El significado espiritual de los antiguos sacrificios en el altar

A continuación revisemos de nuevo tan solo tres versículos en los que la Escritura nos muestra que el significado de los sacrificios que se quemaban en el altar no es otro sino las buenas obras:

«Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios». Hebreos 13:16

«Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios». Filipenses 4:18

«Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, PARA OFRECER SACRIFICIOS ESPIRITUALES ACEPTABLES a Dios por medio de Jesucristo». 1 Pedro 2:5

El altar principal del Templo en Jerusalén era una parrilla en cuyo fuego se colocaban para ser asados cereales tales como trigo, cebada, centeno y avena, ya fuera en forma de pan o inclusive las gavillas completas; igualmente se quemaban en él frutos tales como dátiles, higos, manzanas y granadas; además de los animales permitidos (Levítico 11), como lo eran la oveja o la cabra, por tan solo mencionar dos; también ritualmente se derramaban sobre el altar agua pura de manantial, aceite puro de oliva y vino (Números 28:14 / 2 Reyes 16:13).

Todo lo que se llevaba como ofrenda para ser quemado en el altar debía ser de excelente calidad (Levítico 22:21 / Números 28:31). Inclusive en el caso de aquella ofrenda considerada como primicias, se seleccionaba siempre lo mejor de lo mejor (1 Samuel 15:9 / 1 Samuel 15: 15 / 1 Samuel 15:21). Se consideraba una falta llevar una ofrenda al altar que no fuera apta en este sentido y por tanto se rechazaba (Deuteronomio 15:21).

Los sacrificios en el altar simbolizan las buenas obras

Como ya te mostré en el capítulo anterior, absolutamente todos los ritos de la ley de Moisés están diseñados con un propósito específico, que es el de preservar un mensaje, un significado espiritual (Deuteronomio 6:20-21).

No fueron otros sino los profetas quienes incansablemente trataron de enseñar al pueblo que aquellas ofrendas que se presentaban en el altar de sacrificios eran meras cubiertas protectoras (Mateo 7:12 / Mateo 22:40 / Hechos 28:23 / Romanos 3:21) puesto que para Dios lo importante era la preservación del Mensaje y su posterior cumplimiento espiritual.

«¿Con qué me presentaré ante El Señor, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará El Señor de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, Él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Dios de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios». Miqueas 6: 6-8

Recordemos que todas las ofrendas que llevaba el pueblo de Israel al altar de sacrificios simbolizan la misericordia, la justicia, la fe y la humildad (1 Samuel 15:21-23 / Salmo 40:6-8 / Salmo 51:16-17 / Proverbios 21:3 / Isaías 1:10-17 / Isaías 58:5-7 / Jeremías 6:19-20 / Amós 5:21-24 / Oseas 4: 6 / Oseas 6:6 / Miqueas 6:6-8). Que no son otra cosa sino compadecernos de los que menos tienen y hacer lo que esté en nuestras manos por ayudarles, aún en perjuicio de nosotros mismos. ESO ES LA LEY Y LOS PROFETAS (Mateo 7:12 / Mateo 22:40 / Gálatas 5:14).

«Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas». Mateo 22:38-40

«No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley«. Romanos 13:8

«Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Gálatas 5:14

La sal en las ofrendas representa el amor puro en las buenas obras

Asimismo, los sacrificios que se quemaban en el altar, por ley, debían estar acompañados de sal, no así de miel. A continuación mostramos el significado espiritual de tal mandato ritual.

«Y sazonarás con sal toda ofrenda que presentes, y no harás que falte jamás de tu ofrenda la sal del pacto de tu Dios; en toda ofrenda tuya ofrecerás sal». Levítico 2:13

Así como en aquel entonces ninguna ofrenda que no llevara sal era acepta, tampoco nuestro Padre celestial aceptará buenas obras que no lleven amor puro, esto es, rechazará por completo aquellas buenas obras que hagamos con la intención oculta de obtener a cambio de ellas fama, dinero, favores o reconocimiento de los hombres, etc. (Mateo 6: 1-4).

«No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad». Mateo 7:21-23

El amor puro, no fingido y libre de toda corrupción de maldad, el amor sobrenatural el cual lo deben llevar todas nuestras ofrendas -buenas obras-, es el amor que solo el Espíritu Santo de Dios puede producir en sus hijos (1 Corintios 13:3-7).

La sal como elemento purificador

«Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal». Marcos 9:49

Uno de los muchos usos de la sal en la antigüedad era para preservar los alimentos, pero otro de los usos para lo que se le destinaba era el sanitario, esto es, de sanar las heridas, porque los antiguos descubrieron que la sal también actuaba como un potente purificador.

