuestro reloj profético, miles de años después estás aquí, recobrando tanto tu memoria como tu identidad. Enterándote cuál es el lugar al que realmente perteneces.

En el registro de la Historia de Israel de la Biblia esta hora undécima corresponde al tiempo actual: las ovejas perdidas del pueblo de Dios diariamente son recuperadas por Jesucristo y sus pastores en todas las naciones. Hasta ahora, por ser seguidores de Cristo, el mundo les ha conocido como cristianos, pero acorde a la Escritura son el linaje de la Casa de Israel que estaba perdido y ha sido encontrado. Parte de la restauración de ese linaje consistirá en informarle todo lo concerniente a sus raíces hebreas.

Profecía de destierro en caso de infidelidad al Pacto

Por medio de Moisés El Señor ya había advertido al pueblo sobre las consecuencias de ser infiel al Pacto:

“Pongo hoy por testigos al cielo y a la tierra de que muy pronto ustedes serán totalmente borrados de la tierra por la cual cruzan el Jordán para tomar posesión de ella. No estarán en ella mucho tiempo sin que sean destruidos. EL SEÑOR LOS ESPARCIRÁ ENTRE LOS PUEBLOS, y un reducido número de ustedes quedará entre las naciones a las cuales el Señor los lleva. Allí ustedes servirán a dioses de madera y piedra, hechos por manos humanas, incapaces de ver, oír, comer ni oler”. Deuteronomio 4:26-28 RVC

“EL SEÑOR TE LLEVARÁ A TI, Y AL REY QUE HAYAS PUESTO PARA QUE TE GOBIERNE, A UNA NACIÓN QUE NI TÚ NI TUS PADRES CONOCIERON, y allá servirás a dioses ajenos de palo y de piedra. Serás motivo de horror, y objeto de comentarios y de burlas de todos los pueblos a donde el Señor te lleve”. Deuteronomio 28:36-37 RVC

“Más aún, todas las naciones dirán: ¿Por qué hizo esto el Señor con esta tierra? ¿Qué significa el ardor de este gran enojo? Y se les responderá: Es que SE APARTARON DEL PACTO QUE EL SEÑOR, el Dios de sus padres, concertó con ellos cuando los sacó de Egipto, y fueron y sirvieron a dioses ajenos, y se inclinaron ante ellos. Eran dioses que nunca antes conocieron, y que nada les habían dado. Por eso se encendió la ira del Señor contra esta tierra, y trajo sobre ella todas las maldiciones escritas en este libro. EL SEÑOR LOS DESARRAIGÓ DE SU TIERRA con gran ira, furor e indignación, y los expulsó a otro país, como hoy se puede ver.” Deuteronomio 29:24-28 RVC

Infidelidad al Pacto de la Casa de Israel

En la Escritura consta, a manera de testimonio antes de la sentencia, la persistente infidelidad de todo el pueblo de Dios:

“Han vuelto a cometer las mismas maldades de sus antepasados, los cuales no quisieron escuchar mis palabras sino que se fueron en pos de dioses ajenos y les sirvieron. TANTO LA CASA DE ISRAEL COMO LA CASA DE JUDÁ INVALIDARON EL PACTO QUE HICE CON SUS PADRES”. Jeremías 11:10 RVC

“Hijo de hombre, mientras el pueblo de Israel habitaba en su tierra, la contaminó con sus hechos y su modo de proceder. A mis ojos, su manera de actuar fue tan repugnante como si estuvieran menstruando. Por la sangre que derramaron, descargué mi enojo sobre ellos, pues con sus ídolos contaminaron la tierra. POR ESO LOS DISPERSÉ POR TODAS LAS NACIONES Y POR TODOS LOS PAÍSES, pues los juzgué como lo merecían sus acciones y su conducta. Cuando llegaron a las naciones a las que fueron llevados, profanaron mi santo nombre, pues de ellos se decía que eran el pueblo del Señor, y que de la tierra del Señor habían salido. Y me ha dolido ver que mi santo nombre ha sido profanado por el pueblo de Israel ENTRE LAS NACIONES A LAS QUE FUERON LLEVADOS”. Ezequiel 36:17-21 RVC

