Jesucristo es el Espíritu Santo

En el capítulo anterior te expliqué que Jesucristo es la Palabra de Dios por la cual Dios hizo todas las cosas. Ahora te mostraré que mediante Esa Voz con la cual creó todo, Dios también prometió que algún día Su Palabra no solo vendría a habitar entre nosotros sino también haría morada en nosotros por medio de Su Espíritu (Isaías 7:14 / Mateo 1:23).

Tal vez alguna vez te hayas hecho las siguientes preguntas: ¿Quién es El Espíritu Santo? ¿Dónde está realmente?

La Biblia nos muestra quién es realmente El Espíritu Santo y dónde está. En este capítulo analizaremos paso a paso las evidencias de su identidad y localización.

La sangre es el espíritu

En tiempos bíblicos se tenía por cierto que la sangre era la vida que habitaba el cuerpo físico, es decir, el ser interior de todo ser vivo. Por ello es que Dios dijo a Caín luego de que este matara a su hermano Abel:

«…la VOZ DE LA SANGRE de tu hermano CLAMA a mí desde la tierra». Génesis 4:10

Al matar a Abel, Caín derramó su sangre (Génesis 4:8). Al salir la sangre del cuerpo de Abel se fue con ella su ser interior. La voz de la sangre de Abel era la voz de su espíritu.

Por ello, el autor de la epístola a los hebreos se expresa de la siguiente manera refiriéndose a la Voz de Jesucristo que habla a nuestros corazones no de venganza como la de Abel, sino de perdón:

“A Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a LA SANGRE ROCIADA QUE HABLA mejor que la de Abel”. Hebreos 12:24

Los antiguos notaron muy tempranamente que cuando la sangre salía por completo del ser vivo este al fin moría. Entonces ellos concluyeron que la sangre era el ser interior de todo ser vivo.

La asociación que hicieron entre la sangre y el espíritu muy probablemente vino de la observación, por ejemplo, cuando alguien era herido ya fuera en batalla o en algún accidente y se desangraba hasta morir. Otro ejemplo podemos encontrarlo en las ofrendas que eran llevadas al altar: los antiguos notaban que al degollar al animal ofrecido en sacrificio (Levítico 7:2) conforme su sangre iba abandonando el cuerpo este iba también perdiendo su vida.

Por ello también El Señor dice:

“…pero carne con SU VIDA QUE ES SU SANGRE no comeréis”. Génesis 9:4

Es decir, antes de ingerir algún animal debían extraer completamente su sangre, que es su espíritu, su vida, su ser interior.

La preciosa Sangre de Jesucristo es su Espíritu Santo

Es así que la Sangre derramada del Señor Jesucristo se nos presenta como figura de su Espíritu Santo. Sabemos que es figura de su Espíritu porque no tiñe de rojo sino que limpia y emblanquece los vestidos de los santos:

“Y yo le dije: –Señor mío, tú lo sabes. Y él me dijo: –Estos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestidos y los han EMBLANQUECIDO EN LA SANGRE del Cordero”. Apocalipsis 7:14

Por ello en el lenguaje bíblico el agua del bautismo (Juan 3:5) la Sangre del Señor y Su Espíritu concuerdan:

“Porque tres son los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la Sangre; y estos tres concuerdan en uno”. 1 Juan 5:7-8 RVA

“Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua”. Juan 19:34

Porque de hecho el rito del bautismo es el símbolo o figura de la limpieza interior que el Espíritu Santo efectúa en la vida del creyente:

“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. Juan 3:5

La Sangre derramada de nuestro Señor Jesucristo es su Ser Interior, SU VIDA, el Espíritu Santo, la Presencia Santísima que nos lleva a toda Verdad cuando entramos en comunión con su Palabra (Juan 16:13). Y por lo mismo es la propia Escritura la que también dice:

“Y por cuanto sois hijos, Dios envió A VUESTROS CORAZONES EL ESPÍRITU DE SU HIJO, el cual clama: ¡Abba, Padre!” Gálatas 4:6

El Señor Jesucristo les dijo a sus discípulos que si bien, acorde a la Promesa, MORABA ENTRE ELLOS –porque nuestro Señor siendo la Palabra de Dios cumpliendo la Promesa vino a habitar entre los hombres (Isaías 55:10-12 / Miqueas 5:2) estaba ya por regresar al Padre (Juan 16:28 / Isaías 55:11)–. Pero les dio otra Promesa: MEDIANTE su Santo Espíritu ya no habitaría más ENTRE ellos, sino DENTRO DE ELLOS.