La frase figurada «echar sal en la herida» nos viene de esa antigua práctica de limpiar una herida expuesta echándole sal. Desde luego que el tratamiento era doloroso, pero no había nada más efectivo. Gracias a una rápida intervención se evitaba que la herida se extendiera sanándose por completo. Es precisamente a ese antiguo uso limpiador, que nuestro Señor Jesucristo hace referencia en la profecía que acabamos de leer y de la cual a continuación hablaremos un poco más.

Purificación de la ofrenda

El sacrificio al que nuestro Señor se refiere en este pasaje es la ofrenda que los israelitas llevaban antiguamente al altar en el Templo de Jerusalén.

Como ya mencionamos, las ofrendas consistían en alimento. Ya fueran animales o cosechas, todo lo que se ofrendaba era rociado abundantemente con sal para purificarle, tal como se hacía con las heridas, por mandato la comida se rociaba con sal para limpiarla de toda posible corrupción.

La sal en la ofrenda representa que todas nuestras buenas obras serán probadas

De manera que al Señor en realidad no le interesan de la Casa de Israel los sacrificios rituales (1 Samuel 15:21-23 /Salmo 40:6-8 / Salmo 51:16-17 / Proverbios 21:3 / Isaías 1:10-17 / Jeremías 6:19-20 / Amós 5:21-24 / Oseas 4: 6 / Oseas 6:6 / Miqueas 6:6-8), sino las buenas obras que hacemos obedeciendo su Palabra. Pero hay más: así como las ofrendas del antiguo Israel eran purificadas con sal al ser llevadas al altar, también todas nuestras buenas obras serán sometidas al fuego purificador:

«…la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego». 1 Corintios 3:13-15

Todas las buenas obras que hagamos, serán probadas por el fuego purificador eliminando de ellas toda corrupción, permaneciendo solo las que HAYAMOS HECHO CON AMOR GENUINO:

«Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta». 1 Corintios 13: 3-7

Solo las buenas obras que hagamos con amor genuino y puro, no fingido y corrupto, esto es, sin ninguna intención oculta o interés en ganar algo con ello, ya sea fama, riquezas terrenales, control sobre la gente, etc. perdurarán, pues solo el amor verdadero es puro y eterno:

«El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará». 1 Corintios 13:8

Así que nuestras ofrendas, nuestras buenas obras, deberán espiritualmente llevar sal, lo que significa que deberán estar limpias de la corrupción que son las intenciones ocultas tras de ellas, pues en la otra vida serán sometidas al fuego purificador del que juzgará nuestras almas. Tal como antiguamente el sacerdote examinaba las ofrendas y si faltaba sal en ellas o detectaba con su ojo y olfato de experto tan solo una pizca de corrupción las devolvía y las declaraba no aceptas, así nuestro sumo sacerdote, el Señor Jesucristo (Hebreos 10:21), examinará nuestras ofrendas, las buenas obras, y aquellas que no lleven la sal purificadora del Espíritu y por tanto corrupción, no serán aceptas.

«Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro». 1 Pedro 1:22

«…y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras». Apocalipsis 2:23

Es con esta norma -el cumplimiento espiritual de la Ley- que el Señor Jesucristo advierte que juzgará a las tribus de Israel:

«Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad EL REINO PREPARADO PARA VOSOTROS desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.

Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna. Mateo 25:31-46

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad». Mateo 7:21-23

Recapitulando

Hasta aquí hemos aprendido que la Palabra manda que nosotros, la Casa de Israel, no debemos efectuar los ritos de Moisés (Gálatas 3:2-4 / Gálatas 5:3-4), pero sí que es nuestro deber extraer de tales ritos su concerniente significado espiritual y obedecerlos; y si bien ya no llevamos ofrendas al altar -como se hacía antes-, es deber de la Casa de Israel seguir ofreciendo los mismos sacrificios, pero ahora en forma espiritual (1 Pedro 2:5). Tal como el del Señor Jesucristo, quien se ofreció a sí mismo, dándonos ejemplo de la ofrenda que a Dios le agrada, nuestra propia vida:

«Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante». Efesios 5:2

Así que nuestras buenas obras son ofrendas quemadas cuyo aroma fragante sube agradable a Dios. Son los profetas quienes nos enseñan que los antiguos sacrificios en el altar en realidad son símbolos de las buenas obras que los hijos de Dios deben practicar; y el Señor desea que hagamos las buenas obras que tales sacrificios simbolizan y NO AL REVÉS.

«Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos». Oseas 6:6