“Pero ustedes, CASA DE ISRAEL, pecaron contra mí ¡COMO LA ESPOSA INFIEL QUE ABANDONA A SU COMPAÑERO!” —Palabra del Señor. Jeremías 3:20 RVC

“¿Qué derechos [de esposa] puedes reclamar en mi casa, amada mía, si has incurrido en tantos hechos repugnantes? ¿Crees acaso que los sacrificios y la carne consagrada de los animales ofrendados pueden librarte del castigo? ¿Puedes jactarte de eso? El Señor te puso por nombre «Olivo verde», de hermosos frutos y de bella apariencia; pero a la voz de un fuerte estrépito hizo que le prendieran fuego, y se quebraron sus ramas [dispersión de las tribus]. Ciertamente el Señor de los ejércitos, que te plantó, ha decretado contra ti una calamidad por causa de las maldades cometidas por LA CASA DE ISRAEL Y LA CASA DE JUDÁ; ¡por provocar su ira al ofrecerle incienso a Baal!”. Jeremías 11:15-17 RVC

Hasta aquí deberá quedar claro que la Escritura muestra lo siguiente:

1.- La Alianza celebrada entre el pueblo de Dios y su Señor consistía en un Pacto Matrimonial.

2.- El pueblo de Dios –la esposa– cometió infidelidad al adorar a otros dioses.

3.- Al ser la infidelidad causal de disolución del matrimonio El Señor se divorció de su pueblo Israel, reino del norte (no así de Judá), despidiéndole.

Al cometer infidelidad Israel, reino del norte, se situó fuera del Pacto por lo que El Señor le despidió como se despide a una esposa infiel. Pero a continuación analizaremos las condiciones en las que – generaciones después– El Señor ofrece a los descendientes del pueblo original esparcido entre las naciones regresar a un Nuevo Pacto.

Promesa de la posibilidad de retornar a un Nuevo Pacto

Pero El Señor que es Justo y no deja de amar a su pueblo, no hará pagar por el pecado de sus antepasados a los descendientes de aquellos que fueron infieles (Jeremías 31:29 / Ezequiel 28:2) y les ofrece la posibilidad –no obstante hallarse lejos de Israel, la tierra de sus ancestros– de retornar a Él, desde dondequiera que estén:

“Pero si estando allí [en esas otras naciones] buscas al Señor tu Dios, lo hallarás, siempre y cuando lo busques con todo tu corazón y con toda tu alma. EN LOS ÚLTIMOS DÍAS, si te encuentras angustiado y afectado por todas estas cosas, si te vuelves al Señor tu Dios, y oyes su voz, Él no te abandonará ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que hizo con tus padres, porque el Señor tu Dios es un Dios misericordioso”. Deuteronomio 4:29-31 RVC

Es de tal forma que por generaciones El Padre Celestial ha estado haciendo un Llamado (Jeremías 3:21-22) a los corazones de su pueblo esparcido alrededor de todo el mundo para que regresen a Él por medio de un Nuevo Pacto:

«He aquí que vienen días, dice El Señor, en los cuales haré NUEVO PACTO CON LA CASA DE ISRAEL Y CON LA CASA DE JUDÁ«. Jeremías 31:31

Pacto que aunque también es matrimonial debido a la circunstancia particular de la Casa de Israel no será igual que el primero:

«No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos INVALIDARON MI PACTO, AUNQUE FUI YO UN MARIDO PARA ELLOS, dice El Señor». Jeremías 31:32

Cumpliendo el Nuevo Pacto es como el pueblo de Dios volverá al Señor:

«El Señor tu Dios pondrá todas estas maldiciones sobre tus enemigos, y sobre los que te odiaban y te perseguían. Y tú volverás, y escucharás la voz del Señor, y pondrás por obra todos los mandamientos que hoy te ordeno cumplir. El Señor tu Dios te hará prosperar en todo lo que hagas con tus manos, y multiplicará el fruto de tu vientre, el fruto de tu bestia, y el fruto de tu tierra. SÍ, EL SEÑOR VOLVERÁ A SOLAZARSE CONTIGO PARA BIEN, TAL Y COMO SE SOLAZÓ CON TUS PADRES, SIEMPRE Y CUANDO OBEDEZCAS LA VOZ DEL SEÑOR TU DIOS Y CUMPLAS LOS MANDAMIENTOS Y LOS ESTATUTOS ESCRITOS EN ESTE LIBRO DE LA LEY; y siempre y cuando te vuelvas al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma». Deuteronomio 30:6-10 RVC

La Gracia, el regreso al Pacto en su forma espiritual

Es Pablo el designado por El Señor (Hechos 9:15 / Hechos 13:47 / Gálatas 2:8-9) para enseñar a la Casa de Israel cómo habrá de cumplir con el Nuevo Pacto a fin de regresar al Padre Celestial:

“Para esto yo fui constituido predicador y apóstol (digo verdad en Cristo, no miento), y maestro de los gentiles en fe y verdad”. 1 Timoteo 2:7

El apóstol Pablo enseñará a la Casa de Israel (Romanos 1:5) que el cumplimiento del Nuevo Pacto se efectuará SIN RELIGIÓN DE POR MEDIO, es decir, solo en su forma espiritual. A tal cumplimiento espiritual del Nuevo Pacto el apóstol le llamó VIVIR BAJO LA GRACIA:

“Para que justificados por su GRACIA, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna”. Tito 3:7

Pablo separó ambos cumplimientos del Nuevo Pacto, mientras que para la Casa de Judá el cumplimiento de la Ley debe ser tanto literal como espiritual, la Casa de Israel no debe efectuar tal cumplimiento, sino permanecer en la Gracia, que como ya dije, consiste en el cumplimiento del Nuevo Pacto de una forma espiritual:

“El pecado ya no tendrá poder sobre ustedes, pues ya no están bajo la ley [cumplimiento litúrgico o ritual; al pie de la letra] sino bajo la Gracia [cumplimiento espiritual]”. Romanos 6:14 RVC

“Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar TODA LA LEY [cumplimiento litúrgico o ritual; al pie de la letra]. De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; DE LA GRACIA [cumplimiento espiritual] HABÉIS CAÍDO”. Gálatas 5:3-4

“¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿POR CUÁL LEY? ¿POR LA DE LAS OBRAS [ritos y preceptos; religión]? No, sino POR LA LEY DE LA FE [cumplimiento espiritual]”. Romanos 3:27

El arrepentimiento y la conversión necesarios para ingresar al Nuevo Pacto

Por tanto el pueblo esparcido por las naciones –sin memoria e identidad, pero muy en lo profundo de su ser y casi sin percibirlo aún en posesión de sus raíces hebreas– tendrá la oportunidad de volver a ser parte de Israel, el pueblo elegido de Dios, mediante el cumplimiento del Nuevo Pacto:

“De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa ES EL NUEVO PACTO EN MI SANGRE, que por vosotros se derrama”. Lucas 22:20

El regreso al Padre Celestial mediante el cumplimiento del Nuevo Pacto se efectuará primero con un arrepentimiento y luego con una conversión:

“Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y TE ARREPINTIERES en medio de todas las naciones adonde te hubiere arrojado El Señor, y TE CONVIRTIERES a El Señor tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, entonces El Señor hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido El Señor tu Dios. Aun cuando tus desterrados estuvieren en las partes más lejanas que hay debajo del cielo, de allí te recogerá El Señor tu Dios, y de allá te tomará; y te hará volver El Señor tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y será tuya; y te hará bien, y te multiplicará más que a tus padres”. Deuteronomio 30:1-5

El arrepentimiento y la conversión solicitados a aquellos miembros del pueblo de Dios que han sido encontrados entre las naciones gentiles, la Casa de Israel, consiste en lo siguiente:

Arrepentimiento:

El arrepentimiento consiste en reconocer ante el Padre Celestial que se ha vivido una vida sin cumplir con los estatutos del Nuevo Pacto, esto es, que se ha vivido en pecado:

“Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo”. Lucas:15-21

Pues la Biblia misma define el pecado como la infracción de la Ley o Pacto:

“Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues EL PECADO ES INFRACCIÓN DE LA LEY.” 1 Juan 3:4

En este punto el apóstol Pablo no deja de insistir en que para la Casa de Israel la cual regresa al Padre sin circuncisión externa y desde las naciones gentiles, el cumplimiento del Nuevo Pacto será –por Misericordia de Dios– únicamente espiritual, es decir bajo la Gracia o sea sin liturgia o ritos (religión) de por medio.