“…el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, PORQUE MORA CON VOSOTROS, Y ESTARÁ EN VOSOTROS”. Juan 14:17

“No os dejaré huérfanos; VENDRÉ A VOSOTROS”. Juan 14:18

“En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, Y YO EN VOSOTROS”. Juan 14:20

“Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y VENDREMOS A ÉL, Y HAREMOS MORADA CON ÉL [es decir, vivirán en un mismo tabernáculo/cuerpo]”. Juan 14:23

Pablo habla de la ayuda que le da el Espíritu de Jesucristo:

“Porque sé que, gracias a las oraciones de ustedes y a la ayuda que me da EL ESPÍRITU DE JESUCRISTO, todo esto resultará en mi liberación”. Filipenses 1:19 NVI

El Espíritu de Cristo estaba en los profetas que anunciaron su llegada:

«Escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el ESPÍRITU DE CRISTO que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos». 1 Pedro 1:11

Jesucristo mismo se identifica como El Espíritu Santo:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu [Jesucristo, El que habla] dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios”. Apocalipsis 2:7

La sangre de los sacrificios como figura del Espíritu Santo

Los rituales de la Ley entregada a Moisés eran sombras y figuras que se cumplirían con el nacimiento, ministerio, sacrificio, resurrección y regreso de Jesucristo. En particular los ritos en los que se derramaba sangre apuntaban hacia el sacrificio por su pueblo que nuestro Señor Jesucristo consumaría en la cruz:

“Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo [que proyecta esa misma sombra] es de Cristo”. Colosenses 2:16-18

La sangre que se usaba en los sacrificios era un símbolo o figura del Espíritu de Jesucristo que limpiaría de todo pecado a su pueblo. Esto lo podemos ver en la Fiesta del Día del Perdón:

“Y casi todo es purificado, según la Ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión”. Hebreos 9:22

Con esa sangre Moisés purificó simbólicamente al libro de la Ley, al pueblo, al tabernáculo y sus utensilios:

«Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la Ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Y además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio. Y casi todo es PURIFICADO, SEGÚN LA LEY, CON SANGRE; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión». Hebreos 9:19-22

La sangre de esos sacrificios simboliza la purificación interior (1 Pedro 3:21) que solo puede efectuar el Espíritu Santo:

“Y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre”. Apocalipsis 1:5

A diferencia de aquellos sacrificios, que como he dicho fueron símbolo, la sangre de Jesucristo que es su Santo Espíritu ha sido derramada una vez y para siempre:

“Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la Ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero [los sacrificios de animales], para establecer esto último [el cumplimiento efectuado por Jesucristo]. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre”. Hebreos 10: 8-10

Por lo que aquellos sacrificios del Primer Pacto ya no son necesarios:

“Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados”. Hebreos 10:4

Pondré mi Ley en sus mentes: la Sangre del Nuevo Pacto

“Pero este es el pacto que haré con LA CASA DE ISRAEL después de aquellos días, dice El Señor: DARÉ MI LEY EN SU MENTE, y LA ESCRIBIRÉ EN SU CORAZÓN; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo”. Jeremías 31:33

El Espíritu Santo es esa Ley que El Señor prometió poner en las mentes y corazones (el ser interior) de su pueblo. Porque El Espíritu Santo siempre fue la esencia de la Ley que Dios le dio a Moisés y que ahora, por medio de Jesucristo habita en nuestra mente:

“Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le INSTRUIRÁ? Mas nosotros TENEMOS LA MENTE DE CRISTO”. 1 Corintios 2:16

En el pasaje de Jeremías la palabra hebrea torá (Strong H8451) que está traducida como ley también significa enseñanza, dirección, instrucción. Todo lo cual hace el Espíritu Santo mediante la Escritura:

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”. 2 Timoteo 3:16

La Profecía claramente promete que bajo el Nuevo Pacto esa Dirección (Torá – Ley) de El Señor sería Escrita ya no en tablas de piedra –como en el Primer Pacto–, sino ahora directamente en el corazón de su pueblo (La Casa de Israel). Dando a entender que se les daría al Espíritu Santo el cual les revelaría el verdadero significado de la Palabra de Dios:

“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”. Ezequiel 36:26-27

Por eso es solo mediante el Espíritu Santo que Dios revela las Escrituras:

“Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. Pero cuando se conviertan al Señor [Jesucristo], el velo se quitará. PORQUE EL SEÑOR ES EL ESPÍRITU; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad”. 2 Corintios 3:15-17

Tal como acabo de mostrarte, bajo el Primer Pacto la sangre de los animales simbolizaba la sangre del Señor Jesucristo, es decir su Espíritu, con que el Nuevo Pacto sería sellado:

“Porque esto es MI SANGRE [el Espíritu de la Promesa hecha en Jeremías] del Nuevo Pacto, que por muchos ES DERRAMADA para remisión de los pecados”. Mateo 26:28

“Y después de esto DERRAMARÉ MI ESPÍRITU sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones”. Joel 2:28

El Espíritu Santo del Señor es la Sangre del Nuevo Pacto entre el Poderoso de Israel y su pueblo. Mediante esa Sangre seremos resucitados para siempre.