Conversión:

El diccionario define una conversión como una transformación; convertir a algo o alguien en algo que no era.

Cuando la Biblia habla de una conversión se refiere a convertirse en una persona nueva, nacer de nuevo (2 Corintios 5:17 / Juan 3:3); más concretamente transformarse de pecador a justo.

Porque mientras que el pecador por definición es el que se dedica a transgredir la Ley o Pacto (1 Juan 3:4 / Nehemías 9:29) el justo también por definición es el que vive haciendo lo contrario, es decir, obedeciendo con amor los Mandatos de Dios (Salmo 40:8).

Dentro de las expresiones figuradas del lenguaje bíblico convertirse equivale a ir en la dirección equivocada, es decir, por el camino equivocado y rectificar dando media vuelta para volver al camino correcto:

“Sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados”. Santiago 5:20

La conversión implica en el caso de la Casa de Israel un acto mutuo, tanto de parte del creyente que arrepentido solicita volver, como también de parte del Padre celestial que dichoso le acepta.

Como acabo de decir párrafos arriba, aquella persona que habiendo vivido lejos del Pacto (Efesios 2:12-14), es decir, en la incircuncisión o gentilidad y su corazón le dice que su pertenencia es al linaje de Israel y una vez habiéndose arrepentido de haber vivido así desea volver al Señor mediante el cumplimiento de Su Pacto cumplirá los Mandamientos de Dios no en su forma religiosa, literal o litúrgica sino en su forma eterna que es la espiritual. O en las mismas palabras del apóstol Pablo, comenzará a vivir bajo la Gracia.

Por su parte el Padre Celestial circuncida espiritualmente a la nueva persona, es decir, no en la carne sino en el corazón, que es el centro de las emociones, donde surge el amor. Por lo que una vez circuncidado el corazón el amor por las cosas de este mundo (1 Juan 2:15) será echado de nosotros quedando solo el amor a Dios:

“El Señor tu Dios CIRCUNCIDARÁ TU CORAZÓN, Y EL CORAZÓN DE TU DESCENDENCIA, PARA QUE LO AMES CON TODO TU CORAZÓN Y CON TODA TU ALMA, Y TENGAS VIDA”. Deuteronomio 30:6 RVC

Porque el rito de la circuncisión que consiste en separar la carne del creyente simboliza el retiro de su personalidad de todo lo carnal, lo pecaminoso.

Ahora bien esa circuncisión espiritual que practica el Padre Celestial en el creyente consiste en enviar su Espíritu Santo –que también es Su Ley Eterna (*)– al corazón de la persona nacida de nuevo:

“Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice El Señor: Daré mi ley [El Espíritu Santo] en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo”. Jeremías 31:33

“Y es Dios el que también nos ha marcado con su sello, y el que, como garantía, ha puesto al Espíritu en nuestros corazones”. 2 Corintios 1:22

“Y por cuanto ustedes son hijos, Dios envió a sus corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” Gálatas 4:6

(*) Las tablas de la Ley son símbolo del Espíritu Santo. Al igual que cincuenta días después de salir de Egipto el pueblo recibió las tablas de la Ley por medio de Moisés, así también cincuenta días después de la Resurrección de Jesucristo, en Pentecostés, el Espíritu Santo descendió sobre los creyentes.

El amor sobrenatural que solo el Espíritu Santo produce

El Espíritu Santo es el único que produce el poder sobrenatural necesario para cumplir con el Pacto, pues al anidar en el centro de las emociones del creyente genera amor sobrenatural.

Porque acorde a la enseñanza de Pablo, el cumplimiento del Nuevo Pacto en su forma espiritual consiste en amar al Señor nuestro Dios por sobre todas las cosas y amar a nuestras hermanas y hermanos como a uno mismo (Mateo 22: 34-40 / Lucas 10: 25-28 / Romanos 13:8-10 / Gálatas 5:14 / Santiago 2:8 / Deuteronomio 6:5 / Levítico 19:17-18):

“No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley”. Romanos 13:8

“El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor”. Romanos 13:10

“Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Gálatas 5:14

Una vez que el creyente ha recibido la circuncisión del corazón –el Espíritu Santo– ya no pertenece a la gentilidad, sino a la Casa de Israel.

Aquí debemos dejar claro que si bien la conversión de la Casa de Israel deberá ser siempre espiritual, la practicada por la Casa de Judá (judíos) sí que debe ser en la carne, es decir, literal, litúrgica o religiosa.

Pero te preguntarás y harás bien: ¿Por qué contrario a la Casa de Israel, cuyo cumplimiento del Nuevo Pacto deberá ser exclusivamente espiritual, la Casa de Judá sí que debe permanecer en la liturgia o cumplimiento literal del Pacto o Ley?

Porque El Señor en Su Infinita Sabiduría y Misericordia está impartiendo Justicia. Como vimos capítulos atrás, tanto Judá como Israel pecaron por igual:

“Y vio también que yo repudié a la rebelde Israel y que ME DIVORCIÉ DE ELLA PRECISAMENTE POR EL ADULTERIO COMETIDO. PERO JUDÁ, LA INFIEL HERMANA DE ISRAEL, no tuvo temor, sino que también ella fue y se dedicó a la prostitución”. Jeremías 3:8 DHH

«Pero NI SIQUIERA JUDÁ CUMPLIÓ LOS MANDAMIENTOS del Señor su Dios, sino que siguieron los estatutos que Israel mismo se prescribió». 1 Reyes 17:19

“Se han vuelto a las maldades de sus primeros padres, los cuales no quisieron escuchar mis palabras, y se fueron tras dioses ajenos para servirles; LA CASA DE ISRAEL Y LA CASA DE JUDÁ INVALIDARON MI PACTO, el cual había yo concertado con sus padres”. Jeremías 11:10

Aunque tanto Judá como Israel con sus persistentes infidelidades invalidaron por igual el Pacto Matrimonial El Señor solo se divorció de Israel despidiéndole al destierro y desentendiéndose de ellos.

Los descendientes del reino de Israel perdieron a su Dios, pero no sucedió así a los descendientes del reino de Judá (judíos). Por tanto El Señor ha determinado que lo justo es que la Casa de Israel regrese de una forma más accesible, esto es bajo la Misericordia de Dios, que también es la Gracia: el cumplimiento del Pacto ya no como lo efectúa Judá –en su forma tanto literal como espiritual– sino solo en su forma espiritual.

“Apacenté, pues, las ovejas de la matanza, esto es, a los pobres del rebaño. Y tomé para mí dos cayados [palos]: al uno puse por nombre Gracia [cumplimiento espiritual], y al otro Ataduras [cumplimiento litúrgico, religioso]; y apacenté las ovejas”. Zacarías 11:7

“Diles: Así ha dicho el Señor: He aquí, yo tomo el palo [cayado] de José que está en la mano de Efraín [Casa de Israel], y a las tribus de Israel sus compañeros, y los pondré con el palo [cayado] de Judá [Casa de Judá], y los haré un solo palo [cayado], y serán uno en mi mano”. Ezequiel 37:19

Jesucristo es el Pastor que unificará a los dos pueblos que por ahora son la Casa de Judá y la Casa de Israel, pero en el cumplimiento de la siguiente hora, la hora final, serán uno solo: Israel.

Así que la hora undécima del reloj profético marca el tiempo presente, el que nos tocó vivir, pero ya estamos a punto de que se cumpla la hora final. Ahora bien, ¿Qué va a suceder en la hora final y qué es lo que tú tendrías que estar haciendo ya para prepararte? Te lo comenzaré a explicar en el siguiente capítulo. Te espero ahí. No tardes.

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