Para el pensamiento bíblico la sangre es un símbolo de la vida. La sangre del Señor Jesucristo que es Eterno es un símbolo de LA VIDA ETERNA que solo da el Espíritu Santo.

Esa es la explicación de porqué la Carne de El Señor es su Palabra y la Sangre su Espíritu:

“El que come mi carne Y BEBE MI SANGRE, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”. Juan 6:54

El Señor nuestro Dios UNO ES

El Dios de Israel es UNO SOLO:

“Oye, Israel: El Señor nuestro Dios, El Señor UNO ES”. Deuteronomio 6:4

Jesucristo es la Palabra de Dios y su Espíritu, por lo que es UNO con el Padre Celestial:

“Yo y el Padre UNO SOMOS”. Juan 10:30

Los discípulos al tener comunión también son UNO entre ellos:

“Y ya no estoy en el mundo; mas estos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que SEAN UNO, así como nosotros”. Juan 17:11

Al tener comunión entre nosotros y luego con la Palabra y El Espíritu TODOS SOMOS UNO EN DIOS:

“Para que TODOS SEAN UNO; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean UNO EN NOSOTROS; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, PARA QUE SEAN UNO, así como nosotros SOMOS UNO. YO EN ELLOS, Y TÚ EN MÍ, PARA QUE SEAN PERFECTOS EN UNIDAD, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”. Juan 17:21-23

Así, por medio del Espíritu de Jesucristo –que es La Palabra de Dios– El Señor busca a sus ovejas perdidas y esparcidas por todo el mundo, para una vez halladas y selladas con su Espíritu (Apocalipsis 9:4), algún día hacerlas regresar a su tierra:

“Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo El Señor hablé, y lo hice, dice El Señor”. Ezequiel 37:14

El viento y el espíritu

“–¡La paz sea con ustedes! –repitió Jesús –. Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes. Acto seguido, SOPLÓ sobre ellos y les dijo: – RECIBAN EL ESPÍRITU SANTO”. Juan 20:21-22 NVI

En los Escritos neotestamentarios si bien la sangre continúa representando al ser interior en tanto que está en el cuerpo físico (Hebreos 12:24 / Apocalipsis 6:9), una nueva figura es usada para representar al espíritu una vez liberado: el viento. Ello debido a que no obstante que es invisible su manifestación se hace evidente:

“El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”. Juan 3:8

La palabra que en el Nuevo Pacto (Nuevo Testamento) regularmente aparece traducida como espíritu corresponde al griego pneuma catalogada en el Diccionario Strong como G4151

El diccionario Strong la define como una corriente de aire (Juan 3:8), es decir, una brisa o viento (Hechos 2:2); lo que la vincula por analogía o figurativamente a aliento, soplo, respiración o signos de vida (Strong G4157).

“Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados.” Hechos 2:2

Tiene las siguientes acepciones:

Ámbito humano

a).- Alude al principio vital por el cual el cuerpo es animado; el aliento que da vida al cuerpo (1 Tesalonicenses 5:23).

b).- El ser interior, etéreo o espiritual, es decir, la esencia humana con la facultad de pensar, conocer, desear, decidir y actuar (1 Corintios 14:32).

En el Nuevo Testamento –y solo en el ámbito humano– mientras que la persona está viva generalmente a su ser interior se le llama espíritu, pero una vez que se ha desprendido de su cuerpo se le llama alma (Psyché; Strong G5590), una personalidad individual, racional e inmortal que no obstante ha dejado el cuerpo (Mateo 12:18) sigue provista de recuerdos, afecto y emoción (Apocalipsis 6:9-11).

Si bien Jesucristo se desprendió de su cuerpo humano al morir (Efesios 4:9-11 / 1 Pedro 3:18-20), recobró la forma corpórea en su resurrección, por ello a su Ser Interior no se le llama Alma Santa sino Espíritu Santo, pues todavía forma parte de un cuerpo material (Juan 20:25-27).

Ámbito sobrehumano

Se les llama espíritus ministradores a los ángeles (Hebreos 1:13-14) y espíritus inmundos a los ángeles caídos (Mateo 12:43) o también espíritus encarcelados (1 Pedro 3:19-20).

Ámbito Divino

Se aplica tanto al Espíritu de Dios (1 Corintios 2:11) como al Espíritu de Cristo (1 Pedro 1:11) y en consecuencia también al Espíritu Santo. Cuando se aplica al Espíritu Santo se le describe siempre como una Persona y nunca como una fuerza despersonalizada refiriéndose a Él de una manera que enfatiza su personalidad y carácter (el Espíritu Santo); en ocasiones de forma que enfatiza su trabajo y poder (el Espíritu de Verdad).

Siguiente capítulo >

< Volver al Índice